La inflación castiga más la compra en los barrios: menos carne y más hambre en Neuquén, Roca, Viedma y Bariloche

Menos consumo de carne y chicos hambrientos los lunes en los comedores escolares. Los comerciantes de los barrios lidian con el aumento de precios y apelan a la imaginación para poder mantenerse en pie. Los clientes compran por unidad o por mayor para aprovechar los precios más económicos.

En la verdulería de República de Italia y Las Palomas de Neuquén siempre hay clientes. Allí Franco Tiseira se encarga de ir todos los días de conseguir el precio más económico para vender a sus vecinos la papa negra o la bolsa de cebolla. Consigue en mayoristas o directamente con productores. Las claves: conocer el negocio y saber qué necesitan los vecinos. “Si traigo rúcula no la compra nadie pero las paltas me la sacan de las manos”, contó.

Locos por el fiambre es atendido por Darío Hernández en la calle Godoy 998. “Los primeros días del mes se vende bien, pero después comienza a mermar y la gente compra con tarjeta de crédito”, contó. Todos los meses debe cumplir con el pago de la luz que, en su caso, con tres heladeras debe pagar $120 mil, el doble de lo que debe pagar por el alquiler del local. ¿Cómo se adapta?: sale a ofrecer productos como mayorista para otros locales o para festejos familiares o sociales en el sector más poblado de la ciudad de Neuquén.

En la zona Oeste de la ciudad el cambio comercial parece cambiar con mucha velocidad. Para una verdulería amigable como Tahiel lo mejor es una esquina que no sea sobre Godoy porque no hay donde estacionar. A 100 metros de la calle principal, el cliente estaciona y carga una bolsa de cebolla o aprovecha los dos maples de huevos en oferta.

Por supuesto que la compra diaria tiene su costado flaco vinculado a la crisis: se compra zanahoria más chica y más barata o se evita la papa blanca que es más cara, pero rinde menos porque, dicen, se cocina y se deshace.

Hernández dice que la paleta sanguchera es la más vendida, que el precio del queso se duplicó desde febrero, y que sus vecinos optan por comprar las fetas exactas que van a utilizar, cuatro por ejemplo. Nada más. Se las ingenia para ofrecer combinaciones de productos, pero lo que antes era un kilo de cada uno, ahora es de medio kilo. También hay una suerte de competencia por el marketing a través de la publicación de precios en pizarrones que se colocan en las esquinas pero que no corresponden al comercio inmediato sino que hay que buscarlo una decena de metros.

La adaptabilidad en función del consumo permite observar que no son pocos los comercios que se mudan hacia la avenida Pérez Novella que, luego de la conexión con Casimiro Gómez, incrementó su tránsito. La competencia también es por los productos que se venden en conjunto, combos en el caso de fiambrerías y verdulerías. Hay un local de venta de productos avícolas por cuadra que ofrecen un kilo de milanesas desde los $1200 hasta los $1800, en sintonía con los cartones de 30 huevos que tiene una base de $2.000.

Los clientes que van a los comercios de cercanía premian con su fidelidad al comerciante que les ofrece el plus, no sólo de atención sino también de mejor precio. “Cuatro cebollas en una bandeja me costaba la mitad de lo que acá compré una bolsa”, dijo un vecino mientras señalaba la pila que tenía acumulada Tiseira.

La crisis viró el mercado a la informalidad. Los comerciantes hablan pestes de los recargos que tienen las tarjetas de crédito que, sin embargo, deben lidiar porque muchos financian la compra de comida. Optan por el sistema de pago virtual no bancario.

En la zona funcionan, según los días, ferias de frescos y perecederos en sitios públicos como plazas o baldíos. El cambio de costumbre también es palpable en la atención de los locales. Los tradicionales productores que tenían su comercio están en remisión y se focalizan en la venta en ferias en cantidad. El menú de verduras en grandes superficies se reduce a una decena de productos porque el cliente prefiere el comercio específico y de cercanía.


Bariloche y el rol de los comedores escolares: «Cuesta que coman carnes porque no están acostumbrados»


Por Lorena Roncarolo

Los comedores de las escuelas se convirtieron en un factor determinante para muchas familias de los barrios más humildes de Bariloche. Los directivos consideran que el almuerzo que se brinda a los estudiantes es la comida más importante del día a la que acceden muchos de esos chicos.

