Naufragios en costas rionegrinas: la tragedia del “Namuncurá”

29 jun 2018 - 00:00

Autorizado por un lapso de cinco días el “Namuncurá” había zarpado hacia la zona de pesca un 25 de octubre de 1989.

Reseñando las tragedias el escritor Héctor Izco mencionaría al respecto que “el mar, nuestro golfo, se cobraría nuevos tributos, en el que no dudo en calificar como el hecho más doloroso ocurrido en nuestra zona.

El barco pesquero ‘Namuncurá’, basado en nuestro puerto, de 27 metros de eslora, con un motor diesel pesado de 620 HP y 10 tripulantes, sería protagonista de esta nueva tragedia”.

Al no haber regresado en el plazo estipulado y sin haberse efectuado las comunicaciones de rigor, el pesquero fue declarado en emergencia disponiéndose su búsqueda inmediata.

Según se narra en el boletín “Rescatando ayeres” de la Comisión Municipal de Asuntos Históricos de San Antonio Oeste, “El patrón del buque pesquero San Cayetano, Atilio Pedro Baluczynski, habría manifestado que escuchó la puesta en emergencia del ‘Namuncurá’ informando a Subprefectura que recepcionaba por una frecuencia señales de emergencia que procedían del sector norte, poniendo rumbo de su buque hacia ese lugar, encontrándose infaustamente el 31 de octubre con el ‘Namuncurá’ siniestrado y al garete”.

“Posteriormente de las declaraciones de algunos de los sobrevivientes se supo que siendo las 18 horas del 25 de octubre el motorista Antonio Radovcic salió de la sala de máquinas con la ropa envuelta en llamas y detrás de él una intensa bola de fuego que ingresó a la cocina, comedor y puente de mando, quedando todos los alojamientos interiores envueltos en el fuego. Los tripulantes sorprendidos no pudieron atinar a combatirlo por la vertiginosa velocidad con que se produjo y las dimensiones del incendio.

Reunidos en popa comprobaron las ausencias de los marineros Esmir Hipólito Benítez y Alberto Abeldaño, quienes habrían sido atrapados por el fuego; mientras que con excepción del patrón José Antonio Ricci y los hermanos Rubén y Zoilo Benítez que se encontraban en el puente de mando en el momento del hecho, pudiendo salir del mismo por una de las bandas del buque, el resto de la tripulación resultó con lesiones de diversas consideraciones, especialmente el maquinista Radovcic y el marinero Ángel Estrada, quienes dejaron de existir en días posteriores a bordo mismo del barco siniestrado”.

Al respecto Héctor Izco narra que “mucha gente del pueblo, desde horas antes, nos habíamos agolpado en ese sector. Fue angustioso el arrobo a remolque del ‘Namuncurá’ que ya se sabía transportaba cuatro cadáveres de sus tripulantes. Comentarios y conjeturas y el dolor de los familiares de todos los involucrados y la solidaridad también de quienes se asociaban a ese dolor”.

“El buque mostraba desde lejos sus heridas. Marcas del producto del incendio con sus partes ennegrecidas que habían perdido los colores de las pinturas y vidrios rotos, explotados en el puente”.

El artesano y artista plástico (la Placita de Artesanos de Las Grutas lleva su nombre) Víctor Menjoulou dejó esculpida para el recuerdo una talla en madera donde están los rostros de los que esperaban en el muelle el arribo de la nave siniestrada.

Historias de San Antonio Oeste, de naufragios y tragedias que dejaron plasmada una impronta trágica en su historia pueblerina.

Sobrevivientes relataron que el 25 de octubre
de 1989 a las 18 el motorista Antonio Radovcic salió de la sala de máquinas envuelto en llamas y detrás de él, una bola de fuego que ingresó a la cocina y arrasó el interior del barco.
La espera del pesquero fue dramática, ya que se sabía que traía los cadáveres de cuatro tripulantes. La expectativa y angustia de familiares y amigos aumentaron cuando llegó a remolque, con las huellas del fuego.

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