Hegemonía y conflicto: la persistente estrategia estadounidense en el Siglo XXI
Las políticas de reaseguro en el continente, el control por inducción del desorden y advertencias a los “key countries” indican que EE.UU. no negocia un repliegue y busca predominar con su principal atributo: el poder militar.
La asunción de Donald Trump por segunda vez a la presidencia de EE.UU. (2025) reafirmó la continuidad de una relación cada vez más conflictiva con China, que se mantuvo como política común más allá de las distintas administraciones, en el afán de mantener a Estados Unidos como superpotencia y rectora de la hegemonía mundial. Este aspecto es fácilmente verificable en los momentos de la escalada:
El ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, el “arrepentimiento” norteamericano y la posterior virtual paralización de este organismo multilateral. La “Guerra de Monedas” al menos desde 2005 cuando China culminó con su tipo de cambio relativamente fijo y afloraron las amenazas norteamericanas para que los asiáticos desistan de devaluar su moneda con fines competitivos.
El inicio de la “Guerra Comercial” en 2018 coincidió prácticamente con la finalización del plazo de 15 años otorgado por la OMC a China para reformar su economía y ser reconocida como “economía de mercado”, pero ni Estados Unidos ni la Unión Europea reconocieron el efecto de las reformas e impusieron la categoría de “economía de no mercado”. Su evolución marcó la utilización de mecanismos arancelarios, que durante el gobierno demócrata no se retrajeron y con el retorno de Trump a su segundo gobierno se relanzaron.
Las intervenciones militares para inducir el desorden mundial, tal como definió el ya fallecido y extraordinario historiador brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira, resultó otro evidente punto de convergencia y continuidad entre las diversas administraciones norteamericanas del nuevo milenio como respuesta al crecimiento de la influencia china.
En efecto, puede advertirse que el rediseño de la geografía del poder tuvo relevancia en la franja que va desde el Norte de África hasta el Mar Negro, es decir, la traza de la iniciativa china conocida como la Ruta y la Franja de la Seda.
Esta estrategia deliberada de desestabilización de gobiernos hostiles a los intereses norteamericanos , dejan claro que Estados Unidos no busca hacerse de manera permanente de recursos o espacios geográficos estratégicos, sino administrarlos y fundamentalmente denegarlos a sus adversarios, como sucede con el gas y el petróleo. En esa dirección, la operación relámpago en el Caribe sudamericano que desalojó a Nicolás Maduro del gobierno venezolano da cuenta de la nueva extensión de esa estrategia, plasmada en documentos de seguridad nacional norteamericana, que buscan garantizar la dominación norteamericana sobre todo el continente.
Un análisis que restrinja simplemente a Venezuela la acción norteamericana desplegada en Sudamérica sería erróneo, al igual que un diagnóstico del escenario de Asia Central y Medio Oriente encerrado sobre Irán y sus proxies en Yemen, El Líbano e Irak.
El rol de los “estados llave”
En realidad, estas acciones buscan disciplinar a los key countries (“estados llave”)—término usado por Henry Kissinger en los ‘70 para designar a las potencias regionales que garantizan la estabilidad global—. Específicamente, nos referimos a Brasil y Arabia Saudita.
Para el primer caso, China se convirtió en el principal socio comercial de Brasil en el año 2009, exportando principalmente soja, mineral de hierro y petróleo, insumos centrales para el normal desenvolvimiento de la industria. Para el segundo caso, China se convirtió en el principal comprador de petróleo saudita en el año 2010. Esto debilitó la complementariedad con EE.UU. vigente desde 1974, basada en una suerte de protectorado militar estadounidense a cambio del flujo de renta petrolera hacia bonos del Tesoro.
En ambos casos China reemplazó en el primer lugar del podio comercial a Estados Unidos y desarrolló una amplia capacidad para influir políticamente con el envión de sus recursos financieros, productivos y tecnológicos. En efecto, Brasil es integrante pleno del BRICS y Arabia Saudita fue invitado a integrarse en 2023 (aún pendiente de respuesta) .
Los rasgos principales de las políticas norteamericanas reservadas para el reaseguro del continente americano bajo su indiscutible dominio, el control de los espacios y recursos mediante la inducción del desorden a través de acciones militares (directas e indirectas) y la advertencia disciplinaria hacia los key countries, indican que Estados Unidos no está negociando un repliegue.
No es la primera vez que se le presentan adversarios con ambiciones, vale la pena recordar a Alemania Federal y Japón en la década del 80. Durante la primera mitad de aquella década, columnas de intelectuales en el reconocido períodico The Economist insuflaron el temor por el advenimiento de una transición hegemónica abierta en favor de los europeos o los asiáticos. Ningún caso evolucionó más allá de la “Guerra de Monedas” y ambas economías se subsumieron al proyecto de James Baker, secretario del tesoro norteamericano, en el Plaza Accord de septiembre de 1985.
Líneas rojas
China cruzó ampliamente aquella línea roja, los asiáticos no parecen dispuestos a regresar al rol de simple “key country” de la hegemonía norteamericanaque le ofreció la “diplomacia del ping-pong”.
Todas las señales de Washington indican que pretende conservar su hegemonía mundial basándose en el principal elemento de poder nacional que aún hoy lo sostiene como superpotencia: el atributo del poder militar.
Este escenario refuerza tendencias y contratendencias, la multipolaridad trepidante, el ascendente chino y la debilitada hegemonía norteamericana, como contrapartida emergen el caos y la anarquía, donde los elementos de poder nacional, como alguna vez lo pensó Hans Morgenthau, se vuelven cada vez más relevantes para sorpresa de analistas que hasta hace poco abjuraban de la geopolítica y el realismo clásico.
* Profesor de Historia (UBA), especialista en Relaciones Internacionales, Magíster en Defensa Nacional, exdirector de Asuntos Académicos del Instituto del Servicio Exterior de la Nación.
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