Diálogo inútil

Por Redacción

Por motivos que no son muy claros, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner quiere poner fin cuanto antes al conflicto con Irán por el atentado contra la sede de la AMIA que en julio de 1994 causó la muerte de 85 personas y dejó heridas a más de 300, razón por la que ha elegido negociar con el régimen acusado de cobijar a los autores intelectuales y materiales de la atrocidad con el propósito de alcanzar una solución mutuamente satisfactoria. Dadas las circunstancias internacionales, la iniciativa de la presidenta ha ocasionado mucha sorpresa no sólo aquí sino también en el resto del mundo, ya que en opinión de todos salvo los partidarios de la revolución islámica es evidente que la posibilidad de que los iraníes acepten colaborar es nula. Como ya se han dado cuenta los norteamericanos y europeos que están procurando convencer a los teócratas iraníes de que no les convendría continuar con su programa nuclear belicista, esperar que negocien de buena fe es pedir peras al olmo. Son revolucionarios que, lo mismo que los comunistas y los nazis, subordinan todo, incluyendo la verdad, a sus propias prioridades. Por lo tanto, es absurdo suponer que estarían dispuestos a entregar al ministro de Defensa, Ahmad Vahidi, al expresidente Ali Akbar Rafsanjani y a otros integrantes destacados de la elite gobernante a la Justicia argentina para que sean juzgados, aun cuando el proceso tuviera lugar en un país supuestamente neutral como Marruecos. Esta variante propuesta por el gobierno kirchnerista se basa en la “solución” que adoptó el entonces dictador libio Muammar Gaddafi para superar el engorroso problema que le suponía el atentado contra el avión de Pan Am que en 1988, al estallar sobre la localidad escocesa de Lockerbie, ocasionó la muerte de 270 personas; se celebró un juicio con jueces escoceses en Holanda en que un funcionario libio fue condenado a 27 años de prisión, aunque a opinión de muchos sólo se trataba de un chivo expiatorio. Puede entenderse, pues, que la voluntad patente de Cristina y del canciller Héctor Timerman de acercarse a Irán, el país presuntamente detrás del atentado más mortífero de la historia nacional, haya motivado alarma entre los vinculados con la comunidad judía y extrañeza entre los demás. Saben que a personajes como el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, el líder supremo el ayatolá Alí Jamenei y los fanáticos religiosos del “Consejo de Guardianes” no les interesa en absoluto la legalidad occidental. También saben que, si bien a los iraníes les gustaría mejorar la relación con la Argentina, de tal modo abriendo una grieta en el cerco económico internacional, que cuenta con el apoyo de todas las potencias occidentales y que se ha creado en un intento de obligarlos a abandonar su proyecto nuclear y dejar de proferir amenazas genocidas contra Israel, no soñarían con sacrificar a ningún dirigente, ya que desde su punto de vista cualquier medida en tal sentido sería tomada por un síntoma de debilidad. ¿Por qué, pues, ha decidido Cristina intentar reconciliarse con los iraníes justo ahora? Según algunos, es un gesto de amistad hacia Hugo Chávez, el aliado principal del régimen islamista fuera de Oriente Medio. Otros lo atribuyen al deseo de impulsar el comercio bilateral que, por cierto, ha aumentado mucho en los últimos años. O puede que la presidenta suponga que le beneficiaría distanciarse todavía más de Estados Unidos. Sea como fuere, le hubiera sido difícil elegir un momento menos oportuno. A menos que mucho cambie muy pronto, dentro de poco Estados Unidos, los países europeos y, claro está, Israel tendrán que optar entre impedir militarmente que Irán se pertreche de un arsenal nuclear, por un lado y, por el otro, resignarse a convivir con el peligro que les supondrían armas tan masivamente destructivas en manos de revolucionarios islamistas habituados a glorificar la muerte y manifestar su desdén por la vida. En el discurso que hace pocos días pronunció el presidente norteamericano Barack Obama ante la Asamblea General de la ONU, advirtió que “Estados Unidos hará todo lo necesario para prevenir que Irán obtenga un arma nuclear” por ser cuestión de un desafío que “no se pueda contener”, ya que supondría una amenaza a la existencia de Israel y a la tambaleante economía mundial.


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