Feria del Libro: postales de un encuentro que espera el milagro del fin de semana

Hay menos gente, pero no menos diversidad. En la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires conviven mundos que se unen en un objetivo común: la lectura.

¿Quiénes son los lectores? ¿Todos los que vienen a la 48° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires? ¿Los que esperan, bajo el sol tibio del otoño, afuera, a que se abran las puertas?¿Las mujeres que hacen una larguísima cola, libro en mano, esperando que la pastora Yesenia Then, que antes llenó la sala más grande del predio, les firme «Lo que Dios escribió en tí»? ¿Los que van al diálogo con escritores «¿Ya no hay hombres o ya no queremos más hombres?: el dilema de las nuevas masculinidades?» ¿Los que buscan ofertas de 3 x 5 mil?, ¿los que no pueden comprar? ¿Los que se sacan fotos con los autores y conductores de radio que conducen sus programas desde la Rural?¿Los que se sientan a escuchar una charla o cuentos leídos en voz alta? Hay menos visitantes en la Feria. Pero no menos diversidad. Quizás el lector, los lectores, se forme entre todos ellos.

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El Pabellón Ocre es el que marca el ingreso por Plaza Italia, el más popular de los ingresos a la Feria del Libro. Luce tan vacío que se puede contar fácilmente la cantidad de stands: son 39. Está despoblado. Aquí es donde se esperaba el stand de Cultura de Nación que este año por primera vez en la historia de la Feria no está. Aquí es donde habitualmente estaban los stands de las 23 provincias argentinas. Esta vez, sólo 9 asistieron al encuentro. La Patagonia está representada por un pequeño stand que reúne a Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, ya pocos metros, uno más amplio, el de La Pampa. No hay nada de las provincias del medio (ni Río Negro, ni Neuquén, ni Chubut), como si todo fuera puro desierto. «El año pasado manejábamos espacios de 50 metros cuadrados; el de este año es de 20: un maxi kiosco parece», dice el encargado de Tierra del Fuego. A él y a su compañera de stand les gustan las metáforas: «Me impresionó cuando entré y vi los pasillos tan vacíos de gente: parecía una avenida doble de Panamericana», dice ella, que acaba de gastarse siete mil pesos en un pancho y una botella de agua. «Pero estamos, que es lo importante», coinciden.

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Este fin de semana es clave para la 48° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Es el fin de semana en el que se espera la gran remontada: de gente y de ventas. Los libreros y expositores sacan cuentas, calculan que buena parte de los argentinos debe haber cobrado, que hay alguna chance de vender más, de revertir esa cifra del 30% menos de ventas.

Este fin de semana, además, el viernes y el sábado, es el día de los representantes de las bibliotecas populares de todo el país, que comprarán libros en la 19° edición del Programa Libro %. De las 1.200 bibliotecas que vinieron el año pasado, este 2024 hay 750 que usarán los aportes que les dio el Gobierno Nacional para comprar libros y llevarlos a sus respectivos lugares, con el 50% de descuento en los 220 stands adheridos. Según información del gobierno nacional en su propia página web, «el subsidio financiará la asistencia de 1 representante de cada biblioteca popular. Se estima un monto de $600.000 aproximadamente por biblioteca para la compra de libros». Restando el descuento del 50% al precio promedio de los libros, cada Biblioteca podrá llevarse unos 80 libros.

Maria Luján, de la Biblioteca Bernardino Rivadavia, de un pueblito de Santa Fé decidió achicar los gastos al máximo para hacer rendir más ese dinero. Viajó de noche y se vuelve el mismo día, después de hacer la compra. «Nuestra localidad es muy pequeña, así que no podemos recaudar fondos; vine sólo con lo que nos da Conabip a comprar los libros que pidieron los socios. La gente espera el libro que encargó, y poder cumplir eso es una alegría para nosotros. Pero la inflación se nota: este año, pudimos comprar mucho menos. Antes comprábamos 150 libros, y ahora la mitad. Antes las provincias colaboraban, ahora no».

Las colas de los representantes de las Bibliotecas, que participan del programa de Conabip para llevar novedades a sus respectivos lugares.

Desde el viernes temprano, entonces, pasean changuito en mano por los stands, buscando novedades, pero sobre todo ofertas para poder llevar más textos a esos espacios que, en muchos casos, ofrecen la primera o única posibilidad de lectura. Eso, las que vinieron. La Biblioteca Popular Roca, por ejemplo, que cumplió 88 años el martes pasado, quedó afuera.

