Don segundo
Columna semanal
Palimpsestos
Toda elegía es el testamento de una pérdida. El dolor de ya no ser. El canto del cisne. Un siglo después de Bartolomé Hidalgo y su inicio de la gauchesca, Ricardo Güiraldes (1886-1927) nos cuenta el fin del gaucho como tipo literario. “Don Segundo Sombra” es una novela elegíaca porque su protagonista, el gaucho Sombra, es eso, una sombra ya en medio de esa pampa “amansada” como le llamaba su autor. Una sombra camino de la oscuridad. El último destello del gaucho antes de la negrura, eso cuenta la novela de Güiraldes.
Basada en un personaje real, un resero conocido por los pagos de Areco, llamado Segundo Ramírez Sombra, la creatura literaria terminará convertida en un arquetipo del gaucho, así lo ve por primera vez el jovencito Fabio Cáceres en la penumbra del atardecer. “Inmóvil, miré alejarse, extrañamente agrandada contra el horizonte luminoso, aquella silueta de caballo y jinete. Me pareció haber visto un fantasma, una sombra, algo que pasa y es más una idea que un ser”.
La novela repite el transitado esquema de un maestro viejo y un discípulo joven. Nos cuenta las enseñanzas de Don Segundo en compañía de Fabio ante diversas situaciones, especialmente en sus labores de reseros, arreando ganado de un lugar a otro. En ese sentido se la puede pensar como una novela peripatética, enseña mientras se anda. Este desplazamiento le permite a Güiraldes mostrar su conocimiento de la pampa y la riqueza y variedad de su estilo. Acá te dejo dos frases de muestra: “La luna volcó por la puerta una mancha cuadrada, blanca como escarcha mañanera”; “Respiré hondamente el aliento de los campos dormidos”.
Tres años pasa Don Segundo con el muchacho, los suficientes para erigirlo en un hombre virtuoso y por azar del destino, en un estanciero rico. Esta resolución propia de los culebrones de la tarde es lo que menos nos convence a los lectores actuales. El final es simbólico, el auténtico gaucho se va, se pierde entre lomadas y hondonadas (“Se fue reduciendo como si lo cortaran de abajo en repetidos tajos”)y deja a Fabio, alguien que tiene ideales gauchescos pero ya no es un gaucho, metafóricamente desangrado.
Néstor Tkaczek – @ntkaczek@hotmail.com