Derechos del niño: ¿Se están respetando?

Los derechos del niño fueron firmados un 20 de noviembre de 1989. La Convención en Argentina fue ratificada e incluida en nuestra constitución nacional un año después de su creación, en 1990. Con el correr de los años, nuestro país adecuó sus leyes nacionales a la CDN, como, por ejemplo, en el año 2005 Argentina promulgó la Ley 26.061 “Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes”.


A diferencia de tratados anteriores, la CDN reconoce a niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho, al mismo tiempo que convierte a los adultos en sujetos de responsabilidades. Esto significa que se los reconoce como personas y como tales pueden pedir que sus derechos sean respetados y a su vez, es obligación de los adultos que sus derechos sean cumplidos. Otro hecho significativo es que se trata de una convención en lugar de una declaración como los tratados antecesores. Este pequeño avance obliga a los Estados que la hayan incorporado, a cumplir sus artículos y garantizarlos. También tiene la característica de ser el tratado internacional en materia infantil con el mayor número de países adherentes: 194.

Cuando leemos los derechos podemos observar en forma clara cómo se están vulnerando los derechos de aquellas personas que, por su corta edad, no pueden hacerlo por sus propios medios. Son un porcentaje grande de la Argentina: Los niños y adolescentes.

Están siendo discriminados, ya que no pueden ir a su lugar de referencia por excelencia: El colegio. En nuestra zona ir a la escuela no moviliza subtes ni transporte en forma incontrolable.

Cuidados especiales: en la Argentina la escuela cumple la función de contención, acompañamiento. Muchas veces los docentes y directivos son “denunciantes” de los niños en situaciones complejas.

Aulas vacías, una postal repetida en esta pandemia.


Recibir educación: La mayor parte de los niños del país no cuenta con un dispositivo personal para acceder a sus clases; y quienes lo tienen manifiestan que no logran aprender.

Recibir protección: La decisión de no circulación a los centros educativos no es cuidarlos. Es dejarlos en desamparo.

Ser niños: Es una persona que no alcanza la mayoría de edad y necesita recibir conocimiento, cultura. Necesita esparcimiento, encontrarse con pares, jugar.

6 de cada 10 niños no tienen sus necesidades básicas satisfechas. Esta cifra tiene que hacernos accionar. A usted le digo, que con el entrecejo fruncido lee estas noticias y le parece terrible. Que cómo se pudo llegar de ser unas potencias a esta caída libre donde hablemos de pobreza en este granero del mundo.


A todos nosotros, que amamos tener la celeste y blanca en la piel y gritar los goles. A todos nosotros, que extrañamos compartir mate y visitar a los parientes los domingos y la juntada con amigos. A nosotros que lloramos si nos vamos lejos e insultamos cuando estamos adentro, me dice mi conciencia y les digo… ¡Despertemos argentinos!

¡Miremos a nuestros peques y movamos por ellos el cuerpo, la mente, el espíritu y la voz! Según la ley los adultos somos sujetos de responsabilidades ante los niños, debemos hacer valer sus derechos.

Si hay que hacer una revolución no se hace con violencia sino con conciencia. Porque para modificar afuera primero hay que hacerlo desde adentro, bien interno es el cambio. Saliendo de los vocablos que decimos a diario sin pensar, nos quejamos con los brazos cruzados haciendo en forma automática aquello que suponemos que sabemos hacer.

¿Y si un día cambio las frases hechas? ¿Si un día en vez de protestar, acciono? Puede ser hablar en voz alta para que escuchen muchos. Las redes es una forma. No hace falta insultar, ni agraviar ni escrachar a nadie. Solo pedir lo que sabemos debe hacerse.


Siempre esperamos que otro hable, que haga, que diga. Esperamos que otro tome la posta y se enfrente a lo que suponemos no sabemos hacer. ¿Qué van a decirles a las futuras generaciones cuando cuenten de la pandemia? ¿Cuál será la imagen que tendremos de nosotros mismos de este tiempo?

Estoy segura, porque me encanta escuchar, que somos muchos los que sabemos que hay que cambiar. Un día tiene que ser, seguramente ya llegó. Yo no estoy dispuesta a que los niños de hoy me juzguen mañana porque no hice nada para ayudar al cambio.

No admito que no tengan educación y que se discuta todo el resto solo con fines económicos. ¿Es ese el país que queremos? Hablemos para que tenga sentido una modificación. No quiero decirles a las generaciones nuevas que el “Único camino es Ezeiza”. Y no lo voy a hacer porque sé que acá hay buena base, lo vivo en las charlas, en la esencia, en la energía.

No necesitamos una figura deportiva, científica para creernos que valemos la pena. Son excelentes representantes. Solo eso. Es un cambio de mirada, de cada día, un cambio de hábito. Empecemos a dejar de quejarnos para decir, con claridad. Ensayemos eso. Sin agravio. Con sinceridad. Enfoquemos en aquello que queremos conseguir, pero empezando por nuestro interior.


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