Las historias detrás de la Fiesta Nacional de la Nieve: el festejo que marcó generaciones

Nació en 1954 en el cerro Catedral y, con el paso de las décadas, se transformó en mucho más que un evento turístico. La Fiesta Nacional de la Nieve reúne costumbres, recuerdos y actividades que reflejan la identidad y el sentido de pertenencia de Bariloche.

Por Lorena Roncarolo

La Fiesta Nacional de la Nieve  arrancó este miércoles con bandas locales y se extenderá hasta el domingo con un amplio programa. Archivo

La Fiesta Nacional de la Nieve arrancó este miércoles con bandas locales y se extenderá hasta el domingo con un amplio programa. Archivo

«Es nuestra historia«, coinciden muchos antiguos pobladores de Bariloche. La Fiesta Nacional de la Nieve es considerado mucho más que una celebración al reflejar una parte de la identidad de la ciudad cordillerana, a través de distintas propuestas que generan un espacio de encuentro y que alcanza las 55 ediciones.

La Fiesta de la Nieve nació en el cerro Catedral allá por 1954 y en esa oportunidad, contó con la presencia del triple campeón mundial de esquí Stein Eriksen. La Administración de Parques Nacionales estaba a cargo de la organización.

Recién en 1971, el gobierno nacional designó a Bariloche como sede de la primera Fiesta Nacional de la Nieve y la Dirección Municipal de Turismo pasó a ocuparse del evento. Siete años después, la organización pasó a manos de una Comisión Permanente Organizadora.

Con el paso de los años, la consigna fue mantener cada uno de los eventos que convocan a distintos sectores, desde el concurso de hacheros, del pullóver, de tortas, de mozos y en esta ocasión, por tercera vez, volvió la elección de la Reina de la Nieve. El Desfile de Carrozas quedó en el pasado.

Desde los años 60, la inauguración oficial del evento consistió en una bajada de antorchas por el cerro Catedral que, en los últimos años fueron reemplazadas por luces Led. “Es la manera que tenemos los esquiadores de homenajear a los visitantes con este espectáculo. El fuego siempre seduce más, pero esas antorchas se consumían rápidamente. Las luces Led garantizan la seguridad de los participantes”, explicó Giusti Olivieri, un profesor de esquí que comenzó a participar en el evento en los años 70 y recién en las últimas ediciones, se sumó al disfrute de la bajada de antorchas como espectador.

Noemí Mecozzi condujo varias ediciones de la Fiesta Nacional de la Nieve. Foto: gentileza

Una de las aperturas de los festejos en el Catedral contó con la participación de la modelo Valeria Mazza como abanderada. En varias ocasiones, condujo la periodista y modelo rionegrina Teté Coustarot y el conductor Julián Weich.

Con el paso de los años, la semana de actividades se redujo a cuatro días, aunque con un voluminoso cronograma.

El nerviosismo desde el escenario


Noemí Mecozzi condujo la Fiesta Nacional de la Nieve durante varias ediciones. Perdió la cuenta del número. «Me acuerdo cuando me convocaron la primera vez: me temblaban las piernas. Es una responsabilidad enorme, desde entretener al público hasta sacarle los nervios a las candidatas. Y cuando me subí al escenario junto a Carlos Hidalgo, me encomendé a mi padre y a Dios. Fue un desafío inmenso que asumí con mucho orgullo», recordó.

Reconoció que la Fiesta de la Nieve siempre fue «una de las fiestas más criticadas, pero a la vez, más queridas, con una gran participación sin importar la lluvia, la nieve ni el frío» que aún hoy, intenta mantener vivas las tradiciones de la ciudad.

Por años, el debate estuvo enfocado en si el evento estaba destinado a los barilochenses o a la promoción turística. En el último tiempo, se decidió apuntar a un híbrido, con las actividades dirigidas a segmentos de la comunidad y los espectáculos musicales.

La fecha de la realización de la fiesta fue otro capítulo del debate. ¿Junio, julio o agosto? En algún momento, se barajó la posibilidad de realizar el evento en junio a modo de lanzamiento de la temporada invernal, pero, muchos años, faltaba la nieve. Otros sugerían mantenerla en julio para atraer la atención de los potenciales visitantes los meses siguientes. Finalmente, se optó por pasarla a agosto.

Julián Weich se sumó a la conducción. Foto: gentileza

María de las Nieves Alaniz fue la primera Reina de la Nieve de Bariloche en 1971. Le siguieron decenas de jóvenes hasta que, en 2019, las autoridades municipales decidieron poner fin al concurso, siguiendo los pasos de Viedma y Neuquén que optaban por eliminar los certámenes de belleza. Tras un fuerte debate en 2024, el entonces secretario de Turismo, Sergio Herrero, reflotó el concurso.

«Cuando sacaron la elección de la reina, al barilochense no le gustó. Todo esto forma parte del relato barilochense. Las candidatas representaban a los barrios o ciertas instituciones. La gente se juntaba a verlas en el Centro Cívico, tapadas con camperas, gorros y guantes. Bariloche no es una ciudad como Mar del Plata donde el clima es benévolo. Incluso, pedirles que aplaudan con los guantes tiene un valor especial», advirtió Mecozzi.

