Dicen que Miriam Flores le tenía miedo a Pucci

No atendía sus llamados y evitaba encontrárselo.

Leonardo Petricio

NEUQUÉN (AN)- “Si algún día me encuentran tirada en una zanja o flotando en el río, hay un solo responsable: el viejo”. La frase la repetía con frecuencia Miriam Flores (25), y “el viejo” era Salvador Pucci (59), con quien había mantenido una relación que ella quería terminar.

Miriam Flores no apareció en una zanja ni en el río, sino semienterrada a la vera de la Ruta 152 en el sur de La Pampa. A Pucci lo están juzgando como presunto autor de su asesinato.

La frase que reflejaba el temor de la joven la relató ayer, en la segunda audiencia del juicio oral, la dueña del hogar de ancianos donde trabajaba la víctima, Mirta Pope.

Miriam desapareció el 5 de mayo de 2010 y su cadáver fue hallado el 1 de junio de ese año. La causa de la muerte fue asfixia por sofocación, y en la boca tenía un billete de un dólar.

Durante su declaración, Pope señaló que Miriam había mantenido una relación con el imputado. “Era su pareja”, dijo. Pucci, en la extensa indagatoria que prestó el lunes, admitió la relación pero negó haber sido su pareja.

De acuerdo con la testigo que declaró ayer, Miriam y Pucci compartían una vivienda. Cuando ella empezó a distanciarse de él (la mujer dijo que desconocía las razones) la ayudó a alquilar otro departamento, pero resultó que el imputado prácticamente se trasladó a vivir ahí. Entonces Miriam comenzó a quedarse a dormir en el hogar de ancianos. “Decía que tenía miedo del viejo”, contó Pope.

La dueña del hogar también expresó que Miriam no tenía enemigos ni problemas con nadie, salvo con Pucci. El imputado dijo, en cambio, que le debía plata a personas que no identificó, y que la buscaban por ese motivo.

Un tiempo antes de desaparecer, Miriam se enteró de que Pucci mantenía una relación con otra mujer en Cipolletti, con la cual tenía un hijo. Habría sido una de las razones por las cuales quiso poner distancia con el hombre. También sabía que había sido condenado por el asesinato de su primera esposa. “Pucci nunca la dejó en paz. La llamaba, la esperaba afuera del hogar, y ella no quería atenderlo”, contó Pope.

Aclaró sin embargo que “siempre se comportó de manera muy educada”.

Otro de los testigos de ayer fue el psicólogo forense Flavio D’Ángelo, quien entrevistó dos veces al imputado. Una de sus conclusiones fue que “por su alto sentido de sí mismo, no soporta el abandono”. Agregó: “el abandono es visto (por el imputado) como una ofensa narcisista”.


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