De corceles y de aceros

Redacción

Por Redacción

Análisis

Como en aquella madrugada de un 3 de febrero de hace dos siglos, en un convento junto al Paraná, hay ruidos de corceles y de aceros en la también antigua Unión Cívica Radical. El acuerdo logrado con Mauricio Macri dislocó nervios en una franja importante de las huestes de Alem.

Pero el pacto se sostiene desde una sólida legitimidad: lo decidió la Convención Nacional del partido. Esa institución que es una liturgia de larga data en la vida radical. Y que nació cuando todavía la balacera de la Revolución del Parque (1890), cuna de esta tienda política, se disipaba lentamente.

La Convención Nacional siempre tuvo un poder desigual en las decisiones del partido. Una carpa donde a lo largo de casi 120 años siempre primaron los personalismos y los arreglos entre esos personalismos.

Pero el sábado, la UCR tuvo su Convención. Y ganó el acuerdo. Y si bien vale el clásico ¡andá a cantarle a Gardel! para encuadrar quejas y enojos de los correligionarios disidentes, no es menos cierto que la resistencia está.

Veamos:

• Caso Julio Cobos. Perdió. Quería un acuerdo más amplio. Involucrar a Sergio Massa y sus legiones, hoy en riesgo de deshilacharse. Con dejos de elegancia, el mendocino aguantó primero el mazazo que le dedicó la Convención. “Vamos a luchar para que el candidato radical a presidente (Ernesto Sanz, arquitecto por el partido del acuerdo) le gane a Mauricio Macri. Y le vamos a ganar”, machacó. Pero esta semana mudó de discurso. Lo colocó en línea de lo más fiero para la política en términos de advertencias. “Como está el panorama, gana Macri”, sentenció ante cámaras el miércoles. Ergo: si esto sucede, la culpa la tendrán Sanz y los convencionales que lo apoyaron. Yo, argentino.

• Caso Ricardo Alfonsín. Alentó el retorno del partido a una cultura anclada en la historia del partido: ir solos a las presidenciales. No alcanzaría, claro. Pero serviría para colocar al radicalismo en escena y templarse como en los tiempos del “régimen falaz y descreído”. Pero ganó la Convención de Paraná. Y hoy, del piso de Santa Fe al 1700 en que tiene su centro de operaciones Ricardo, caen rayos y centellas sobre la avenida. Coincide con Julio Cobos en que el Pro les gana las PASO. Pero aprieta mandíbulas. No habla, por ahora al menos, de las diferencias ideológicas que siempre blandió para oponerse a un acuerdo con Macro. Y hoy, Alfonsín júnior dosifica sus reflexiones. Habla por boca de sus alfiles. Un caso: el entrerriano Fabián Rogel, diputado nacional. “Macri es Menem”, grita girando a modo de rosa de los vientos. Y se encarga de traer al presente la antología que templó al radicalismo en tiempos en que se evapora. Entonces habla del “El régimen”, “La causa”, “Que se rompa pero no se doble”. Folclores varios.

• Caso Nito Artaza. Se alejó del dime y direte de la Convención antes de que ésta se plasmara. De la máxima dirigencia radical con rango institucional -es senador nacional-, es el único que clava la ideología para rechazar el acuerdo con Macri. Luego, con entusiasmo, revolea acusaciones. No habla de “traiciones”. Simplemente, que Macri “alquiló al radicalismo”.

En fin, el partido de la “mística creadora”, como lo definió Gabriel Del Mazo: quizá no se quiebre, pero está algo destartalado…

Carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

Carlos Torrengo


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