“Desobediencia debida”
Todos recordarán la tétrica frase en la que muchos genocidas fundaban sus crímenes, “obediencia debida”, que luego inclusive fue aplicada en la ley 23521 de Obediencia Debida y Punto Final para apaciguar los ánimos de los represores, cosa que después fue anulada y hoy en día gracias a esa anulación se pueden llevar a cabo los juicios a los genocidas y sus cómplices civiles. Personalmente me tocó desobedecer órdenes siendo soldado en 1977, lo que me costó castigos y calabozo; en realidad, toda mi vida fui un gran desobediente ante las cosas que no me parecían correctas, y creo que casi todos lo somos. Desobedecer debidamente es plantarse ante lo que uno considera que está mal o es un error y que su jefe, o quien tenga ascendencia sobre uno, quiere que haga. Las desobediencias debidas son hechos cotidianos que enaltecen a quien toma esa decisión y dejan al descubierto a la otra parte. Nadie puede poner en duda a un radical militante de base o a un peronista de barrio y embarrado, o a cualquier otro dirigente del signo político que sea pero que milite con el pueblo, y el domingo 14 de este mes el pueblo de Río Negro llevó a cabo un gran acto de “desobediencia debida”. Lo que la calle le enseña a uno, las informaciones que uno puede chequear allí, es el fiel relato de la elección que pasó. En Bariloche, puntualmente, hay un ejemplo que pinta por completo esta elección: el FpV tenía más de cinco locales abiertos para “sus seguidores” y Juntos Somos Río Negro, sólo uno. Tener cinco locales puede parecer algo necesario para quien debe recibir a todo el pueblo que lo quiere acompañar, pero en este caso fue más un acto de poder y soberbia, cinco contra uno y perdieron por paliza… pero ¿quién perdió? ¿El peronista o el radical? No, absolutamente creo que no, lo que sucedió es que en un acto brutal de “desobediencia debida” las bases de estos partidos dijeron “basta” a los dirigentes que actualmente dicen querer representarlos, porque es evidente que no existe empatía personal ni en los hechos. Todo el discurso del candidato del FpV y sus seguidores sobre las bondades que representaba su figura y lo hecho por Río Negro fue en definitiva lo que le jugó en contra, porque ir por un barrio de Bariloche y que el candidato hable junto a la intendenta de las bondades de su proyecto cuando están peor que hace cuatro años es algo que el pueblo le ha hecho pagar y muy caro. Creo sin lugar a dudas que ningún candidato ha tenido el apoyo oficial con que contó el senador Pichetto, desde la presidenta para abajo vinieron a apoyarlo todos y todas y sin embargo el pueblo dijo “no” y con un “no” rotundo y pocas veces visto. Lo mismo o peor le pasó a la UCR, que llevó un candidato que esperaba que el pueblo rionegrino olvidase quién era y cuál era su currículum político de los 90. Coincido con la frase del gobernador electo Alberto Weretilneck cuando expresó: “Acá ganó Río Negro”. Si esa frase es cierta se verá en los hechos y en cada localidad de nuestra provincia, y si fuera un cliché entonces en cuatro años se podría repetir una historia similar, porque si algo está claro es que el pueblo de Río Negro ya no le da más un cheque en blanco a nadie y éste es el gran hecho que me parece que hay que festejar, esta gran “desobediencia debida” de las bases políticas y el ciudadano de a pie, que dijeron “hasta aquí llegaron”. Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche
Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche
Todos recordarán la tétrica frase en la que muchos genocidas fundaban sus crímenes, “obediencia debida”, que luego inclusive fue aplicada en la ley 23521 de Obediencia Debida y Punto Final para apaciguar los ánimos de los represores, cosa que después fue anulada y hoy en día gracias a esa anulación se pueden llevar a cabo los juicios a los genocidas y sus cómplices civiles. Personalmente me tocó desobedecer órdenes siendo soldado en 1977, lo que me costó castigos y calabozo; en realidad, toda mi vida fui un gran desobediente ante las cosas que no me parecían correctas, y creo que casi todos lo somos. Desobedecer debidamente es plantarse ante lo que uno considera que está mal o es un error y que su jefe, o quien tenga ascendencia sobre uno, quiere que haga. Las desobediencias debidas son hechos cotidianos que enaltecen a quien toma esa decisión y dejan al descubierto a la otra parte. Nadie puede poner en duda a un radical militante de base o a un peronista de barrio y embarrado, o a cualquier otro dirigente del signo político que sea pero que milite con el pueblo, y el domingo 14 de este mes el pueblo de Río Negro llevó a cabo un gran acto de “desobediencia debida”. Lo que la calle le enseña a uno, las informaciones que uno puede chequear allí, es el fiel relato de la elección que pasó. En Bariloche, puntualmente, hay un ejemplo que pinta por completo esta elección: el FpV tenía más de cinco locales abiertos para “sus seguidores” y Juntos Somos Río Negro, sólo uno. Tener cinco locales puede parecer algo necesario para quien debe recibir a todo el pueblo que lo quiere acompañar, pero en este caso fue más un acto de poder y soberbia, cinco contra uno y perdieron por paliza... pero ¿quién perdió? ¿El peronista o el radical? No, absolutamente creo que no, lo que sucedió es que en un acto brutal de “desobediencia debida” las bases de estos partidos dijeron “basta” a los dirigentes que actualmente dicen querer representarlos, porque es evidente que no existe empatía personal ni en los hechos. Todo el discurso del candidato del FpV y sus seguidores sobre las bondades que representaba su figura y lo hecho por Río Negro fue en definitiva lo que le jugó en contra, porque ir por un barrio de Bariloche y que el candidato hable junto a la intendenta de las bondades de su proyecto cuando están peor que hace cuatro años es algo que el pueblo le ha hecho pagar y muy caro. Creo sin lugar a dudas que ningún candidato ha tenido el apoyo oficial con que contó el senador Pichetto, desde la presidenta para abajo vinieron a apoyarlo todos y todas y sin embargo el pueblo dijo “no” y con un “no” rotundo y pocas veces visto. Lo mismo o peor le pasó a la UCR, que llevó un candidato que esperaba que el pueblo rionegrino olvidase quién era y cuál era su currículum político de los 90. Coincido con la frase del gobernador electo Alberto Weretilneck cuando expresó: “Acá ganó Río Negro”. Si esa frase es cierta se verá en los hechos y en cada localidad de nuestra provincia, y si fuera un cliché entonces en cuatro años se podría repetir una historia similar, porque si algo está claro es que el pueblo de Río Negro ya no le da más un cheque en blanco a nadie y éste es el gran hecho que me parece que hay que festejar, esta gran “desobediencia debida” de las bases políticas y el ciudadano de a pie, que dijeron “hasta aquí llegaron”. Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche
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