“Mucha gente elige la escuela por el servicio de comedor, con la garantía de una buena comida supervisada por una nutricionista”, resumió Aníbal Escudero, vicedirector de la escuela 329 del barrio Pilar II al sur de Bariloche, a la que concurren 69 alumnos.

Desde que ese colegio pasó de la jornada simple a la extendida -y por lo tanto, se ofrece desayuno, almuerzo y merienda- mejoró la asistencia por parte de los alumnos.

“Mis compañeros comentan que cuando el colegio era jornada simple había un alto porcentaje de inasistencias”, contó Escudero y agregó: “Ahora, estamos intentando romper con algunos hábitos. Se nota que muchas familias ya no elaboran comidas. Van directo al fideo blanco. Entonces, cuando ofrecés menúes variados con diferentes verduras, por ejemplo, los chicos no comen. Tiene que ver con la falta de costumbre en la incorporación de algunos alimentos”.

Valeria Escobar, directora de la escuela 315 del barrio Malvinas, coincidió en que el comedor ofrece alimentos que están por fuera de la dieta habitual de los chicos. Matambre a la pizza, zapallitos o berenjenas rellenas o tartas de verdura. La oferta varía.

Resulta un alivio. Una gran ayuda. Y lo notamos especialmente los lunes cuando regresan del fin de semana porque los chicos vienen con más hambre»,

explicó Valeria Escobar, directora de la escuela 315 del barrio Malvinas.

“Ayudamos a que los chicos puedan aprender a comer de otra manera. De hecho, ellos mismos le suelen pedir a Julieta, nuestra cocinera, que les enseñe a cocinar a las mamás”, señaló Escobar.

La directora advirtió la importancia del comedor de las escuelas para las familias. “Resulta un alivio. Una gran ayuda. Y lo notamos especialmente los lunes cuando regresan del fin de semana porque los chicos vienen con más hambre. Por eso, los viernes y los lunes, la cocinera prepara una comida bien sustanciosa”, expresó Escobar.

Unos 130 estudiantes concurren a la escuela 367 del barrio Omega. “Son muy pocos los chicos que almuerzan en su casa. Solo hay unos 10 que no comen en la escuela ya sea por una cuestión de organización familiar o porque viven más alejados de la institución”, explicó Soraya Paz, directora de la escuela 367.

Aseguró que las viandas son variadas, que acceden a bastante mercadería y de buena calidad. “Se recibe carne, verduras, lácteos. Y para las familias es un respaldo importante porque la mayoría tiene jornadas laborales de todo el día y los chicos quedan en la escuela con la posibilidad de acceder a una alimentación saludable”, señaló Paz.

Alrededor de 155 niños concurren a la escuela 343 del barrio Unión. “Sin dudas, el almuerzo que se ofrece en el comedor es la comida más fuerte de muchas familias, en especial por lo nutritiva. Se incorporan carnes, verduras, frutas, legumbres”, expresó Melina Lanutti, directora de la institución.

Advirtió que “el objetivo es que la comida sea lo más saludable posible. La idea es que aprovechen a comer lo que no comen en sus casas. Cuesta que coman carnes porque no están acostumbrados. No forma parte de su rutina alimenticia”, sostuvo.


Las ferias y el pollo, la opción en Viedma


La feria municipal de Viedma se transformó en un alternativa de la economía familiar, con mayor concurrencia de vecinos y la opción de precios más económicos.

Dos veces por semana, los martes y sábados, los puestos se instalan en la manzana de Las Heras, Contín, Hilario Lagos y Moreno.

Las propuestas se duplicaron en ofertas, centradas en paquetes de productos y valores inferiores por kilo.

“Dos kilos de manzanas, mandarinas o bananas por 600 pesos”, arenga Joaquín, desde su puesto. Los precios sin inmejorables.

El kilo de bananas en el supermercado llega a los 700 pesos. Es cierto, también, que la propuesta de la feria corresponde a productos nacionales, puntualmente, salteñas y no la habitual importada, en general, de Ecuador.

Erica resalta la asistencia de “más gente”, que “busca ofertas” aunque sus compras “ya son más chicas”.

Compran, pero menos. Si llevaban 10 kilos, ahora se van con seis, o lo mínimo quienes antes pedían un kilo”, dice Valentín, que ofrece un frasco de medio kilogramo de miel por 650 pesos.

