Los ahorristas no quieren sacar los dólares del colchón: estiman que hay US$ 170 mil millones fuera del sistema
Pese a los guiños de Wall Street al gobierno de Javier Milei y los incentivos para regularizar capitales, la desconfianza prima entre los tenedores de dólares.
El presidente Javier Milei ha logrado seducir a Wall Street, donde los inversores celebran la disciplina fiscal con la compra de bonos y activos argentinos. Sin embargo, fronteras adentro, la realidad es muy distinta: la profunda desconfianza hacia el sistema financiero y los sucesivos gobiernos mantiene a los ahorristas locales aferrados a la seguridad del efectivo.
Según un reciente reporte de la agencia internacional Bloomberg, las autoridades estiman que actualmente hay unos US$ 170.000 millones fuera del sistema bancario argentino. Desbloquear apenas una fracción de esta inmensa cifra y canalizarla hacia el sistema formal podría ser la clave para reactivar la economía y generar el crecimiento prometido por el oficialismo tras las duras medidas de ajuste.
A pesar de los esfuerzos, convencer a los ciudadanos de depositar sus dólares en los bancos sigue siendo una tarea titánica.
El peso de la historia: del «corralito» a la inflación
Casi 25 años después de la crisis financiera de 2001, cuando el Gobierno impuso el recordado «corralito» y convirtió forzosamente los depósitos en dólares a pesos -los cuales perdieron rápidamente el 75% de su valor-, las heridas siguen abiertas. A esto se le sumaron décadas de crisis cambiarias, picos inflacionarios y una moneda nacional que, según advierte el informe, perdió el 99% de su valor en los últimos diez años.
Para los argentinos, comprar dólares y guardarlos en efectivo -en cajas de seguridad o literalmente debajo del colchón- se ha convertido en el principal mecanismo de defensa ante las emergencias.
«Los gobiernos en Argentina se dedicaron a hacer cualquier cosa durante años. ¿Cómo no vas a perder la confianza?», explicó a Bloomberg Alejandro Lamas, un experimentado vendedor de autos usados de Buenos Aires.
Por su parte, Marcelo Capobianco, un comerciante del conurbano bonaerense y simpatizante de Milei, resumió la lógica local: “Al desvalorizarse tu dinero, todos corremos al dólar. Acá no hay nadie que ahorre en pesos. El que lo hace, está fuera de juego”.
El plan del Gobierno y un blanqueo a «cuentagotas»
Para intentar revertir esta tendencia, la administración libertaria lanzó un programa de incentivos fiscales (referido en el informe como «Inocencia Fiscal») para que los argentinos reincorporen sus ahorros no declarados al sistema. La premisa es clara: a quienes depositen sus dólares no se les pedirán explicaciones ni serán investigados por las autoridades tributarias.
El ministro de Economía, Luis Caputo, insiste en que el contexto actual es diferente y plantea la medida como un beneficio mutuo, donde el país reactiva su economía y los ahorristas obtienen rendimientos por un dinero que, en sus casas, pierde valor contra la inflación estadounidense. Incluso el Banco Nación se sumó a la iniciativa con una campaña humorística bajo el eslogan «Aliviá tu colchón».
No obstante, los resultados aún son tímidos. Según los datos analizados por Bloomberg, los depósitos en dólares aumentaron en menos de US$ 1.000 millones desde el lanzamiento del programa en febrero, aunque voceros del Ministerio de Economía destacan que los depósitos en moneda extranjera (cercanos a los US$ 40.000 millones) están en su nivel más alto desde 2001.
“Los dólares ingresan todavía a cuentagotas”, señaló Adrián Yarde Buller, economista jefe de Facimex Valores. “El potencial es enorme, pero se necesita más que una ley para que eso ocurra. Necesitás recrear la confianza en las instituciones, y eso es algo que lleva mucho tiempo”.
La demanda de moneda extranjera en el país es tan fuerte que promedia los US$ 2.000 millones mensuales, con picos que pueden superar los US$ 6.000 millones en épocas de tensión electoral. Se estima que cerca del 10% de estas compras queda en efectivo dentro de las casas o viaja al exterior.
Esta profunda cultura de atesoramiento generó un mercado con reglas propias, como la histórica distinción entre los billetes de 100 dólares «cara chica» (las series antiguas) y los «cara grande» (los más nuevos), que suelen cotizar con diferencias en el mercado informal.
Esta dinámica también forjó habilidades únicas entre los comerciantes locales. Acostumbrados a operar con billetes viejos, gastados o húmedos por años de encierro, muchos desarrollaron una capacidad casi infalible para detectar falsificaciones con el simple tacto. “Los comerciantes argentinos conocen más cuáles son los dólares falsos que los propios norteamericanos”, concluyó Lamas, reflejando una particularidad de la economía argentina que, al menos por ahora, parece difícil de desarmar.
El presidente Javier Milei ha logrado seducir a Wall Street, donde los inversores celebran la disciplina fiscal con la compra de bonos y activos argentinos. Sin embargo, fronteras adentro, la realidad es muy distinta: la profunda desconfianza hacia el sistema financiero y los sucesivos gobiernos mantiene a los ahorristas locales aferrados a la seguridad del efectivo.
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