Drama que apuesta a las ganas de vivir
Adaptación cinematográfica, llena de emoción, de la novela para adolescentes de John Green.
Cine
Hazel (Shailene Woodley) es una adolescente que padece un cáncer avanzado de tiroides. Gracias a que sus doctores la sometieron a una droga experimental, tiene a su enfermedad –por ahora– controlada. Su rutina se basa en mirar reality shows, tomar pastillas, ir al shopping, tomar pastillas, releer una y otra vez su libro preferido, tomar pastillas: Hazel se niega a aceptar que está deprimida.
Es por este motivo que su doctora la obliga a asistir a un grupo de apoyo para jóvenes con cáncer. A regañadientes acude a la sesión y allí conocerá a Gus (Ansel Elgort), un joven que perdió su pierna derecha por osteosarcoma. Aunque está en remisión, llega allí por pedido de su mejor amigo Isaac (Nat Wolff) que padece cáncer de ojos y está a punto de quedar ciego.
Gus quedará automáticamente flechado de la cínica y algo irónica Hazel y poco a poco le hará cambiar su oscura visión del futuro.
Este filme se basa en la novela homónima del escritor John Green, que se publicó en enero de 2012 y que a los pocos meses se convirtió en best seller. No es de extrañar, ya que el autor apunta siempre a un público adolescente y esta obra tiene todos los condimentos para seducirlos.
No se puede negar que la película en sí es un conjunto de clichés dramáticos que se han visto en millones de filmes. Pero están mezclados inteligentemente, de tal manera que mantiene al espectador atrapado durante sus dos horas de duración.
Es que se puede llegar a intuir lo que va a pasar o lo que va a ocurrir, y eso igual no va en detrimento de la trama. Desde el principio la protagonista plantea que lo que vamos a ver no es una historia que vaya a tener un final feliz, y promete con creces lo que dice.
Cuando se ve este filme es imposible no remitirse a la recordada “Love Story” (1970), en la que Ali MacGraw y Ryan O’Neal lograban que todos derramaran mares de lágrimas incontenibles. Bueno, prepárense para lo mismo acá.
La particularidad de este largometraje es la elección de los personajes protagonistas. Ellos son adolescentes y los jóvenes son siempre símbolo de salud, de la mejor etapa de la vida de una persona. Hazel y Gus están enfermos y sienten que tienen “negada” la entrada a la adultez o incluso a enamorarse. Cuando lo hacen y empiezan a recorrer ese camino la importancia que tiene eso en sus vidas se eleva a la décima potencia por su condición. Hay algunos diálogos que tienen tanta sabiduría como otros que son totalmente duros, pero el director Josh Boone -“Un lugar para el amor” (Stuck in Love, 2012)- logra matizar tanta carga sentimental con momentos y situaciones agradables, incluso algunos cómicos, bastantes bien logrados para que el espectador logre respirar.
Los ascendentes Woodley y Elgort, que en su anterior película, “Divergente” (Divergent, 2014), habían hecho de hermanitos, logran la química necesaria para que creamos, nos interese y hasta apostemos por esa pareja ficticia. Laura Dern y Sam Trammell personifican a los angustiados padres de la protagonista, mientras que Willem Dafoe hace de Peter Van Houten, el escritor del libro favorito de Hazel al cual se aferra porque se siente comprendida.
“Bajo la misma estrella” celebra la vida, la esperanza, las ganas de vivir, la actitud, y no hay forma que, de alguna u otra manera, no llegue al corazón del que la vea. Pero el camino hasta ese mensaje está lleno de situaciones extremas de donde no se puede salir indemne. Una última recomendación: hagan de tripas corazón y no olviden llevar un buen paquete de pañuelos descartables.
Leo González