“¿Cuál es el siguiente paso? ¿Pedir que prohíban el cruce al vecino país?”

Redacción

Por Redacción

Es imposible ser ajeno a la actual lamentable situación económica y social de nuestra querida Argentina, donde una economía estancada en toda su cadena productiva sólo genera división, egoísmo, frustración, desesperanza y sentimiento de desprotección ante una Justicia revelada como una ciega señora que sólo admite peso en la báscula del mejor postor. Estanqueidad económica, en un país que posee todo lo necesario para ser exitoso, y que sin embargo por su actitud cada vez se aleja más de un mundo globalizado, del cual no puede dejar de ser parte, por simple lógica existencial.

Pero esta carta no tiene el fin de seguir en la inútil actitud de “llorar sobre la leche derramada”, tan sólo espera plasmar un punto de vista, con el cual muchos nos sentimos identificados.

Como ejemplo de esta realidad, me gustaría mencionar que en estos últimos días he visto en muchos medios de comunicación una situación que me genera indignación, principalmente como argentino. La Cámara de Comercio de Villa La Angostura y San Carlos de Bariloche ha iniciado una literal cacería de brujas sobre quienes están viajando o propiciando el transporte al vecino país de Chile con fines de compras, tratando de “vende patrias” o “poco nacionalistas” a todos los que en transportes habilitados legalmente o en sus autos particulares trasladan sus consumos a este destino transandino impulsados por la realidad económica. ¿No es hora de abrir los ojos? ¿Qué tan fuerte debe golpear la realidad?

Señores comerciantes: los argentinos no viajan a Chile por que les gusta, ni por turismo, lo hacen porque su economía no les permite consumir en su país. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Pedir al gobierno que prohíba el cruce al vecino país? ¿No se dan cuenta de que quieren tapar el sol con un dedo? Ustedes son mayormente responsables de que este éxodo de consumo se produzca, porque el consumidor como el productor inicial no fija los precios, ni los porcentajes de ganancia de las largas cadenas de comercialización, ni tampoco las agobiantes tasas impositivas que no miden a todos con la misma vara. No planteamos que no haya costos fijos y variables, pero la pasividad de los eslabones medios de esta cadena perjudica a todos, primero a productor y consumidor y a corto o largo plazo a toda la cadena. En esta situación puntual el consumidor se ha manifestado y su mensaje ha sido claro.

Siempre que hablo con alguien de la actualidad estamos de acuerdo en que el mundo ha cambiado radicalmente, y que de la mano de una explosión comunicacional se nos han abierto los ojos de una manera que ya nunca nos permitirán cerrarlos ante una realidad que no es justa en sus reglas de juego. Y no estamos hablando de ideologías partidistas, que en su mayoría han quedado obsoletas justamente ante la realidad global, hablamos de realidad, donde la única solución es trabajar, y debemos comprometernos personalmente con nuestras metas. Este compromiso nos lleva a esforzarnos por los objetivos que nos fijemos como individuos o como sociedad, sin esperar soluciones mágicas, ni solidarias, responsabilizándonos de nuestras acertadas o erróneas decisiones. Porque nuestro principal objetivo debería ser lograr la igualdad de concreción de metas planeadas, es decir, si un obrero quiere mejorar su situación debe esforzarse y su esfuerzo rendirle frutos; si un empresario quiere expandirse debe esforzarse y arriesgarse, y esta actitud debe darle frutos también; y si un gobierno desea ser un buen administrador debe dar lo mejor de sí, demostrando que cada centavo de su gestión vale la pena. En pocas palabras, trabajar, como el pequeño productor o el obrero. Y si quiero más, trabajar más, porque mejores precios son más ventas, mayor consumo y producción, que no son ni más ni menos que mayores fuentes de trabajo; porque el mundo cambia y sigue en movimiento, y es inútil resistirse porque en menor o mayor proporción todos somos responsables de él.

Rubén M. Prada

DNI 18.369.152

Rubén M. Prada

DNI 18.369.152


Es imposible ser ajeno a la actual lamentable situación económica y social de nuestra querida Argentina, donde una economía estancada en toda su cadena productiva sólo genera división, egoísmo, frustración, desesperanza y sentimiento de desprotección ante una Justicia revelada como una ciega señora que sólo admite peso en la báscula del mejor postor. Estanqueidad económica, en un país que posee todo lo necesario para ser exitoso, y que sin embargo por su actitud cada vez se aleja más de un mundo globalizado, del cual no puede dejar de ser parte, por simple lógica existencial.

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