Estadísticas y confianza
La semana que pasó volvió a mostrar la realidad dual de la economía argentina: mientras algunos indicadores y anuncios muestran estabilidad, recuperación y factores que invitan al optimismo, otros encienden luces de alertas sobre desequilibrios, dificultades estructurales y errores no forzados del equipo de Gobierno que lo complican innecesariamente.
En esta última categoría entran las idas y venidas del equipo económico sobre la postergación de la aplicación del nuevo sistema para medir la inflación y la salida del titular del Instituto Nacional de Estadísticas (Indec), Marco Lavagna. Oficialmente Lavagna deja el organismo debido a “razones personales” y mejores oportunidades laborales. Sin embargo, a poco de andar se transparentó el verdadero motivo: las diferencias con el presidente y el ministro de Economía sobre la oportunidad de aplicar a partir de enero el nuevo sistema de estimación de la variación general de los precios de la economía nacional.
No es un dato menor: según la mayoría de los analistas, la aplicación de la nueva fórmula cambia la ponderación de distintos rubros, acercándose a los patrones de consumo de la economía actual. Bajaba la ponderación de Alimentos y Bebidas, Prendas de Vestir y Calzado y por el contrario crecía la de Vivienda (alquileres), agua, electricidad, combustibles y transporte.
Como muchas de las tarifas de servicios seguirán ajustándose por encima del nivel general de precios para reducir subsidios, el impacto sobre el índice de inflación se preveía mayor. Esto afectaba el discurso oficial sobre la baja de la inflación y ponía en riesgo la promesa de Milei de que a partir de agosto “el índice comenzará con cero”.
El ministro Luis Caputo justificó postergar los cambios en la medición del IPC hasta que “el proceso de deflación esté consolidado” ya que “da igual, prácticamente lo mismo”. La decisión activó un enfrentamiento con Lavagna, que había anunciado hace un año atrás la actualización del índice desde este mes y consideró una enorme desprolijidad postergarlo de manera intempestiva. No fue el único. El cambio de los métodos del Indec es una de las exigencias del FMI a la Argentina y ya había mostrado su respaldo al nuevo sistema.
Las contradictorias explicaciones oficiales no hicieron sino alimentar un clima de desconfianza innecesario sobre un tema que, hasta dos semanas, no era un tópico de análisis importante. Medios internacionales recordaron los escándalos en el kirchnerismo, cuando la manipulación de las estadísticas para no “romper el relato oficial” fue moneda corriente. Los pecados del pasado persiguen al país, a pesar de los cambios. No pocos analistas atribuyeron a este tema un rol en la fuerte caída de acciones, bonos y suba del riesgo país en la semana, en medio de la aversión al riesgo global de los inversores.
A nivel interno, los datos del IPC son importantes en la actualización de tarifas, contratos de alquiler, actualización de expensas, créditos hipotecarios, impuestos y prestaciones de Anses como jubilaciones, pensiones y la AUH. Algunos gobiernos provinciales, como Neuquén y ahora Río Negro, definen salarios estatales con estos números. Aunque la medida no ha tenido efectos inmediatos, encendió alertas. Como resumió un operador inmobiliario: “Si la interrupción se prolonga erosiona la confianza en los índices. Ahí se activan comportamientos defensivos, el mercado tiende a reacomodarse entre las partes y los valores se desalinean. Si las partes desconfían de los datos, tienden a abandonarlos como referencia”, graficó.
Finalmente, está la opinión pública, donde las encuestas reflejan el malestar social por la brecha entre los datos oficiales y la experiencia. La consultora mendocina RZ indicó que hasta un 65% de los encuestados señaló que la inflación “impactó mucho o bastante” en su economía personal a pesar de la baja de los índices, porque buena parte de las subas se concentra en gastos rígidos , regulados y no postergables, como los servicios básicos. “La inflación baja en promedio, pero sigue golpeando donde más duele”, resume. Esta dinámica afecta negativamente el consumo, que se posterga o reduce incluso si bajan los precios. Se prioriza cuidar ingresos ante la incertidumbre, agrega.
Más allá de que pueda justificarse desde lo técnico la medida adoptada sobre el Indec y los beneficios políticos de corto plazo, el Gobierno deberá evaluar si no son mayores los costos que puede pagar en su principal activo ante la ciudadanía: la confianza en la lucha contra la inflación y la promesa de que la estabilidad se traducirá en mejoras concretas y palpables.
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