Irán: ¿las protestas pueden desestabilizar la teocracia?
Desde la revolución de los ayatolás en 1979, el régimen islámico sorteó crisis económicas, guerras, sanciones y ataques gracias a su férrea unidad y dura represión. Por qué la masiva movilización callejera representa uno de los desafíos más grandes.
Stuart Williams y Delphine Touitou Associated French Press
Los miles de manifestantes en las calles de Irán desafían como nunca a la República Islámica, pero queda la incógnita de si la magnitud del movimiento basta para desestabilizar al régimen teocrático en el poder.
Los analistas consultados por la AFP se mantienen todos extremadamente prudentes sobre el desenlace de estas manifestaciones, debido a la unidad que han demostrado hasta ahora las autoridades. Sin embargo destacan que las protestas se intensifican de manera constante desde su inicio el 28 de diciembre.
“Representan sin duda el desafío más serio al que se ha enfrentado la República Islámica en años, tanto por su magnitud como por sus reivindicaciones políticas cada vez más explícitas”, estima Nicole Grajewski, profesora del Centro de Investigaciones Internacionales de Sciences Po en París. “Este movimiento es diferente porque sintetiza todos los movimientos anteriores: las revueltas económicas, las revueltas por la igualdad entre mujeres y hombres, las revueltas estudiantiles y las revueltas de las clases medias, que hoy están desclasadas”, observa por su parte Clément Therme, investigador asociado del Instituto Internacional de Estudios Iraníes.
Para Jason Brodsky, director de United Against a Nuclear Iran, estas manifestaciones son “históricas” y cuanto más duran, “más inyectan inestabilidad en el corazón del régimen”.
Sin embargo, la intensidad de las protestas ha disminuido tras una brutal represión con miles de muertos y en medio de un apagón de internet. Las autoridades cortaron el acceso a la web para, según las organizaciones de defensa de los derechos humanos, ocultar los abusos. Anoche, al comienzo de un puente festivo de tres días, las fuerzas de seguridad estaban muy presentes en las calles de Teherán, constató AFP.
La represión ha “probablemente sofocado el movimiento de protesta por ahora”, estima el Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Estados Unidos, que ha monitoreado las manifestaciones. “Sin embargo, la movilización generalizada de las fuerzas de seguridad (…) es insostenible, lo que hace posible que las protestas puedan reanudarse”, añadió. El grupo de derechos humanos Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, contabiliza al menos 3.428 muertos a manos de las fuerzas de seguridad. En realidad podrían ser muchos más.
Según su director Mahmood Amiry-Moghaddam, las autoridades dirigidas por el ayatolá Alí Jamenei, han “cometido uno de los crímenes más graves de nuestra época”. Citó “relatos horripilantes de testigos presenciales” sobre “manifestantes muertos a tiros mientras intentaban huir, el uso de armas de guerra y la ejecución en plena calle de manifestantes heridos”. Lama Fakih, de Human Rights Watch, confirmó “masacres (…) sin precedentes en el país”. Los iraníes llevan sin internet más de 180 horas, subraya la oenegé de ciberseguridad Netblocks.
Factores internos
Los factores internos, es decir, las deserciones dentro del ejército y/o las fracturas en el entorno del guía supremo, siguen siendo el principal criterio para hacer tambalear al poder.
“Es el abandono del aparato de seguridad, la confraternización con los manifestantes” lo que puede provocar su caída, explica Therme. “¿Hasta qué punto las fuerzas del orden seguirán obedeciendo órdenes y disparando munición real contra la multitud?”, se pregunta, mientras que la represión ya causó al menos varios cientos de muertos. “Por el momento no hay un vuelco sistémico de las fuerzas del orden ni confraternización con los manifestantes”, señala.
Tampoco hay, por ahora, señales aparentes de fisuras en el seno de los poderosos Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de la República Islámica. “Si miembros de los servicios de seguridad o de las élites políticas de primer nivel llegaran a desertar, o si los manifestantes lograran tomar y conservar instituciones gubernamentales clave, ello señalaría un cambio significativo en la correlación de fuerzas”, coincide Grajewski.
Al contrario, afirma, “manifestaciones masivas, por sostenidas que sean, tienen pocas probabilidades de ser suficientes sin divisiones en la cúpula y dentro de las instituciones coercitivas encargadas de reprimir la protesta”.
Bajo el mandato de Jamenei, “el sistema se ha enfrentado a repetidos desafíos populares, aplastándolos una y otra vez con mano de hierro y continuando con una gobernanza tan mediocre como antes”, afirmó el International Crisis Group en un informe reciente “Este enfoque le ha permitido ganar tiempo, pero el éxito, medido únicamente en términos de poder coercitivo, ha dado a los dirigentes pocos incentivos para abordar las quejas que están en el origen del descontento público”, añadió.
La actual ola de protestas, iniciada en Teherán el 28 de diciembre por comerciantes indignados por el elevado costo de la vida, se extendió a las regiones más pobres del país, en el oeste.
Millones de iraníes, incluidos de la clase media, se enfrentan a una grave crisis económica y ya no pueden soportar el vertiginoso aumento de los precios al consumo.
