Crimen del subcomisario: testigos complicaron al imputado

El joven imputado, Raúl Maripe Paillalef, cada vez más complicado por testigos. El juicio se traslaó a Pilcaniyeu.

Redacción

Por Redacción

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El perito José Argentino Jérez se tomó por lo menos dos minutos para leer con atención el expediente que le habían acercado. Tras un silencio prolongado, habló. El experto reconoció ante el Tribunal que el escrito reflejaba la pericia que había realizado durante la investigación del homicidio del subcomisario Aníbal Fabián Alonso. Su testimonio fue el hecho excluyente en la audiencia que se realizó ayer. El testigo fue convocado por el Fiscal de Cámara Enrique Sánchez Gavier y complicó la situación del imputado Jairo Raúl Maripe Paillalef.

El perito mecánico armero y balístico de la Policía de Río Negro explicó a los jueces Silvia Baquero Lazcano, César Lanfranchi y Héctor Leguizamón Pondal el funcionamiento del fusil que fue secuestrado y que portaba el joven imputado la noche que disparó contra el subcomisario.

Maripe Paillalef está acusado por el hecho que ocurrió alrededor de las 23 del 16 de abril del año pasado en Pilcaniyeu. Según la acusación fiscal, el subcomisario quiso interceptar en el ingreso a la localidad al joven que conducía un Renault 12. Como el imputado escapó, Alonso lo persiguió en una camioneta policial hasta el domicilio del joven.

Allí, ambos descendieron del vehículo y hubo un tiroteo. Maripe Paillalef disparó una vez y el subcomisario seis veces su arma reglamentaria.

El policía cayó herido de gravedad y el joven huyó en el vehículo. Alonso murió la madrugada del 17 de abril pasado en el hospital zonal por la importante pérdida de sangre que causó la herida. Maripe Paillalef fue detenido esa mañana en el campo de sus abuelos. En el baúl del Renault 12 hallaron una cierva cazada en forma furtiva.

Maripe Paillalef, de 22 años, está acusado del presunto delito de homicidio doblemente agravado por uso de arma de fuego y porque la víctima era policía. Arriesga una pena de prisión perpetua. La defensa intenta demostrar que actuó en legitima defensa. Hasta el momento, testigos aportaron visiones encontradas en cuanto a la secuencia de los disparos cuando declararon.

Ayer, Jerez aseguró que para que las vainas del arma reglamentaria con la que disparó el subcomisario hayan quedado en un radio de 50 centímetros tenía que estar cerca del piso. “No hay otra manera”, aseguró. La explicación la escucharon con atención el apoderado de la querella, el abogado Mario Altuna y el defensor oficial Juan Pablo Laurence.

Jerez dijo que un tirador parado, las vainas se desplazan a una distancia promedio de 2,5 metros. Señaló que el sonido del proyectil del fusil es mucho más potente que los que salen de un arma 9 milímetros.

Luego, Marta Torres declaró que la noche del 16 de abril de 2012 escuchó desde el domicilio de su hermano, ubicado a unas 3 ó 4 cuadras del lugar del hecho, una detonación fuerte primero y después varias detonaciones seguidas. Afirmó que no sabía que eran disparos y que se aproximó hasta el lugar donde observó al policía herido.

La mujer fue propuesta como testigo por la querella. El defensor se opuso porque advirtió que sorprende que aparezca después de un año. Pero el Tribunal aceptó que declare.

Después de las 16, los jueces, el fiscal, el defensor, el querellante, peritos y el imputado viajaron hasta Pilcaniyeu para realizar la inspección ocular en el lugar del hecho y tratar de despejar las dudas que hay en torno al caso.

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