Educación finlandesa: la rueda fue inventada
COLUMNISTAS
Hablemos de educación y planificación. ¿Qué está primero, el huevo o la gallina, la educación o la economía de un país? La respuesta está en Finlandia. Así, para saber dónde estamos parados los argentinos, simplemente deberemos “situarnos en perspectiva” en relación con “la mejor educación conocida”. No hace falta ser negativos o taparnos de críticas asfixiantes. El nivel educativo coincide con la economía o con los niveles de corrupción. A qué distancia está el nuestro respecto del mejor sistema educativo vigente nos dará un buen parámetro sobre el estado de las cosas.
En cuanto a planificación, no vemos señales serias desde hace 15, 30 ó 50 años en nuestro país. No obstante, sorprende el Proyecto Educar 2050, cuya visión sería colocar a la Argentina entre los cinco países de mejor educación antes del 2050. Hay una conciencia del largo plazo. Es un inicio válido. Sin embargo, si planificamos un sistema educativo renovado, digamos, a 15 años y más, se necesita un modelo concreto y Finlandia es un ejemplo digno. No hay que inventar la rueda, pues ya fue inventada. Observamos dos puntos fundamentales en la educación finlandesa: el nivel superlativo de sus docentes y un sistema educativo democrático. Veamos un resumen para exponer este fenómeno:
La evaluación PISA los califica siempre en los primeros puestos. En el 2013 se situaron segundos en habilidad lectora, cuartos en matemáticas y primeros en ciencias. Estados Unidos está en el puesto 20 y Argentina, en el 52 (participan 61 países). El sistema de educación integrada finlandés, que se inició en 1969, exige profesores altamente calificados. Ser profesor en Finlandia no es para aquellas personas que no han podido conseguir otro empleo, sino una profesión muy estimada. Cuentan con un programa de cinco años, tanto para profesores de aula como para los de asignatura. Son tres años de licenciatura y dos de maestría.
En general, sólo el 10% de los aspirantes accede a ser profesor en Finlandia, lo que resulta en estudiantes y docentes motivados, bien capacitados y de alta competencia. Atestiguan notable capacidad de comunicación e interacción con los alumnos, con clases llenas de vida e interés, divertidas y a la vez de mucha exigencia académica. “Menos es más” es uno de sus lemas: avanzar con poco y luego ir en profundidad. El país posee escuelas pequeñas y con un máximo de 20 alumnos por aula.
Las clases se enfocan en enseñar a los estudiantes a pensar; enseñarles cómo involucrarse activamente en su aprendizaje, no en canalizar los errores. Llama la atención cómo, a partir de la observación, los profesores trabajan con los estudiantes-docentes. Existe un currículo -una técnica si se quiere- para preparar a estos profesores. El docente estadounidense pasa 1.100 horas por año en el aula, parámetro similar al de la Argentina. En Finlandia el promedio es de 600 horas. Se gastan 7.500 dólares por año por alumno y el producto bruto nacional per cápita ronda los 45.680.
La revista “Newsweek” sitúa a Finlandia en el primer puesto en educación, ciudadanía y calidad social. En secundaria se puede elegir entre orientación académica y vocacional. El 45% elige vocacional pues garantiza trabajo desde el bachillerato. Hay respeto y dignidad hacia cualquier empleo.
Finlandia está entre los cinco primeros países en cuanto a innovación y competitividad global. La escuela integrada está dirigida a todos. No separa grupos en virtud de la edad. Es un mecanismo que brinda a todos las mismas posibilidades e incluso el mismo currículo, sin tomar en consideración el contexto económico o social de cada individuo. Se funda en los principios de igualdad y equidad, que garantizan una educación democrática, pues le llega sí o sí a cada niño.
El sistema no posee ningún cuerpo de inspectores. Sus profesores no son vigilados. Se ha establecido un sistema de “confianza”. Se confía en que los profesores harán bien su trabajo. Del mismo modo se confía en que los estudiantes harán su trabajo. La confianza es un factor que se ha incorporado gradualmente en muchas áreas de la sociedad finlandesa.
Finlandia está entre los cinco países menos corruptos del mundo. Se sitúa en el primer puesto en cuanto a logros tecnológicos (Estados Unidos, en el segundo). En crecimiento económico está clasificado en segundo lugar, luego de Suecia.
Desarrollar las capacidades académicas y sensoriales está planteado como un desafío. Para la educación finlandesa es más importante aprender a pensar que a repetir algunas temáticas básicas; aprender las razones que subyacen bajo las cosas, concentrarse, soñar, hablar, comprender, razonar, encontrar las respuestas por sí mismos.
Ningún estudiante paga nada, ni una sola fotocopia, ni la comida ni los instrumentos de música. La educación es gratuita en todos sus alcances.
Finlandia tiene una población aproximada de 5,4 millones. Toda la Patagonia argentina reúne más o menos la mitad de esa población.
Luego de esta reseña podemos situarnos más en perspectiva.
Estamos muy lejos de Finlandia. Sin embargo, su modelo está ahí y funciona en niveles de excelencia. Chile ha prestado alguna atención y está obteniendo resultados rápidos.
Preparar maestros y profesores de alta competencia y hacer llegar la educación a todos por igual son dos puntos clave. Así, planificación y la acción consecuente serán cruciales.
La luz al final del túnel está ahí, tan cerca y tan lejos: un sistema que ya existe y que funciona. Si se diera tal recorrido en nuestro país, tal acto de inteligencia y humildad, en 20 años la Argentina estaría transformada. Y en 40 años nuestros representantes políticos y líderes institucionales también lo estarían.
SERGIO POVEDANO
Licenciado en Letras
SERGIO POVEDANO