Cristina Paredes Lenzi, promoción 1968 de maestras Normales
¡Hoy te despedimos con la emoción de saber que nos vimos hace tres años y fue tan hermoso como cuando cursábamos la escuela, en aquella juventud tan lejana y tan feliz! ¡Descansa en paz, querida Ayó!

Hablar sobre la muerte nunca es fácil y suele ser difícil cuando el fallecido es una persona allegada. Hace tres años festejamos las Bodas de Oro de nuestro egreso, y comenzamos la tarea de ubicar a nuestras ex compañeras a lo largo y ancho del territorio argentino para el reencuentro. Y la encontramos, y a Ayó, en Salta. Fue una concurrencia en la que hablamos de nuestras historias de vida, fue cerrar los ojos y remontarnos a aquel Neuquén y al Valle de la segunda mitad del Siglo XX.
El abuelo paterno de Cristina -José Enrique Paredes- era de origen español- nacido en Guatemala, vino al país muy joven, solo y se radicó en Puerto Belgrano, provincia de Buenos Aires. Trabajó en la Marina, en el mantenimiento de la Fragata Libertad, ya que era un excelente ebanista. Formó su familia con Leonarda Lenzi, siciliana, que había llegado al país con su familia cuando era una niña y se establecieron en el mismo lugar. Se conocieron, se casaron y tuvieron cinco hijos. El papá de Ayó, Juan Paredes Lenzi, fue el menor de todos ellos. En algún momento se mudaron a la ciudad de La Plata y allí permanecieron y permanecen los descendientes hasta la actualidad.
La mamá era hija de Ramón Echegaray, vascos, y de Ceferina Laborde, descendiente de franceses. Después de casados se radicaron en La Plata y formaron una familia también de cinco hijos, y su mamá, Carmen Ana María Echegaray, también fue la menor.
Juan era estudiante de Medicina cuando conoció a Carmen, que era vendedora en un comercio muy grande llamado Gath y Chaves. Cuando terminó la secundaria quiso estudiar música, pero su papá le dijo que con eso no iba a comer y entonces decidió no estudiar nada y, en cambio, trabajar. Cuando Juan se recibió de médico trabajó unos años en YPF, en Plaza Huincul; volvió a La Plata, abrió su consultorio, se casó con Carmen, tuvieron dos hijos: Ayó y un varón. Juan se había enamorado del sur y cuando su hija era pequeña emigró para esos pagos y eligió radicarse en Allen porque allí no había cirujanos.
En esta localidad rionegrina crecieron sus hijos, hicieron la escuela primaria y hasta tercer año del secundario en el Comercial Mariano Moreno. En ese momento Ayó decidió seguir Magisterio y terminó sus estudios en Neuquén. Ya recibida comenzó a ejercer la docencia y estudiaba Turismo en la Universidad del Neuquén, luego del Comahue.
El ejercicio de la docencia primaria duró pocos años. A mediados del primer año de universidad conoció a Víctor Marcón, geólogo ypefiano, y se efectivizó el traslado a Campamento Vespucio, en Salta. Ayó continuó estudiando inglés, que había iniciado en Neuquén, en la Cultural Argentino Británica. Un año después nació su hijo Pablo, que solo vivió 52 horas. Sus padres habían fallecido un poco antes “por lo que mi estado de ánimo era pésimo y me recomendaron que hiciera algo. Víctor me entusiasmó para que estudiara Geología y me embarqué en eso”.
Estaba en segundo año cuando nació Gustavo (43) y luego Federico (31), que les dieron varios nietos. Se recibió de Geóloga y siguió la carrera docente allí, en la Universidad Nacional de Salta, hasta que se jubiló como investigadora. Hoy la recordamos, partió hace unos días a otra vida, como dijo García Lorca “Si un día el camino, que venía liviano/ se te vuelve oscuro, y encima empinado/ buscá a tus amigos, tomales sus manos/ apóyate en ellos, para repecharlo/ (…) En los tiempos duros, encontrarás manos/ abiertas, tendidas, de amigos, de hermanos. /Ya para empujarte, ya para un abrazo/ y al fin de la cuesta, disfruta del llano”. O evoquemos a Barocela con su canción:” Hay tanta adolescencia apresurada y tanta juventud arrepentida/(…) Vuelvo a encontrar tu corazón amigo junto a las cosas que tocó tu vida” . ¡Hoy te despedimos con la emoción de saber que nos vimos hace tres años y fue tan hermoso como cuando cursábamos la escuela, en aquella juventud tan lejana y tan feliz! ¡Descansa en paz, querida Ayó!
Beatriz Carolina Chávez y las compañeras de la Promoción 1968.
Neuquén