De gobernadores en cuatro ruedas hasta Fangio
A los viajes inaugurales en automóvil por los territorios australes siguieron récords y competencias. A la vez sirvieron para reducir los abusos de autoridad, controlar a los funcionarios, mejorar su eficacia y salvar vidas.
or qué analizar las pioneras giras en automóvil de 1912 y 1913 por esta Patagonia tan lejos de la Casa Rosada donde se decidía o se dejaba a la buena de Dios el destino de los territorios nacionales? ¿Por qué fue importante que los propios gobernadores protagonizaran aquellos primeros viajes memorables?
Comprobaron que aparecer de súbito en parajes lejanos atenuaba la tentación de jueces de paz, policías y funcionarios de bosques, postales y telegráficos, de encubrirse en la distancia para abusar de su autoridad, transgredir y hasta apropiarse de lo ajeno.
Salvo el telégrafo en los cuatro territorios patagónicos y el tren a Neuquén del FC Sud, Río Negro, Chubut y Santa Cruz dependían del esporádico servicio de vapores. Pero, aún desde Neuquén, recorrer el territorio demandaba a los gobernadores un esfuerzo titánico. La gira equivalía a zangoloteos en carruajes, galopes mortificantes y pernoctes indeseables o bajo las estrellas.
El automóvil en la Patagonia fue -más que en cualquier otra región- el transporte del progreso. Trasladaría a jueces y policías y evacuaría heridos graves. El 11 de agosto de 1903 bajó un bote por Paso Limay (LP del 12) con «un colono que estaba en Nahuel Huapi cortando maderas y se le cayó sobre una pierna un trozo de aquéllas fracturándosela. A fines de agosto de 1904 el médico de la gobernación de Río Negro Dr. Hildelmann llegó desde Valcheta en carruaje al puerto San Antonio asistiendo al comisario Costa -tajeado en la cara- hasta la partida del vapor Columbus a Buenos Aires (viajó con el empleado Malatti de Peirano Hnos., con tibia y peroné izquierdos fracturados por una carga caída del vapor Risorgimento). El texano Jarred Jones de Nahuel Huapi disimulaba con elegancia ser rengo desde su accidente de a caballo en Pulmarí y quebradura que l obligó cruzar a Chile y muchas penurias, pero se salvó de la amputación. Peor le fue al cacique Cayoulet quien sobrevivió con sólo una pierna (El Tiempo del 17/6/1905).
En el Alto Valle el ferrocarril anticipó ventajas para evacuar heridos graves hacia Bahía Blanca, como el 14 de agosto de 1901en Roca, cuando fue baleado en la boca y en una pierna Manuel Muñoz por su dependiente Guillermo J. Miró.
Un accidentado historial
No existía aún la línea férrea entre Patagones y Bahía Blanca, ni automóviles que llegaran a Bahía cuando enfermó Rómulo Sarmiento, secretario de Río Negro y ex gobernador interino en el verano de 1905. El 27 de febrero el gobernador Eugenio Tello elevó una nota al ministro del Interior informándole que ese día vencía la licencia dada por Sarmiento, pero que el vapor a Buenos Aires «recién cruzó la barra del río Negro el 26 de enero…» y que el funcionario «no ha regresado ni podrá regresar pronto por grave enfermedad que ha contraído a causa de la que ha habido necesidad de amputarle l pierna derecha» (Expte. 1.166, año 1905 – Mº del Interior – Archivo General de la Nación).
Hay que recordar que el gobernador del Chubut Dr. Luis J. Ruiz Guiñazú (designado por decreto del 1° de julio de 1912) llegó en automóvil al Nahuel Huapi el 8 de enero de 1913 con un problema en una pierna que lo obligó a seguir a Chile. Como lo acompañaba el director de Territorios del Mº del Interior, juntos valoraron la navegación en pequeños vapores o lanchas motorizadas, ineludible en la travesía por el paso Pérez Rosales para alcanzar el ferrocarril chileno en Puerto Varas o los vapores del Pacífico en Puerto Montt.
El mismo chofer del viaje pionero de Rawson al Nahuel Huapi, ya había llevado en marzo del año anterior hasta el Valle de las Plumas, al jefe de policía del territorio (An
tonio Lopresti). Recogió al antecesor de Ruiz Guiñazú, el gobernador Alejandro Maíz y al jefe de la fronteriza Mateo Gebhard, exultante porque «en la cordillera reina ahora completa tranquilidad» (LP martes 2/4/1012), aunque se le acababan de escapar varios presos, marcharía a Buenos Ares en el primer vapor y volvería a dar otra batida. En ese invierno, en los pasillos ministeriales Gebhard tropezaría con Guido Jacobacci y Bailey Willis, también en gestiones en la capital argentina horadada con el subterráneo en construcción y las primeras demoliciones para abrir la Diagonal Sur.
