Del ajuste a la desestabilización
Jamil Mahuad fue en febrero de 1997 uno de los principales activistas que impulsó la revuelta contra el entonces presidentes Abdalá “El loco” Bucaram: tres años después su gobierno sufrió similares consecuencias.
Pero la virtual caída de Mahuad se produce en una situación mucho más avanzada no sólo de la crisis económica, sino también política.
El imparable ascenso de los precios con la correlativa caída del sucre frente al dólar, condujo en seis meses a una inédita radicalización de las organizaciones obreras y campesinas.
En medio del derrumbe de la moneda, que pasó de 10.000 sucres por dólar a 20.000 a comienzos de enero, Mahuad jugó la arriesgada carta de la dolarización.
La decisión del presidente pareció, en un principio, otorgarle una nueva chance para dominar la crisis, pero en apenas una semana se transformó en un “boomerang” en su contra.
Tres días después del anuncio, se produjo un incremento de precios que, en algunos rubros, llegó al 100%, mientras el salario -cuyo promedio es de 48 dólares mensuales- no se movió.
La medida parecía dictada por la situación objetiva de la economía, sin que se visualizara otra alternativa en un país que, en 1999, registró una tasa de inflación del 60,7%; un retroceso del PBI del 7,3% y una desocupación del 17%.
Si el acuerdo cívico-militar aunado por las organizaciones indígenas y obreras concluye con el derrocamiento de Mahuad, la situación se precipitará en una crisis política de dimensiones imprevisibles. Se trataría de la primera quiebra del orden constitucional en un país latinoamericano en las últimas dos décadas y, esta vez, no debido a un golpe militar clásico, sino a una sublevación popular apoyada por uniformados.
Una segunda variante, en el caso de que el presidente logre resistir con el apoyo de un sector de las fuerzas armadas, es un conato de guerra civil que colocaría al país al borde de la desintegración.
En cualquier caso, resulta claro que Ecuador se ha convertido en un factor de desestabilización en una región del continente donde Colombia y Venezuela destacan por procesos cuyo desenlace está lejos de ser claro. (Télam-SNI)
Jamil Mahuad fue en febrero de 1997 uno de los principales activistas que impulsó la revuelta contra el entonces presidentes Abdalá “El loco” Bucaram: tres años después su gobierno sufrió similares consecuencias.
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