“De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”
El Sr. Sosa reclama en su carta publicada en esta sección el 23 de octubre decisiones políticas –no intenciones políticas– que definitivamente reactiven el servicio ferroviario en toda la geografía del país. Se lamenta de que las autoridades tercericen las tareas y se limiten a la compra de materiales (vagones y locomotoras) obsoletos y a la reparación de algún terraplén pero no tomen la decisión de invertir en la reactivación definitiva del tren. Voces como la suya se hacen sentir periódicamente. En el Valle hay una agrupación que promueve un servicio ferroviario tipo tramway que recorra las localidades con frecuencias que permitan el traslado entre ciudades y alivianen las rutas de vehículos. Pertenezco con orgullo y nostalgia a las generaciones que pudieron disfrutar el valor del tren en su total magnitud. Mis mejores recuerdos anidan en las madrugadas de verano… en Buenos Aires todavía de noche salíamos de casa con los bultos, tomábamos el tranvía hasta Primera Junta, de allí el subte a Retiro y subíamos al tren que partía hacia el norte a casa de una tía cuando recién el sol pegaba de frente –rojo de amanecer– ; a medianoche, Córdoba, el rumor en la estación cuando soltaban vagones y cambiaban la locomotora… Cuando con mi esposo supimos que el tren moría hicimos desde Cipolletti un memorable viaje en coche dormitorio hasta Buenos Aires para que nuestras hijas participaran de esa experiencia única. Pero, señores, los tiempos (lamento informarles) han cambiado. No hay vía nueva, terraplén reparado ni tránsito “a paso de hombre” que valga. ¡Claro que es imprescindible que se tome al servicio ferroviario en serio! Un solo tren ¿cuántos micros y camiones elimina de las rutas? ¿Cuántos accidentes se evitan? ¿Cuánta contaminación? Claro que es cuestión de toma de decisiones. Pero no es suficiente la compra de maquinarias, la reparación de vías ni la instauración de una frecuencia diaria, ¡por favor! En aquellos otros tiempos el principal gremio era alguno de la industria, como el metalúrgico; hoy es de servicios: el de camioneros. Habrá que convencerlos de que no desaparecerán sino que serán reabsorbidos por el de los ferroviarios. En aquellos otros tiempos las rutas eran relativamente nuevas y el parque automotor relativamente reducido. Hoy la obsolescencia de las rutas y la proliferación de autos provocan accidentes graves casi a diario. ¿Alguien pensó qué va a suceder cuando esos tres factores (rutas, autos, trenes) confluyan en cualquier paso a nivel, en las ciudades o en pleno campo, de día y de noche? No hace mucho tuvimos dos botones de muestra bastante graves (uno en el porteño barrio de Flores, el otro en la provincia Buenos Aires). Hoy, mientras reviso estas notas escucho hablar de otro accidente en pleno Puerto Madero con la participación de un bus turístico. Multipliquemos estos hechos por las frecuencias del ferrocarril de modo exponencial y tendremos un dato. Cada tarde en Cipolletti nos detenemos frente a las vías viendo pasar, ir y volver a pasar una interminable formación que provoca enojo y bocinazos (¡bocinazos al tren!). Junto a las vías, un autito con gente del ferrocarril. ¿Es que se piensa que en cada paso a nivel se va a instalar uno de esos vehículos, de noche y de día, para evitar accidentes, todo a lo largo del Valle y en pleno campo también? Desde mi lugar de ciudadana de a pie solicito a quienes están embarcados en el resurgimiento del ferrocarril (que repito, es imprescindible) que abran la mente y entiendan que éste exige una infraestructura previa (puentes, pasos bajo o sobre nivel, etcétera) sin la cual la seguridad de personas y bienes corre gravísimo peligro. Mercedes Liliana Pinto LC 6.669.209 Cipolletti
El Sr. Sosa reclama en su carta publicada en esta sección el 23 de octubre decisiones políticas –no intenciones políticas– que definitivamente reactiven el servicio ferroviario en toda la geografía del país. Se lamenta de que las autoridades tercericen las tareas y se limiten a la compra de materiales (vagones y locomotoras) obsoletos y a la reparación de algún terraplén pero no tomen la decisión de invertir en la reactivación definitiva del tren. Voces como la suya se hacen sentir periódicamente. En el Valle hay una agrupación que promueve un servicio ferroviario tipo tramway que recorra las localidades con frecuencias que permitan el traslado entre ciudades y alivianen las rutas de vehículos. Pertenezco con orgullo y nostalgia a las generaciones que pudieron disfrutar el valor del tren en su total magnitud. Mis mejores recuerdos anidan en las madrugadas de verano... en Buenos Aires todavía de noche salíamos de casa con los bultos, tomábamos el tranvía hasta Primera Junta, de allí el subte a Retiro y subíamos al tren que partía hacia el norte a casa de una tía cuando recién el sol pegaba de frente –rojo de amanecer– ; a medianoche, Córdoba, el rumor en la estación cuando soltaban vagones y cambiaban la locomotora... Cuando con mi esposo supimos que el tren moría hicimos desde Cipolletti un memorable viaje en coche dormitorio hasta Buenos Aires para que nuestras hijas participaran de esa experiencia única. Pero, señores, los tiempos (lamento informarles) han cambiado. No hay vía nueva, terraplén reparado ni tránsito “a paso de hombre” que valga. ¡Claro que es imprescindible que se tome al servicio ferroviario en serio! Un solo tren ¿cuántos micros y camiones elimina de las rutas? ¿Cuántos accidentes se evitan? ¿Cuánta contaminación? Claro que es cuestión de toma de decisiones. Pero no es suficiente la compra de maquinarias, la reparación de vías ni la instauración de una frecuencia diaria, ¡por favor! En aquellos otros tiempos el principal gremio era alguno de la industria, como el metalúrgico; hoy es de servicios: el de camioneros. Habrá que convencerlos de que no desaparecerán sino que serán reabsorbidos por el de los ferroviarios. En aquellos otros tiempos las rutas eran relativamente nuevas y el parque automotor relativamente reducido. Hoy la obsolescencia de las rutas y la proliferación de autos provocan accidentes graves casi a diario. ¿Alguien pensó qué va a suceder cuando esos tres factores (rutas, autos, trenes) confluyan en cualquier paso a nivel, en las ciudades o en pleno campo, de día y de noche? No hace mucho tuvimos dos botones de muestra bastante graves (uno en el porteño barrio de Flores, el otro en la provincia Buenos Aires). Hoy, mientras reviso estas notas escucho hablar de otro accidente en pleno Puerto Madero con la participación de un bus turístico. Multipliquemos estos hechos por las frecuencias del ferrocarril de modo exponencial y tendremos un dato. Cada tarde en Cipolletti nos detenemos frente a las vías viendo pasar, ir y volver a pasar una interminable formación que provoca enojo y bocinazos (¡bocinazos al tren!). Junto a las vías, un autito con gente del ferrocarril. ¿Es que se piensa que en cada paso a nivel se va a instalar uno de esos vehículos, de noche y de día, para evitar accidentes, todo a lo largo del Valle y en pleno campo también? Desde mi lugar de ciudadana de a pie solicito a quienes están embarcados en el resurgimiento del ferrocarril (que repito, es imprescindible) que abran la mente y entiendan que éste exige una infraestructura previa (puentes, pasos bajo o sobre nivel, etcétera) sin la cual la seguridad de personas y bienes corre gravísimo peligro. Mercedes Liliana Pinto LC 6.669.209 Cipolletti
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