Dos pájaros de un tiro
Siempre que el servicio militar sea voluntario, habrá muchos que preferirían aprovechar la oportunidad a seguir a la deriva.
De no haber sido por el antimilitarismo comprensible que caracteriza a una parte influyente de la sociedad argentina, pocos se hubieran opuesto con virulencia a la propuesta del general Ricardo Brinzoni de que el Ejército participara de los «planes Trabajar» reclutando a 15.000 jóvenes que de otro modo quedarían desocupados. Sin embargo, parecería que a juicio de ciertos sectores sólo se trata de una maniobra astuta destinada a permitir que el Ejército recupere una franja del terreno perdido a raíz de la virtual abolición del servicio militar obligatorio, planteo que es compartido por diversas organizaciones de derechos humanos y por muchos políticos «progresistas». Asimismo, no han sido olvidados los abusos perpetrados que tanto contribuyó a difundir el caso derivado del asesinato de Omar Carrasco y que redundaron en la decisión muy popular del presidente Carlos Menem de consignar la «colimba» a la historia. Así las cosas, ocasionó cierta sorpresa la voluntad del ministro de Defensa, Ricardo López Murphy de avalar en público la propuesta, señalando que «no es un plan del Ejército, es un plan de Defensa», es decir, del gobierno del presidente Fernando de la Rúa, asegurando de este modo que el ala izquierdista de la Alianza tuviera más motivos para sentirse decepcionada por una gestión que a su entender ya es demasiado conservadora.
Según López Murphy, es un buen plan porque constituiría una forma de «utilizar el dinero disponible de la manera más eficaz para el Estado» al combinarse los beneficios necesariamente limitados de los planes Trabajar con las ventajas brindadas. En opinión de los antimilitaristas, tales ventajas ya son ficticias y serían menores en comparación con las que brindaría un programa de servicio netamente civil, lo cual puede parecer cierto en teoría pero no se condice con la experiencia de los países más avanzados, en los que todos, salvo los pacifistas más dogmáticos, aceptan que para un joven de instrucción deficiente un período como soldado puede resultar muy positivo, sobre todo si le brinda la posibilidad de aprender un oficio que podría serle útil después. Además, incluso cuando lo aprendido formalmente no es mucho, el haber vivido durante cierto tiempo en un ambiente estructurado en compañía de personas que normalmente nunca hubiera conocido suele facilitar la transición hacia la madurez.
Por razones evidentes, quienes finalmente decidirán sobre los méritos o desventajas del «plan» de López Murphy serán personas que tienen muy poco en común con los adolescentes desocupados, muchos de ellos sin nada que pudiera llamarse un «proyecto de vida», que integrarían las filas de los voluntarios para la defensa. Pero aunque es natural que políticos e intelectuales se opongan instintivamente a cualquier esquema de este tipo, extrañaría que los jóvenes mismos pensaran del mismo modo. Siempre y cuando el servicio sea voluntario, habrá muchos que preferirían aprovechar la oportunidad que plantea a continuar a la deriva sin estudiar ni creer en la posibilidad de conseguir un trabajo estable.
En términos militares, un voluntario que reciba un entrenamiento intensivo de un par de meses, seguido todos los años por algunas semanas de repaso, no valdría demasiado, pero ocurre que en todos los países se dan circunstancias -terremotos, inundaciones u otros desastres naturales- en las que unidades militarizadas pueden cumplir tareas imprescindibles con eficacia muy superior a la manifestada por sus equivalentes civiles. Por motivos archiconocidos, son muchos los reacios a permitir que las fuerzas armadas desempeñen cualquier función de esta clase, y es de prever que tal actitud persistirá hasta que los militares mismos prueben que ellos también han comprendido plenamente las enseñanzas del pasado. Es de esperar que lo hagan pronto porque, como subrayó López Murphy, el plan propuesto por el general Brinzoni es intrínsecamente bueno, y si por razones que podrían calificarse de políticas no resulta viable, por ahora los perjudicados no serán tanto los militares cuanto los miles de jóvenes que de otro modo disfrutarían de una experiencia formativa excelente.