“De estrategias partidarias y construcciones políticas”

Por Redacción

Cada cuatro años, y últimamente cada menos tiempo, la política neuquina se tensiona por el tipo de relaciones que esta próspera provincia debe tener con el gobierno nacional de turno. Así, las alianzas de los partidos locales con partidos o frentes políticos del orden nacional en pos de ganar cualquier elección se convierten en un intento por polarizar el escenario, etiquetando a los candidatos no siempre con la misma suerte. El fenómeno no es nuevo y por la experiencia de aliarse al partido que actualmente gobierna a nivel nacional –el Frente para la Victoria– pasaron candidatos hoy tan disímiles como Horacio “Pechi” Quiroga en el 2007, Martín Farizano en el 2011 y Ramón Rioseco que por estas horas intenta, como sus antecesores, ganar desde este sector la próxima elección a gobernador. Esto, dicho al pasar, merece una reflexión, puesto que es curiosa la suerte del Frente para la Victoria a nivel local por tratarse de un partido que en otras provincias supo ganar ampliamente demostrando su propia fuerza. Hasta su archienemigo “Clarín” en el 2011 tituló “Cristina arrasó con el 54% y el kirchnerismo recuperó el control del Congreso”. Pero nada de esta potencia electoral pudo vivirse hasta ahora en la política neuquina. Incluso, si analizamos con mayor detalle, en los últimos siete años el Frente para la Victoria nunca pudo ungir un dirigente propio como candidato a gobernador, valiéndose de frágiles acuerdos con otros partidos (como por ejemplo la UCR o el Frente y la Participación Neuquina) para nada más ni nada menos que encabezar a nivel local la fórmula más importante a la que puede aspirar cualquier ciudadano con vocación política y militancia partidaria peronista. Muchas pueden ser las causas de este aparente desfase de poder electoral para un mismo partido. Entre ellas, algunos estudiosos señalan que tal vez el problema radique justamente en los mismísimos acuerdos que hizo el Frente para la Victoria con otros partidos, eludiendo el sano proceso de las internas partidarias. Internas que otro partido provincial ya incorporó desde hace muchos años, prácticamente sin la necesidad de que ninguna ley se lo exija, pero con la firme convicción de que la interna es una democrática manera de fraguar las representaciones de los futuros candidatos. Así es como, por estas horas, no es lo mismo enfrentar elecciones después de internas en las que participaron más de 100.000 votantes, que enfrentarlas luego de definiciones hechas dentro de cúpulas partidarias, generalmente en Buenos Aires y a puertas cerradas. Lógicamente, los resultados el próximo 26 de abril demostrarán cuál estrategia de selección de candidatos (algo a lo que la ciencia política ha dedicado ríos de tinta) fue la mejor: si la interna participativa o el acuerdo cerrado. Y con esto quiero dejar de manifiesto que, como formas de resolver semejante cuestión, ambas son posibles y muy utilizadas en el mundo. De hecho las autoridades partidarias tienen el mandato y el poder de decidir estas cuestiones. Sólo que, a la vez, también debemos señalar que una de estas estrategias electorales es la más recomendable porque abre el juego y las estructuras políticas en un mundo hiperconectado donde la ciudadanía pide más participación y los partidos políticos viven una crisis de representación muy profunda por no tener la agilidad para poder representar, como lo hacían antes (recordemos que el partido político es un invento de otra época, en la que las personas no podían comunicarse vía Twitter con la presidenta, por ejemplo). Dicho así parece que son las internas, entre otras cuestiones, las que de aquí en más definirán la vida o extinción de un partido en el escenario político nacional o provincial. Un dato que ratifica este punto es la sanción en el 2009 de la ley por la que se implementan las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias a nivel nacional (las PASO): sencillamente si las internas no garantizaran el futuro de la vida partidaria, si no fueran una plena manifestación de la ciudadanía, tal vez no merecerían una ley del orden nacional. Reflexionemos. A esta altura parece paradójico que un partido que todavía guarda cierto poder a nivel nacional se valga de candidatos prestados a nivel provincial y condicione así, en caso de ganar la elección, la futura gobernabilidad. En otras palabras, ¿qué capacidad tendría para fijar la agenda de desarrollo provincial un gobernador que llega al poder con una estructura partidaria prestada? ¿No corre el riesgo de quedar entrampado entre los ajenos intereses de los que se valió para ganar? ¿Dónde queda la participación (nombre con el que algunos bautizan a sus propios partidos) si eluden las internas en favor de otro tipo de acuerdos? ¿Cómo se explica a los dirigentes locales que construyen sus candidaturas, a los afiliados y a los simpatizantes este doble estándar que significa que a nivel nacional se impulsan las PASO pero a nivel provincial se eluden las internas? Muchos analistas señalan los peligros que encierran estos interrogantes. Mario Flores Monje, DNI 28.789.220 Candidato a diputado – Cupo Joven MPN Neuquén

Mario Flores Monje, DNI 28.789.220 Candidato a diputado – Cupo Joven MPN Neuquén