Diez años más

Por Redacción

Es sin duda natural que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se haya convencido de que el país se vería beneficiado si a “esta década ganada” le siguiera “otra más” ya que, si no creyera estar haciendo una buena gestión, tendría que optar entre cambiar radicalmente tanto el gobierno como el rumbo por un lado y, por el otro, renunciar, dejando el cargo que desempeña en manos del vicepresidente Amado Boudou. Así y todo, la posibilidad de que el kirchnerismo tal y como lo conocemos logre mantenerse en el poder hasta mayo del 2023 es escasa no sólo porque, según la Constitución nacional, a Cristina no le será dado aspirar a un tercer mandato consecutivo y no hay ningún sustituto, con el poder de convocatoria necesario, a la vista, sino también por razones matemáticas, por decirlo de algún modo, ya que el “modelo” político y socioeconómico que ha improvisado consume mucho más de lo que produce. Se trata de una deficiencia común a todos los esquemas populistas, pero mientras que en el pasado los líderes de tales proyectos podían demorar la hora de la verdad endeudándose, los kirchneristas no podrán aprovechar los ahorros ajenos porque el país se ha aislado del sistema financiero internacional. Si bien la soja sigue aportándoles muchísimo dinero, gastan más, mucho más; ya han agotado los recursos procedentes de los fondos de previsión privados, las reservas del Banco Central han bajado mucho últimamente, continúa la sangría de divisas, la presión impositiva parece haberse acercado al límite soportable, el blanqueo suministrará, a lo sumo, un respiro muy breve y nadie en sus cabales quiere invertir. Mientras tanto, la inflación desbocada está provocando cada vez más estragos, YPF pierde plata y el costo de importar energía aumenta a una velocidad alarmante. En otras palabras, de ser “el modelo” una empresa, no tardaría en caer en bancarrota. ¿Lo entiende Cristina? Parecería que no, que supone que tales detalles carecen de importancia, que una buena cosecha, combinada con el fervor militante de los muchachos de La Cámpora, sería más que suficiente para permitir que el movimiento que se ha aglutinado en torno a su figura salte por encima de los muchos obstáculos en el camino. ¿Lo entienden los cinco funcionarios que, sin conformar un equipo, manejan distintos sectores de la economía? Extrañaría que al menos algunos no comprendieran que el rumbo al que la presidenta se aferra está llevando el país a una situación insostenible, ya que se aproxima el día en que sea necesario comenzar a pagar los costos de la fiesta de consumo y de subsidios de la que depende la popularidad del gobierno, pero parecería que prefieren callarse a correr el riesgo de enojar a la presidenta trayéndole malas noticias. Lo mismo que aquellos empresarios que se han sumado al coro peripatético de aplaudidores que la acompañan en los actos públicos, saben que no les convendría advertirle de los peligros que le aguardan, pero a diferencia de quienes podrían alejarse a tiempo de un eventual naufragio, los funcionarios forman parte de la tripulación y por lo tanto compartirán la responsabilidad por el destino de un “modelo” que ya hace agua. Cortoplacistas por vocación, los kirchneristas están apostando todo a que su esquema se mantenga a flote hasta las elecciones legislativas de octubre. Sin embargo, aun cuando los meses próximos resulten ser relativamente tranquilos, sorprendería que los votantes les brindaran el apoyo abrumador que precisarían para impedir que los reveses económicos, que con toda seguridad seguirán produciéndose, tengan un impacto político muy fuerte. Por lo demás, las denuncias acerca de los delitos atribuidos a lo que algunos han dado en llamar el “ladriprogresismo”, o sea los persuadidos de que los presuntamente buenos tienen derecho a saquear el país, de tal forma salvándolo de las garras de “la oligarquía”, ya han hecho mermar el capital político de Cristina, una mandataria cuyo poder depende en gran medida de su, para muchos inexplicable, popularidad personal. Desgraciadamente para aquellos políticos profesionales y empresarios cortesanos que se han visto beneficiados por “el carisma” atribuido a Cristina, de reflejar la realidad las encuestas de opinión más recientes, el ingrediente mágico así supuesto no podrá obrar milagros por mucho tiempo más.


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