Depresión, armas y operaciones

Redacción

Por Redacción

CIPOLLETTI (AC).- Carga con la culpa de haber asesinado a una joven de 24 años y con el peso de saber que su madre se está muriendo y ella permanecerá en la cárcel. Siempre se sintió mujer y antes de quedar postrada en una silla de ruedas “trabajaba en la noche”, contó ayer. Luego estuvo deprimida y permaneció encerrada por dos años. Su madre se llama Elena Zilli y tiene 81 años. La mujer fue internada en la clínica de Cipolletti el 5 de enero, por una neumonía y después sufrió un infarto. Entonces la operaron y le colocaron un stent. Permaneció 20 días con un respirador. Díaz dijo ayer que durante ese tiempo no la cambiaron de posición y que por eso se le hizo una gran escara en la columna. Cuando su salud mejoró, el médico Walter Nuñez –siempre según el relato de la imputada– le recomendó que la llevaran a su casa, porque allí iba a estar mejor que en la clínica. Entonces le dieron el alta pero el 17 de marzo se descompensó y fue internada en el hospital de Neuquén, donde permanece inconsciente. Con tranquilidad, y por momentos con lágrimas, relató varios episodios de su vida. No terminó el secundario, aunque es una persona instruida. Vivió en Mendoza y después se mudó a Neuquén y hasta el sábado compartió la casa con su hermano, su cuñada y sus sobrinos. Allí también vivía su madre. Tres veces usó armas, incluida la del sábado. Fue legítima usuaria de otra pistola y debió defenderse a los tiros. “Una vez porque me atacó una compañera con una navaja y otra porque entraron a robarme tres ladrones”, aseguró. Quedó postrada por una mala praxis por la silicona que se colocó en los muslos. “Es como tener un yeso por dentro y me cuesta caminar”, contó.


CIPOLLETTI (AC).- Carga con la culpa de haber asesinado a una joven de 24 años y con el peso de saber que su madre se está muriendo y ella permanecerá en la cárcel. Siempre se sintió mujer y antes de quedar postrada en una silla de ruedas “trabajaba en la noche”, contó ayer. Luego estuvo deprimida y permaneció encerrada por dos años. Su madre se llama Elena Zilli y tiene 81 años. La mujer fue internada en la clínica de Cipolletti el 5 de enero, por una neumonía y después sufrió un infarto. Entonces la operaron y le colocaron un stent. Permaneció 20 días con un respirador. Díaz dijo ayer que durante ese tiempo no la cambiaron de posición y que por eso se le hizo una gran escara en la columna. Cuando su salud mejoró, el médico Walter Nuñez –siempre según el relato de la imputada– le recomendó que la llevaran a su casa, porque allí iba a estar mejor que en la clínica. Entonces le dieron el alta pero el 17 de marzo se descompensó y fue internada en el hospital de Neuquén, donde permanece inconsciente. Con tranquilidad, y por momentos con lágrimas, relató varios episodios de su vida. No terminó el secundario, aunque es una persona instruida. Vivió en Mendoza y después se mudó a Neuquén y hasta el sábado compartió la casa con su hermano, su cuñada y sus sobrinos. Allí también vivía su madre. Tres veces usó armas, incluida la del sábado. Fue legítima usuaria de otra pistola y debió defenderse a los tiros. “Una vez porque me atacó una compañera con una navaja y otra porque entraron a robarme tres ladrones”, aseguró. Quedó postrada por una mala praxis por la silicona que se colocó en los muslos. “Es como tener un yeso por dentro y me cuesta caminar”, contó.

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