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En el pabellón Rojo está la sala más grande de toda la Feria, la Sala José Hernández, el lugar en el que se presentó el recientemente fallecido escritor Paul Auster, cuando vino en 2018; el espacio que llenó el español Arturo Pérez Reverte el año pasado, el que explotó de gente, en 2022, cuando Javier Milei presentó «El camino del libertario» junto a su entonces amiga Viviana Canosa. El jueves, una enorme cola sobre todo de mujeres, libro en mano, esperaba entrar para escuchar a la dominicana Yesenia Then. Las mismas mujeres que, una vez concluida la charla, se movieron en masa hasta el stand en el que la fundadora y Pastora principal del Ministerio Internacional Soplo de Vida, firmó libros. La cola significó una hora y media de espera. Pero a ninguna parecía importarles: «Estamos en la Feria del libro, uno de los lugares más importantes del mundo,y fijate lo que ella causa. Yesenia es increíble. Estoy emocionada», decía una mujer, pura sonrisa, abrazada a su libro, que se vino desde Berazategui, en el conurbano bonaerense a encontrarse con la pastora. No es la única que tomó más de un colectivo para verla. Dicen que la conocieron por las redes sociales, y que van donde ella vaya. Giselle, por ejemplo, que tiene 20 años, ya la vio en el Luna Park y abre los ojos enormes para citar sus frases favoritas: «Dios tiene un propósito para cada persona. Podés tener fama, dinero, una familia estable, pero si no tenés a Dios, no tenés nada». Todos los están en la cola, enorme, larguísima, tienen un ejemplar de «Lo que Dios escribió en tí». Les costó $21.000 gracias al descuento que obtuvieron con la entrada a la Feria, y esperan llevarse la firma incluída.

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Un piso más arriba, en una sala muchísimo más discreta pero igual de llena, jóvenes, hombres y mujeres esperan ingresar a la charla sobre masculinidades que reúne a Federico Jeanmaire, Enzo Maqueira y Lucho Fabbri dentro del ciclo Diálogo de Escritoras y Escritores de Argentina. Es efectivamente un diálogo divertido, lleno de anécdotas, opiniones diversas. La gente se engancha, pregunta, aplaude. Y muchos se quedan en la sala para disfrutar, como en un enganchado de temas, las otras dos mesas: «Nuevas variantes del relato autobiográfico», y más tarde todavía «La insistencia de lo político en la ficción», en la que estuvo Claudia Piñeiro.

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Hay muchas escuelas de visita, también familias con nenes chiquitos y hay muchas actividades para hacer con ellos. Talleres para armar muñecos quitapenas; la posibilidad de sentarse a oír cuentos, de pintar, de tener un primer, o un décimo contacto con los libros.

Foto Enrique Garcia Medina

Laura Forni, editora, librera, secretaria de la Cámara de Libreros Independientes (Cali), atiende el stand Click Federal, trata de ver el medio vaso lleno. Sabe que hay menos gente, pero que el interés por los libros se mantiene. «Sabemos que este es un lugar de encuentro, de difusión. Muchas editoriales pequeñas logramos juntarnos. Sabemos que viene gente de otros países o de provincias y aunque no se venda tanto, tratamos de ser optimistas porque en medio de este contexto, lo que nos queda es eso: el encuentro, la difusión. Hay un libro muy hermoso, por el que están consultando y hasta comprando que se llama «Esa tal crisis» y que cuenta, en la voz de una nena de 5 años, cómo vivió la crisis del 2001. Y la verdad es que es hermoso porque va contando lo que ve: que no entiende por qué el papá está más tiempo en la casa, por qué se quedó sin trabajo, por qué van a una fábrica y se quedan ahí, y termina apuntando a la solidaridad a las ollas populares. Ese es el espíritu que resume lo que sentimos: el del encuentro y la solidaridad».

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La Feria tiene actividades hasta las 21:30. Es una maratón que admite recreos para tomar un café ($2.400) o comer en los variados stands de comida. Adentro y afuera de los pabellones, varias radios porteñas han instalado sus emisoras. A la misma hora, están los que quieren sacarse fotos frente al ventanal en el que se ve a Eduardo Feinman conduciendo «Alguien tiene que decirlo», por Radio Mitre, y los que que saludan a Alejandro Bercovich que está al micrófono de «Pasaron cosas», de Radio con vos.

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Hay sol, pero hace frío en Buenos Aires. En la puerta de la Rural, un hombre canta un tango. Otro vende gorras que le quedaron de la Marcha universitaria a 4.000 pesos: «La UBA no se vende». La gente va y viene. Esperan que el semáforo cambie de color para cruzar la calle, para entrar a la Feria, o irse.


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