Dólar contra euro
Gracias a Cavallo y a Menem se modificó drásticamente el debate sobre la moneda.
El ex presidente Carlos Menem logró convertirse en blanco de una lluvia de reproches al aconsejar a «todo argentino que tenga un peso, que compre dólares lo más rápido posible» a fin de salvarse de las consecuencias de una hipotética devaluación, pero en el contexto de la convertibilidad se trata de una sugerencia lógica por tratarse de un sistema que al facilitar la compra de dólares entraña mecanismos que le permiten adaptarse a las circunstancias. Asimismo, puesto que Menem es un partidario entusiasta de la dolarización, es natural que haya querido promoverla pidiendo a la gente ayudarlo en su cruzada. Como sin duda entiende, si por los motivos que fueran la población del país optara por «dolarizarse» por completo, dando el toque final a un proceso que se inició varias décadas atrás, tendría la batalla ya ganada aunque, claro está, de parecer que a la larga el euro resultaría una alternativa más atractiva la guerra entre las dos monedas continuaría.
Desde el punto de vista del gobierno, la maniobra de Menem fue «una insensatez», una forma de apostar contra el peso y la estrategia de Domingo Cavallo de «ampliar la convertibilidad» dotándolo de una base internacional, que ya ha provocado zozobra en un momento muy tenso. Sin embargo, aunque la intención de Menem haya sido tan malévola como el presidente Fernando de la Rúa y otros suponen, en un país en que cualquiera puede elegir la moneda que más le guste es legítimo proponer la dolarización espontánea subrayando que brindaría más seguridad. Asimismo, en cierto modo la polémica que ha desatado Menem le conviene al gobierno porque, tal como habrá querido el propio Cavallo, ha contribuido a desplazar una tercera opción que hasta hace poco cobraba fuerza día a día, la supuesta por el abandono de la convertibilidad seguido por una devaluación que nadie ignora sería traumática.
Gracias a Cavallo primero y, últimamente, a Menem, se ha modificado de manera drástica el debate en torno de la moneda. Ya no es cuestión de elegir entre el peso atado al dólar por un lado y, por el otro, el regreso a la autonomía monetaria costosísima de otras épocas, sino de discutir los méritos relativos de la dolarización frente a la eurorización parcial, modificación que a menos que el mundo esté en vísperas de una serie de convulsiones económicas y financieras cambiaría muy poco. Por cierto, el que agrupaciones empresarias que antes se manifestaban en favor de una devaluación hayan acogido con cierto fervor el planteo en pro del euro de Cavallo puede considerarse muy positivo. Siempre y cuando no cambien de opinión, significa que se han resignado a que en el futuro tendrán que convivir con una moneda que a lo sumo perdería una fracción de su valor frente al dólar estadounidense, pero que también podría revaluarse. Si bien por lo pronto ha ocasionado «zozobra» y perplejidad, a la larga la introducción sorpresiva del euro en el debate en torno de la convertibilidad podría atenuar la angustia de los muchos que temen que una devaluación suponga la pérdida de todo lo logrado a partir de 1991 porque, al fin y al cabo, la puesta en marcha del esquema planteado por el superministro distaría de constituir un desastre.
Otra consecuencia positiva -deseada o no, da igual- de la «insensatez» de Menem ha consistido en recordarnos que en última instancia la moneda elegida por el país dependerá de la ciudadanía en su conjunto, no de los políticos. A su manera, la convertibilidad fue una forma de oficializar la situación creada por la voluntad de sectores cada vez más amplios de hacer del dólar su medio de cambio a pesar de la existencia de leyes encaminadas a impedirlo. Mucho ha sucedido a partir de aquellos tiempos, pero una proporción significante de la población sigue confiando más en el dólar que en el peso y, por razones nada misteriosas, este segmento ha crecido en el curso de la gestión de la Alianza. Si el gobierno quiere convencerlo de que está equivocado porque el peso conservará su valor, tendrá que hacerlo mediante hechos, no palabras. En cuanto al destino del euro en la Argentina, dependerá más de la evolución de la economía de la Unión Europea que de las exhortaciones de Cavallo o del proselitismo dolarizador del ex presidente Menem.