“La República Islámica está atrapada en un círculo vicioso, ya que cuanto más reprime, más se deteriora la situación económica del país”, constata Therme, lo que incrementa el descontento popular y debilita aún más al régimen.
Factores externos
El presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó la semana pasada con “golpear muy fuerte” a Irán si las autoridades reprimen a los manifestantes.
¿Cuál podría ser el papel de Estados Unidos y de Israel? ¿Puede haber una intervención militar en apoyo a las manifestaciones internas o acciones dirigidas contra actores clave del poder?
El viernes, los Estados Unidos parecen haber bajado el tono.
El presidente ruso, Vladimir Putin, habló por teléfon con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu para reducir la tensión en un país aliado de Moscú. La Casa Blanca confirmó que el presidente Trump habló con Netanyahu, quien, según el New York Times, le pidió que no interviniera militarmente. Arabia Saudita, Catar y Omán también han advertido a Trump de las “graves repercusiones” de un colapso del régimen “que podrían desestabilizar la región”. Sin embargo, “todas las opciones siguen sobre la mesa”, especificó la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
Alí Jamenei, el implacable líder supremo ante su mayor desafío
El líder supremo iraní Alí Jamenei, un estratega hábil que nunca dudó en recurrir a la represión, ha superado varias crisis al frente del sistema teocrático de la República Islámica, aunque ahora se enfrenta a una oposición inédita.
A sus 86 años, domina Irán desde que asumió el poder de por vida en 1989, sucediendo a su fundador, el ayatolá Ruholá Jomeiní. Ha reprimido brutalmente una serie de protestas, como la movilización estudiantil de 1999, las manifestaciones masivas desencadenadas en 2009 por unas controvertidas elecciones presidenciales y una ola de contestación en 2019.
Jamenei, que siempre lleva el turbante negro de los “seyyed”, los descendientes del profeta Mahoma, y una espesa barba blanca, también sofocó duramente el movimiento “Mujer, Vida, Libertad”.
Esa ola de protestas de 2022-2023 se desencadenó por la muerte bajo custodia de Mahsa Amini, detenida por supuestamente infringir el estricto código de vestimenta impuesto a las mujeres.
El líder supremo tuvo que esconderse durante la guerra de 12 días en junio provocada por un ataque sin precedentes de Israel, su enemigo acérrimo, que puso de manifiesto la profunda penetración de los servicios de inteligencia israelíes en las estructuras iraníes.
Pero sobrevivió a la guerra y, ante la nueva ola de protestas que sacude al país, apareció el viernes en público para pronunciar un discurso ofensivo en el que denunció a los manifestantes como una “banda de vándalos” apoyados por Estados Unidos e Israel.
“Todo el mundo sabe que la República Islámica llegó al poder con la sangre de cientos de miles de personas honorables; no retrocederá ante los saboteadores”, añadió.
Pero aunque tal vez haya podido acallar en cierta medida la movilización actual con una represión que según defensores de derechos humanos ha causado miles de muertos, los analistas indican que su control del poder parece ahora más frágil.
En un contexto de amenaza constante de ataques israelíes o estadounidenses, el líder supremo, conocido por llevar una vida sencilla y sin lujos, se encuentra bajo alta protección.
Sus apariciones públicas, relativamente poco frecuentes, nunca se anuncian con antelación ni se retransmiten en directo.
Nunca salió del país desde que asumió el poder, al igual que el ayatolá Jomeiní, que regresó a Irán desde Francia durante la Revolución islámica de 1979.
Su último viaje conocido al extranjero se remonta a 1989, cuando era presidente, para una visita oficial a Corea del Norte.
Activismo
Jamenei, hijo de un imán, nació en una familia pobre del país. Su activismo político contra el sah Reza Pahlavi, apoyado por Estados Unidos, le valió pasar gran parte de los años 1960 y 1970 en prisión.
Su lealtad al ayatolá Jomeiní fue recompensada en 1980, cuando se le confió la importante tarea de dirigir las oraciones del viernes en Teherán.
Elegido presidente un año más tarde tras el asesinato de Mohammad Alí Rajai, en un principio no se le consideraba el sucesor natural de su mentor.
Sin embargo, poco antes de su muerte, este último destituyó al favorito, el ayatolá Hossein Montazeri, que había denunciado las ejecuciones masivas de miembros del grupo Muyahidines del Pueblo y otros disidentes. Los Muyahidines del Pueblo fueron aliados de la Revolución, pero están actualmente prohibidos en el país. A esta organización se le atribuye el asesinato de Rajai.
Tras la muerte de su predecesor, Jamenei rechazó inicialmente, en un episodio famoso, su designación como líder por parte de la Asamblea de Expertos -el máximo órgano clerical de la República Islámica- antes de que los religiosos se levantaran para ratificar su nombramiento. Desde entonces, su control sobre el poder nunca ha disminuido y perpetúa la ideología radical del sistema, incluyendo la confrontación con el “Gran Satán” estadounidense y la negativa a reconocer la existencia de Israel.
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