En su puesto, Joaquín insiste con sus productos, aseverando la conveniencia porque se llevan un “bagayo” de productos “por 4.000 o 5.000 pesos”. Relata sus ofertas, como “10 paltas por 2.500 pesos”, y acepta que los consumidores se retraen cuando, por ejemplo, “sube el tomate, entonces se llevan dos o tres”, pero “vuelven a comprar cuando bajan sus precios, como ahora”.

Joaquín enfatiza que los consumidores están más volcados a las verduras y frutas, con “precios estables” y dejando de lado a la carne.

Aún esa percepción, la realidad indica que los cortes en las carnicerías en la Capital provincial subieron -en promedio- en un 67% en los primeros cuatro meses, considerando el relevamiento realizado por Estadísticas y Censos.

Carlos Procoppo, dueño de una cadena de carnicerías, aceptó una disminución en la venta de carne vacuna mientras “creció en el pollo”, entendido por valores menores y, además, ofertas donde se acentúa esa diferencia.

“Tenemos promociones y llegan a comprar un kilo de carne (vacuna) pero, al final, con menos dinero, terminan llevándose tres kilos de pata muslo por 1.600 pesos”, ejemplifica.

Explica el descenso moderado del consumo de los cortes de carne, pero mantiene del esfuerzo de los consumidores en el sostenimiento de algunas tradicionales, como el asado y, por eso, los fines de semanas, plantea ofertas por cortes para las parrillas.


La crisis golpea a los clientes y comercios de Roca: «Varios vienen y me piden llorando que les de fiado»


-¿»Qué va llevar vecina»?, preguntó el dueño de la verdulería y la respuesta pareció no sorprenderlo.

«Un huevo», dijo la mujer y enseguida le entregó el puñado de billetes a Héctor Vera (74), propietario del local ubicado en calle San Juan y Gavilán.

En la zona norte de Roca los embates de la economía golpean a todos por igual y los pequeños comerciantes son los que reciben a diario las quejas y el malestar de los clientes.

«Así pasa todo el día, la gente ha dejado de comprar por cantidad y ya viene y comprar de a una cebolla, de una banana o cualquier otro producto», remarcó Vera, quien aseguró que las ventas cayeron de una forma alarmante.

Para don Héctor, el problema es que «se ha dolarizado» todo y encima hay que agregarle que la gente no tiene trabajo y cuesta mucho llevar el pan para la casa.

«Varios vienen y me piden llorando que les de fiado, muchas veces no vuelven, pero qué le vamos a hacer. Así es la situación que vivimos todos los días», dijo el comerciante quien a pesar de que tuvo una grave accidente (una quemadura en su espalda) hace 20 días, tuvo que retomar el trabajo al frente de la verdulería. «Es lo que hay. Si no trabajo no puedo vivir es todo lo que tengo», dijo resignado.

Para dimensionar la situación económica el testimonio de Laura Mora es fundamental. Ella tiene una rotisería donde su principal ingreso es venta de empanadas. «Llegamos a vender más de 100 docenas por día y hoy vendemos una o dos y una hamburguesa», comentó la mujer quien aseguró que cuando la economía acompañaba un poco más llegaron a emplear a seis personas y hoy apenas trabaja una por día.

Para la propietaria del local Cosas Ricas -ubicado en calle San Juan 3173- la situación ha ido de  mal en peor y explicó que, por ejemplo, hasta hace un tiempo compraba 10 maples de huevos y hoy apenas llegan a las dos docenas. Además, contó que en el local trabajan personas que estaban en un merendero y que no contaban con ningún tipo de ingresos.

Entre cliente y cliente, Adrián Álvarez también relató que los principales productos que se restringieron fueron los lácteos y fiambres. «Hoy te podés encontrar con un yogurt que te puede salir 800 pesos, y la gente los dejó de comprar», comentó el propietario del local ubicado en calle Palacios y Misiones.

Y en esta línea aclaró que los clientes ya no compra a largo plazo. «Acá se compra en el día a día. Vienen por lo puntual y listo. Incluso hasta cayó la venta de cerveza porque ya no se compra la misma cantidad, la gente ahorra y una de las cosas que dejó de comprar es el alcohol«, expresó.

«A la empresa que vende los lácteos antes hacíamos dos pedidos por semana. Hoy, lamentablemente hacemos uno pero cada dos semanas», se lamentó el vecino.


