El accidente en Rincón de Emilio suma su segunda víctima

Se trata de uno de los chicos que viajaba en el vehículo y que fue despedido. Falleció en la madrugada de hoy en el hospital Castro Rendón. Las víctimas fueron identificadas como Miguel Quinchavil (50 años) y Tomás Rivero (10 años).



Alrededor de las dos de la mañana de este lunes falleció el joven de diez años que viajaba junto a su amigo y al padre del mismo en el vehículo que desbarrancó anoche en la entrada del barrio Rincón de Emilio.

El accidente ocurrió a las 21:18 de ayer y casi en el acto perdió la vida el conductor del VW Fox, un hombre de 50 años y dos chicos, uno de doce y otro de trece fueron trasladados de urgencia al Hospital Castro Rendón, donde se produjo el segundo deceso. Mientras el tercer joven permanece internado en el nosocomio con heridas de consideración.

Fuentes policiales informaron que las víctimas fueron identificadas como Tomás Rivero de diez años y Miguel Lautaro Quinchavil de 50 años.

Según las primeras informaciones, el vehículo golpeó primero con la protección del carril opuesto y, de allí, salieron disparados hacia el barranco que hay entre el acceso y el barrio. Desde el guard-rail, que prácticamente funcionó como una rampa, las mediciones de los peritos contaron algo más de 60 metros.

Ninguno de los tres ocupantes habría llevado el cinturón de seguridad. El hombre y el menor de los dos chicos fueron auxiliados a un costado del VW, que quedó sobre tres de las cuatro ruedas mirando hacia la ruta, ya que la cuarta fue despedida incluso más lejos.

Cuando llegaron las ambulancias, ambos estaban inconscientes y presentaban heridas graves en todo el cuerpo, a tal punto que el hombre no logró sobrevivir.

El acceso a Rincón de Emilio es una calle de construcción similar a una ruta: cinta asfáltica, sin cordones, ancha e incluso en muy buen estado; todas condiciones para que se alcance, cuando se viaja hacia el barrio, una gran velocidad.

Se trata de una bajada pronunciada en la que la visibilidad es amplia, otro factor que inspira seguridad en los conductores. Por todas estas razones, las protecciones a ambos lados muestran los signos de numerosos accidentes. Esta vez, el guard-rail no logró contener el impulso que llevaba el VW negro y ni siquiera llegó a romperse: prácticamente se hundió sobre la banquina y terminó dándole mayor velocidad.


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