Noemí Molina también fue «maestra de ceremonias» de la fiesta durante muchos años. Pero antes, formó parte de aquellas jóvenes que desfilaban con los pulóveres tejidos para la ocasión, en coches antiguos por la calle Mitre. «En una oportunidad, vino Susana Giménez, que estaba muy en auge, a desfilar con nosotras. Estábamos fascinadas. En ese momento, Susana protagonizaba la publicidad del jabón Cadum. En el comercial gritaba ‘¡Shock! lo que le valió un rotundo éxito», recordó Molina.

Noemí Molina, con uno de los pulóveres ganadores. Foto: gentileza

Molina comentó que en el concurso del pullover, las tejedoras se lucían con motivos icónicos de Bariloche, como las montañas, la nieve y los tradicionales ciervos. Quien se lucía, recalcó, era Angelina, una italiana que vivía en la ciudad. «Ahora, Bariloche es una ciudad pujante, pero todo esto forma parte de nuestra historia: los hacheros, las tortas, las tejedoras», consideró.

En las últimas ediciones del evento, las Colectividades Europeo Argentinas volvieron a sumarse a la Fiesta de la Nieve, al igual que en un principio. «Los inmigrantes europeos y sus hijos nos sumamos a la fiesta en 1978, con stands en la calle Mitre. Pero con el tiempo, decidimos organizar nuestra propia fiesta, primero en el gimnasio de Bomberos Voluntarios y luego, en Dina Huapi. Como debimos suspenderla por motivos económicos, nos invitaron una vez más a la Fiesta de la Nieve», resumió Cecilia Rupa, presidenta de la Asociación Colectividades Europeas en Bariloche.

En la edición 55, las 12 colectividades ofrecerán platos y bebidas típicas en cuatro «casitas» que serán ubicadas en la calle Mitre, entre Quaglia y Villegas. Habrá también espectáculos de danzas europeas, juegos y entretenimiento.

Hoy, una vez más, la Fiesta combina tradición e identidad local con espectáculos, propuestas culturales, gastronomía, actividades recreativas y tecnología que incluyen un show de drones, a través de una programación pensada para la familia barilochense y los visitantes.


Embajadoras de Bariloche


«Señores, la Reina Nacional de la Nieve del período 1987, 1988 es la participante número 8… ¡Paula Gómez!», lanza el locutor y el público estalla en aplausos. La cámara muestra a una joven de enormes ojos celestes y frondosos rulos, con un elegante vestido blanco, que no puede ocultar la emoción y la sorpresa de haber sido elegida.

«¿Por qué decidí concursar? Nací en el año 70, cuando comenzó la elección de la Reina de la Nieve. Mi mamá era muy joven, vivió todo eso y, tener una hija mujer le dio la ilusión de que su hija fuera reina alguna vez -aunque yo tenía mucha vergüenza-«, contó Paula. «Nunca consideré, hasta el último minuto, ser elegida», admitió.

Paula Gómez fue elegida Reina de la Nieve en 1987. Foto: gentileza

Los meses que siguieron, recordó, fueron «bastante arduos»: «Pasé a ser una especie de empleada municipal y tuve muchos viajes. En ese momento, no existía el Emprotur y la Municipalidad promocionaba la ciudad. Entonces, la reina era como la embajadora turística de Bariloche».

Paula valoró la recuperación de «la elección de una embajadora en Bariloche, es decir, alguien que pueda representar a la ciudad durante todo un año, que sea una cara visible, ya sea un deportista destacado, un científico, un artista, un escultor, un pintor o un alumno destacado entre los colegios secundarios». «Pero no importa si es hombre o mujer, tampoco la edad ni nada», advirtió.

En 2004, Ana Laura Barrandeguy ganó la corona. «Nunca estuvo en mis planes. Transitaba la adolescencia muy para adentro. Pero mi mamá me anotó. Llegó un día del trabajo con los formularios y me dijo que tenía que salir de casa. En un primer momento, me enojé porque no era mi perfil, pero no se por qué, terminé completándolo y presentándome«, expresó.

Reconoció que «todo el proceso de preparación con las candidatas fue raro. Me sentía sapo de otro pozo, pero no puedo negar que lo disfruté. Por momento, me sentía muy expuesta». Cuando nombraron a todas las candidatas ganadoras como princesas y solo faltaba la reina, acotó, «de repente, (Carlos) Hidalgo me apoyó la mano en el hombro y dijo: ‘Sos vos’. Fue como un baldazo de agua fría. Miré a mi familia: gritos, llantos, emoción y gratitud».

Ana Laura, en 2004. Foto: gentileza

Representar a Bariloche requirió organizar sus estudios (transitaba el quinto año) con los viajes para participar de las fiestas nacionales y las ferias de turismo y, una minuciosa preparación para representar y promocionar a la ciudad.

«Recuerdo que reconocer la importancia de la ciudad y lo que significa Bariloche para el resto del país, me llenaba de orgullo y de ganas de contar todo lo que teníamos para ofrecer. De hecho, cuando terminó mi año, empecé a estudiar turismo y es hoy mi profesión«, comentó.

Ana Laura fue tajante: «Fuera de la connotación superficial asociada a este tipo de concursos, creo que la figura de embajadora o embajador puede traer muchos beneficios a nuestra ciudad. No desde los viejos estándares de belleza sino que desde una mirada más actual y una persona que nos represente, transmita, convoque y enganche al público«.


"Es nuestra historia", coinciden muchos antiguos pobladores de Bariloche. La Fiesta Nacional de la Nieve es considerado mucho más que una celebración al reflejar una parte de la identidad de la ciudad cordillerana, a través de distintas propuestas que generan un espacio de encuentro y que alcanza las 55 ediciones.

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