Deseos contrapuestos
Para atenuar la pobreza extrema, el gobierno tendría forzosamente que recaudar más impuestos.
A veces la opinión pública se siente tan preocupada por la desigualdad creciente que es una de las características más notables de la sociedad argentina actual, que durante semanas pocos hablan de otra cosa. Sin embargo, la voluntad de dar prioridad a la lucha contra la pobreza raramente dura lo bastante como para redundar en medidas concretas encaminadas a ayudar a los rezagados. Por el contrario, al verse desplazado el tema de la inequidad por el de la recesión, los mismos que algunas semanas antes reclamaban una estrategia redistribucionista que frenara el avance de la miseria se ponen a exigir, con fervor idéntico, cambios impositivos destinados a favorecer a los empresarios. Dadas las circunstancias, esta contradicción es comprensible – ambos fenómenos están contribuyendo a la angustia que sienten amplios sectores -, pero ningún gobierno responsable puede darse el lujo de olvidar que una decisión de privilegiar a los empresarios lo privaría de los fondos que necesita para los programas sociales, ni que sin éstos las perspectivas frente al país en su conjunto se harían aún más inquietantes de lo que ya son.
Es posible que a la larga la «reactivación» de la industria automotriz, la cual, con el apoyo del gobernador cordobés José Manuel de la Sota y su homólogo bonaerense, Carlos Ruckauf, está reclamando, una vez más, medidas que a su entender servirían para impulsar las ventas, redunde en mejoras que permitan que haya más fondos para la asistencia social, pero la experiencia de los años últimos hace pensar que sería prolongado el intervalo entre el eventual repunte de las ventas de autos y el aumento de los recursos para la educación, la salud y un seguro de desempleo auténtico. Puede entenderse, pues, la extrema cautela que ha manifestado el presidente Fernando de la Rúa ante los esfuerzos del «lobby» automotor por convencerlo de que todos saldrían beneficiados si se bajaran los impuestos a los vehículos cero kilómetro. Conforme a la Asociación de Fabricantes de Automotores, las empresas del sector podrían vender hasta un diez por ciento más si los impuestos fueran reducidos en una proporción similar. Claro, sólo se trata de una hipótesis, porque no hay forma de prever cuál sería el impacto en el mercado de una rebaja no muy espectacular de los costos de los autos. Después de todo, los compradores de unidades nuevas no se dejan influir únicamente por el precio. Por ser miembros de un sector socioeconómico relativamente próspero, suelen tomar en cuenta muchos factores, entre los cuales figura el clima de pesimismo que se ha difundido por todo el país, con el resultado de que son muchos los que prefieren guardar su dinero hasta que el futuro les parezca menos alarmante.
Aunque De la Rúa y el ministro de Economía, José Luis Machinea, están procurando brindar la impresión de que no habrá más «impuestazos», que, por el contrario, no bien se produzca la tan ansiada «reactivación» comenzarán a reducir la «presión impositiva» que supuestamente es asfixiante, no es demasiado probable que en los próximos años el país se vea en una situación tan desahogada que pueda considerar las presuntas ventajas de adoptar en escala nacional la clase de política que ha hecho suya De la Sota en Córdoba. El gobernador parece convencido de que todos se beneficiarían si el gobierno nacional aplicara una estrategia económica comparable con la puesta en marcha por el presidente Ronald Reagan en los Estados Unidos en los años ochenta. Sin embargo, aquí los problemas sociales afectan a la mayoría, no a una minoría como es el caso en los Estados Unidos. Si se reanudase el crecimiento, de inmediato volvería al centro del escenario el tema de la extrema pobreza en que viven millones de personas. Para atenuarla el gobierno, cuyos jefes desconfían de las recetas reaganianas recomendadas por el mandatario cordobés, tendría forzosamente que recaudar más impuestos, porque a menos que para asombro de todos se inicie un largo período de crecimiento vertiginoso, la clave de la equidad continuará siendo los impuestos que paguen los que más tienen, categoría que incluye a los fabricantes de autos cero kilómetro y sus clientes.