Deporte: de la mecanización al desarrollo de la creatividad

Juan Manuel Landín *


En el día Internacional del Deporte, orientar esta actividad hacia el desarrollo y la paz requerirá un trabajo y esfuerzo sostenido de todos los actores involucrados.


Desarrollo y Paz” es el título elegido por la ONU para celebrar el Día Internacional del Deporte. Es un título valioso éste que se ha elegido, y son valores importantes que se destacan pero, como en toda actividad humana, el desarrollo y la paz no son sinónimos de deporte. Lograr orientar el deporte hacia ellos requiere de un trabajo y esfuerzo sostenido.

En este caso estas palabras se enfocarán en el entorno que acompaña a los deportistas. Por entorno nos referimos a todas aquellas personas que cumplen una función formadora y cuidadora del individuo deportista (padres, entrenadores, preparadores físicos, masajistas, psicólogos, etcétera).

Es justamente este grupo de personas las que tienen una función primordial en la formación continua de los deportistas. La actitud que el medio tenga para con los valores enunciados, será lo que les transmitirán.

El objetivo central de todo atleta de alto rendimiento, especialmente al competir, es ganar.

Uno de los puntos centrales del deporte es la competencia.

A medida que se avanza en el desarrollo de técnicas, entrenamientos y tecnologías, el rendimiento de los atletas viene en aumento sostenido, potenciando su capacidad a lo largo de la historia. El objetivo es contar con herramientas para potenciar su capacidad deportiva, con la mayor rigurosidad posible.

Es justamente aquí donde se encuentra la trampa del deporte, ya que todos los participantes del ambiente en cuestión buscan igualar el hombre a una máquina. Una máquina programada que no cometa errores. Una máquina de éxitos. Se lo deshumaniza quitándole su individualidad, su singularidad, lo subjetivo de cada ser humano.

Si esta mirada tiene éxito, y es internalizada por el deportista, el fracaso está garantizado.

En lo que respecta al desarrollo de los atletas, es importante estar atentos a que sus entornos puedan cumplir con una función facilitadora que proponga un proceso de crecimiento personal. Si el mismo transita las vías recomendables, el deportista irá logrando, paulatinamente, una mayor autonomía mental. Será capaz de ir creciendo a la hora de observar las situaciones de la competencia para poder tomar decisiones o inventar soluciones de manera cada vez más personal. Este transitar hace que el entorno profesional que acompaña al deportista impulse el desarrollo de un proceso que va desde la necesaria presencia, hasta una presencia elegida.

De no ser así, no hay posibilidad de acompañarlos en la construcción de una mente capaz de pensar las resoluciones de los problemas propios que presenta la competencia. No hay posibilidad de habilitar su creatividad, la creatividad que es firma de la humanidad.

La creatividad remite a la capacidad personal de poner en juego la propia subjetividad para poder afrontar la situación deportiva. Es la capacidad de crear, saliendo de la respuesta mecánica. La creatividad no es una capacidad que se entrena, sino una que el propio deportista se habilita a explorar desde su propio ser.

Es también necesario señalar que un entrenamiento que no esté en condiciones de acompañar al deportista en la construcción y desarrollo de la tolerancia a la frustración, no considera valiosa la frustración.

SI no hay frustración, no hay posibilidad de aprendizaje. Si no hay pensamiento contamos con una conducta que responde a la acción y reacción que siempre remite al mismo feedback. En la medida que un hecho acontezca siempre, siempre se repetirá la respuesta y solo un factor externo cambiaría el resultado. Si el jugador no es capaz de pensar, dependerá de la instrucción de otro para poder utilizar otras vías para confrontar la dificultad.

El entrenamiento busca minimizar la incertidumbre y tener el mayor control posible sobre la situación, pero si el deportista no es capaz de tolerar que hay una parte que escapa a su control, tampoco será capaz de competir.

El primer error, o yerro hará cuestionar toda su capacidad deportiva. Si ha fallado donde no PUEDE fallar, ¿Porqué no sucedería en el próximo aspecto de la competencia? El error, que es inevitable, será consecuencia de la perdida inmediata de la “confianza” del deportista.

Por el contrario, el asumir el error como parte de la contienda habilita a que la capacidad creativa se ponga en juego para construir respuestas que se ajusten mejor a la problemática a resolver, concluyendo en un crecimiento del rendimiento. Esta comprensión no sólo impacta en el punto de conflicto, sino, y gracias a la capacidad metafórica, también impacta en el desarrollo del deportista en sí.

La fantasía de maquinizar a los atletas, pone al entorno formador en el lugar de los programadores de los que la maquina depende y a los que se les delega la capacidad de pensar y tomar decisiones. Esto da cuenta de la dificultad para tolerar la humanidad del deportista. Pero es justamente la presencia de un entorno facilitador, lo que puede promover el desarrollo de las habilidades y capacidades del deportista, mediante la valoración y el sostén de su singular capacidad creativa.

En una primera instancia, y principalmente en el proceso formativo, se deben incorporar modelos de pensamiento que su equipo de trabajo le propone. Modelos de estrategia técnica y táctica, que funcionarán como premisas básicas a partir de las cuales hacer construcciones y complejizar el proceso competitivo a la hora de la competencia.

Pongo el énfasis en la palabra proponer, ya que considero que es de vital importancia el incluir a los atletas, desde un primer momento, en la construcción de sus aparatos mentales con miras a la autonomía. Las propuestas dan lugar a debates y explicaciones sobre la técnica, la táctica, la formación física, etcétera, que los habilita a que vayan incorporando estos modelos y pudiendo hacer aportes que los enriquezcan y complejicen.

Mientras más se haya evolucionado en este proceso, menos necesario (no por esto innecesario) se vuelve su equipo de trabajo, lo que hace que la asimetría entre los participantes se vaya disolviendo como consecuencia de lo que el mismo va pudiendo incorporar y desarrollar, gracias al trabajo con su equipo. Los deportistas incorporan en su aparato mental, a los distintos integrantes de su cuerpo técnico y es capaz, cada vez más, de pensar y discutir con ellos, aún en su ausencia.

De esta manera el jugador va desplegando su capacidad de dar lugar a su creatividad en su formación y desarrollo, potenciando lo que puede recibir de su equipo de trabajo tanto como lo que puede hacer en su práctica deportiva.

En consecuencia con lo anteriormente planteado, se puede afirmar que un deporte por el “Desarrollo y la Paz”, no es algo dado. Para que esto suceda es necesario que los distintos actores que participan en el entorno de los deportistas trabajen en pos de ello. Es el resultado de un trabajo en equipo.

* Especialista en Psicoanálisis, clínica de adolescentes. Especialista en Deporte de Alto Rendimiento


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