Para setiembre, el editorial del miércoles 4 que la sección Territorios Nacionales de La Prensa tituló «Las autoridades y los medios de movilidad», convalidó el plan del Ministerio del Interior sobre el uso de automóviles «en los casos de averiguaciones o investigaciones policiales…» algo notoriamente más expeditivo «que el caballo». Habían llegado los tiempos motorizados.
Está demostrado que entre 1900 y 1904 las embarcaciones de porte medio y movidas a caldera, precedieron a los motores en los lagos Nahuel Huapi y Lácar, pero los mecanismos a combustión naftera de los automóviles pioneros, rápidamente alcanzaron a la navegación fluvial y lacustre.
Los récords fueron el estímulo para formar mecánicos ingeniosos y expertos en soldadura y que también harían vulcanización de neumáticos. A fines de la década de los años '20 en Bariloche ya hacía esas maravillas Juan Frattini que, con un plantel de autos descapotables Hudson, transportaba pasajeros desde punta de rieles del FC del Estado hasta Bariloche. Par 1931 también lo hacía J. C. R. Bresler (de la notoria familia Bóer), que además era delegado del Touring Club, agente Ford y corresponsal de La Razón. Simultáneamente ofrecían el mismo servicio automotor, Reynaldo B. Knapp, Ubaldo Mapelli, Baur Hnos. y Roberto Lamuniere.
El «indio rubio de Zapala»
Entreverado en menesteres mecánicos estuvo también el industrioso pionero chubutense Ervedo Rossi que se casó en 1907 con la nativa de Junín de los Andes Ana Rosa Poblete e instalaron su hogar en Esquel. Allí tuvieron 16 hijos (el 7º varón apadrinado por el presidente Marcelo Torcuato de Alvear), varios negocios y primitivos autos y camiones. Sus hijos, Luis y Juan Rossi, fueron competidores en el automovilismo regional de los años '30. Otro notorio patagónico de la mecánica y las competencias fue Héctor «Pocholín» Paredes, de gran actuación en el Gran Premio del Sud de 1938 (entrevistado en 1974 por quien esto escribe por otros temas patagónicos).
Carlos Hackett, el «mánager» de las estancias inglesas con escritorio en Leleque, fue de los primeros adherentes al fenómeno transportador motorizado, después que lo hiciera el texano Jarred Jones de Nahuel Huapi, como en Santa Cruz lo hizo el pionero Andreas Madsen al pie del Fitz Roy. Pero quizá haya que resaltar la figura de Arturo Kruuse que sobresalió en el viejo automovilismo deportivo y se formó en Catan Lil a donde llegó adolescente en 1911 y comandó la estancia Los Remolinos (según Celia Zingoni en su libro «Sucedió en Catan Lil») a partir de 1923. Fue ganador del Gran Premio Internacional de Carretera de 1935 y se lo bautizó «el indio rubio de Zapala» donde ya residía en esa época de triunfos y en donde al volante y con su esposa, los arrolló un camión. Así murió el 11 de octubre de 1976, a los 79 años. Se había codeado con las grandes figuras, con Marimón, los Gálvez y con Juan Manuel Fangio.
Fue a través de Kruuse que los caminos por los cuales los gobernadores se abrieron paso en máquinas infernales, pasaron a integrar los grandes premios del llamado «turismo de carretera». Un Fangio joven ya era gran figura cuando posó con sus admiradores «tuercas» de Bariloche para una foto tras una tumultuosa cena junto al lago.
De retrotraer las historias al año 13 y al encuentro de los gobernadores de Neuquén y Chubut más el Director de Territorios, frustrado en Bariloche, pero enseguida reunido en Puerto Varas, el necesario cruce cordillerano entre lagos y montañas conmovió tanto a esos funcionarios como el hombre clave en esa travesía chilena y con sede en Peulla: Ricardo Roth. Valdrá la pena rescatar ambos temas, no sólo por aportar historias de un trayecto que se actualiza con propuestas de mejoramiento vehicular, sino porque Roth, allí pionero, no era chileno sino argentino nacido en San Nicolás en 1883, el mismo que acompañó al Club Andino Bariloche desde sus días iniciales.
(Continuará)
fnjuarez@sion.com
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