Crimen en Villa Gesell: el alcohol y los jóvenes, hagámonos cargo



Por Dr. Jorge Luis Pellegrini (*)

En Villa Gesell, un joven de 19 años asesinado por una manada vuelve a mostrar la escena y los actores de una función demasiado conocida. El drama culmina y al caer el telón los espectadores reiteran lo esperado. Hace falta un villano responsable del asesinato.

Hoy le toca a un club de rugby, que emite mensajes poco creíbles de condolencia, sin tomar medida disciplinaria alguna; no hay pena ni castigo. Algún familiar trata de esconder a su hijo en la casa para preparar la impunidad, pero el resto le recuerda lo que es una manada: “un grupo de animales que se unen para satisfacer una necesidad grupal”. Y entonces, tras delatarlo, lo reincorporan al destino común.

El episodio es tratado como si fuera un estreno, olvidando que alcoholización, violencia, patotas, son ya un paisaje naturalizado, familiar, y demostrativo del desenlace al que se llega por el consumo excesivo. En una sociedad donde se empuja a consumir más allá de las posibilidades reales de cada uno.

Por eso también se estimula el agrupamiento, para que al perderse las individualidades se instale la competencia de quien “puede más”. Este es el encuentro estimulado: el que propicia la ingesta sin límites, con la permisividad social.

Los que organizan las rentables previas; los que lucran con boliches “custodiados por expertos”, los que presencian los asesinatos sin intervenir; los que azuzan; los que cobran; no están sólo en Villa Gesell: son parte de nosotros mismos, acostumbrados a negar lo evidente. Que el alcohol, la violencia social, los femicidios, las violaciones, ya están logrando que nuestros jóvenes se reúnan para tomar y constituirse en manadas. Esta coreografía incluye la “búsqueda” posterior de culpables (la familia, la escuela, los clubes, los medios, etc.) sin llegar nunca a aclarar lo que se desea seguir negando. Y ya vendrá otro episodio que tapará el anterior, engrosará la desmemoria, y garantizará la continuidad del consumo excesivo, sus ganancias y víctimas.

Cada 20 segundos muere un ser humano en el mundo producto de la ingesta de alcohol: casi la mitad de ellos tiene menos de 25 años. Escribo esto y me doy cuenta que quizás estas líneas no sean ni leídas ni recordadas. Estamos frente al principal problema de la Salud Pública argentina, y ése es el ámbito en el que debería librarse la batalla que dé cuenta de esta epidemia trágica, creciente y silenciada. Y digo silenciada, porque el modo estéril en que se trata cada episodio de esta saga siniestra sólo contribuye a sembrar la resignación, la desesperanza y el pesimismo.

Como sociedad debemos dejar de negar la existencia de paraísos donde el consumo ilimitado de sustancias termina con jóvenes – y no tan jóvenes – dependientes que todo lo pueden. Hasta matarte y matarse.

De la queja y condolencia hay que pasar a la habilitación de espacios de asistencia, acompañamiento, tratamiento y rehabilitación. Esta es una ENFERMEDAD MÉDICO-SOCIAL y como tal debe ser abordada. No es un problema moral de maldad, vicio, pecado. Y tampoco es algo “natural” o “familiar” como suele sernos presentado para que nos resignemos pasivamente a verlo seguir creciendo .

Este gigantesco negocio al contado tiene la ventaja de la inmediatez. La ingesta debe ser YA. Nadie compra su botella en cuotas. Y los beneficiarios de este lucro, sólo comparable por su monto al negocio de armas, cuentan a su favor con nuestra negación y re-negación del problema. Tener de clientes a los adolescentes garantiza un negocio de por vida.

No juremos que el episodio de Villa Gesell será el ultimo (ya ayer hubo otro) Comencemos a trabajar todos los días en exigir espacios de asistencia, acompañamiento y ayuda, que nos incluyan también a quienes sufrimos viviendo en una sociedad que oculta sus problemas más serios, y sigue permitiendo que se le ofrezcan nuestros jóvenes al alcohol.

Hagámonos cargo. Hagamos algo.

(*) Psiquiatra. San Luis. Premio Mundial por los DDHH en Psiquiatría, otorgado por la WPA (Asociación Mundial de Psiquiatría) 2005/2008.


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