Hay más de 80 comedores y merenderos en Roca: crece el hambre y los alimentos no alcanzan


Según registros oficiales, se ha mantenido la cantidad de merenderos el último año, pero las organizaciones sociales aseguran que no tienen mercadería ante el aumento de precios. Algunos se ven obligados a cerrar.

Según el registro municipal enmarcado dentro de la ordenanza de Emergencia Alimentaria sancionada en 2019, en todo el ejido de Roca hay actualmente 80 merenderos y comedores comunitarios administrados por organizaciones sociales y voluntarios.

Por etapas van funcionando de una u otra forma, ya sea como merendero o bien como comedor, sino ambas versiones. Es muy dinámico el funcionamiento ya que varían de acuerdo a la demanda que se va presentando y a los recursos que disponen quienes los llevan adelante.

“El año pasado, 2022, comenzó con 80 merenderos y a fin de año finalizó con 76. A este mes de 2023, hay nuevamente 80 merenderos y comedores”, puntualizaron desde el área de Desarrollo Social del municipio.

La Corriente Clasista y Combativa (CCC) es la organización social que más comedores abrió y administra en la ciudad de Roca en la actualidad. Brindan el almuerzo y en algunos casos la cena, algunos días de la semana o bien todos.

Administran un total de 11 merenderos y seis comedores en los barrios Nuevo, Alta Barda, Chacramonte, Noroeste. Los merenderos están en Fiske Menuco, Paso Córdoba, Alta Barda, Chacramonte, Maiten, Noroeste, Stefenelli.

La demanda de platos crece en los comedores comunitarios de Roca y Allen. Foto: Andrés Maripe (archivo)

«Las porciones no bajan de de las 200 personas. Se han visto casos de familias numerosas que retiran hasta por ocho integrantes. Mucha necesidad hay en el barrio», contó Pablo Collio, referente, desde barrio Nuevo.

Aseguró que a pesar de contar con la ayuda de los fondos municipales por la Emergencia Alimentaria, no es suficiente. «Hacemos un fondo común y con eso se hace una compra general, y después se reparte», comentó.

Lo cierto es que los precios de la mercadería subieron tanto que se hace imposible llegar. Una caja de leche ya cuesta arriba de los 15.000 pesos. «Hay comedores y merenderos que no llegan al mes», agregó. «Hace una semana que el comedor (de barrio Nuevo) no está funcionando porque no no tenemos mercadería», admitió.

Collio dijo que el gran incremento de comensales se dio durante la pandemia, cuando decidieron mantener abierto a pesar de la cuarentena, por la situación de hambre en la que se vieron inmersas varias familias por la falta de trabajo.


Comedores sin insumos en Allen


En la ciudad vecina de Allen, también hay varios comedores y merenderos distribuidos, pero la ayuda más escasa aún. “La situación es bastante complicada”, aseguró la coordinadora Mónica Cayupe, de los comedores en los barrios Norte y 17 de Agosto.

“Antes trabajabamos cuatro días atendiendo a los comedores y ahora ya tuvimos que mermar los días de trabajo para dar la comida, porque no llegamos. Con la mercadería que tenemos no llegamos a cubrir el mes”, dijo la mujer, quien tiene uno de los establecimientos en su propia casa.

“Mejor dar que recibir” y “Arcoiris” son los comedores que subsisten con el trabajo de una veintena de personas quienes además hacen el esfuerzo de sostenerlo económicamente. Solo reciben ayuda de fideos, arroz, aceite y salsa de tomate y dan el almuerzo a unas 50 familias. Por parte del municipio solo reciben leche.

“La verdura la ponemos los compañeros, por ahí hacemos alguna venta de rosquitas, de lo que sea, y nosotros mismos compramos con ese fondito las verduras y un poco de carne”, relató la dirigente barrial.

“Es bastante bastante complicada la situación, no se puede ya trabajar como veníamos trabajando constantemente. Ahora hay que elegir los días como para poder abrirlos”, dijo Cayupe.

«Hemos tenido ganas de cerrar, de no trabajar más, pero la gente viene y te golpea la mano, te pide un plato de comida, no puedes decirle que no. Eso hace que uno retome fuerzas y pueda seguir trabajando, luchando y aportando también para poder ayudar a ver qué lo están necesitando”, concluyó la mujer de Allen.


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