Fracasó la política antiinflacionaria; nadie asume los costos ni renuncia

El 2021 terminó con una inflación arriba del 50%, con el agravante de que los precios y tarifas están intervenidos, los valores de servicios controlados y el dólar retrasado artificialmente para que no tenga impacto en IPC. ¿Se da cuenta el Gobierno de que algo esta funcionando mal?





Feletti sigue anunciando medidas aisladas para intentar de contener la inflación.

Es llamativo el poder que tiene el relato del Gobierno. Pero solo sirve para justificar, en el momento, las malas medidas que aplican buscando contener el nivel de precios que está pulverizando el salario de los argentinos. “La reunión con los empresarios ha sido un éxito”, “Lograr una inflación por debajo del 3% en este contexto, es todo un éxito”, “El precio de la carne bajó, lo que demuestra que han sido un éxito las medidas tomadas por el Gobierno”, fueron tan solo algunos de los tantos conceptos del secretario Roberto Feletti -y su entorno- a la hora de autoevaluar su gestión al frente de un área tan sensible como es Comercio Interior.

Cuando se intenta reflexionar sobre cada una de estas frases, lo primero que se puede decir es el bajo nivel en el que cayó el valor de la palabra dentro el Gobierno. La mentira en cada uno de sus actos ya es una constante.

Solo mirar el Presupuesto presentado por el ministro Martín Guzmán, en el que se aseguraba que la inflación durante todo el 2021 se iba a ubicar en el 29%, refleja la ausencia total de sensibilidad hacia una población que tiene más del 40% de sus ciudadanos por debajo de la línea de pobreza. Porque la inflación, en definitiva, es uno de los factores que está directamente ligado a la pobreza.

Nada cambio con la llegada de Feletti al Gabinete: El puesto que ocupa solo es parte de una puja interna de poder en la que los ciudadanos poco tienen que ver. Desde que llegó al ministerio de la Producción, la inflación no solo no bajo, sino que se aceleró. La lógica acompaña los resultados: mismas medidas que se vienen aplicando hace ya más de 50 años que no logran los objetivos deseados.

No hay nuevas ideas para impulsar cambios que permitan contar con un sendero a la baja de precios. Ese es el principal problema que enfrenta el Gobierno. Y es por ello por lo que tampoco existe un plan económico integral que contemple a esta variable.

Diciembre termina con una inflación cercana al 4%, una de las más altas de la gestión de Alberto Fernández. Anualizada, arriba del 50%, con precios y tarifas intervenidas, valores de servicios controlados y dólar retrasado para que no tenga impacto en IPC. Claramente el gabinete económico fracasó en su intento de bajar la presión que genera la inflación en la economía y sobre los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.

Pero, pese este rotundo fracaso, nadie tiene la intención de dejar su puesto en el Estado, porque el Gobierno se autoconvence de que la política económica que se está aplicando es un éxito. Más relato, más mentiras. Otra señal de la distancia que existe entre la dirigencia política y la ciudadanía.


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