El arduo trabajo de la siembra de truchas en Río Negro

El año pasado, Río Negro logró sembrar más de 500.000 ejemplares de truchas Arcoiris y 60.000, de trucha Marrón, provenientes de las pisciculturas de Piedra del Águila y Villa Regina.

Siembra en pandemia. Foto: gentileza

Siembra en pandemia. Foto: gentileza

Durante el 2020, la provincia de Río Negro logró sembrar más de 500.000 ejemplares de truchas Arcoiris y 60.000, de trucha Marrón, provenientes de las pisciculturas de Piedra del Águila y Villa Regina. El trabajo se dio en el marco del programa Repoblamiento de Especies Exóticas Naturalizadas, del Ministerio de Producción y Agroindustria de Río Negro.

“Después de determinada cantidad de tiempo, las especies exóticas se naturalizan. Bariloche tiene experiencia con el pino, la retama, la rosa mosqueta y también en acuicultura, la cría de los organismos acuáticos”, explicó Juan Martín Llorens, director de Acuicultura de Río Negro, que se dedica a criar truchas desde hace 22 años.

Recordó que los salmónidos (las truchas y los salmones) fueron introducidos a principios del siglo XIX por Perito Moreno, junto con el ciervo colorado y el jabalí. “Vio la Patagonia como un futuro lugar de vacaciones para la gente adinerada a la que le gustaba pescar y cazar. Por eso, trajo lo que pescaban y cazaban en el hemisferio norte”, relató este técnico, al tiempo que agregó que muchas variedades de truchas (como la marrón, fonatinalis y arco iris) se han adaptado a las aguas de la Patagonia.

Los salmónidos necesitan de agua fría para cumplir su ciclo biológico. La temperatura óptima de crecimiento es de 12 a 18 grados; mientras que la temperatura óptima de desove es de 6 a 8 grados. “En la zona cordillerana, se dan todas las condiciones. En la zona del río Negro, hay temperaturas óptimas de crecimiento pero no para la reproducción. Por eso, la necesidad de sembrar. De esta forma, se favorece su reproducción”, señaló Llorens.

En plena época de reproducción en invierno, las truchas empiezan a remontar los arroyos que desembocan en los lagos para desovar. Muchos ejemplares Arco Iris suben al arroyo Ñireco, en el lago Nahuel Huapi.

La cantidad de gente que empezó a pescar aumentó en gran proporción pero además, el arroyo quedó en medio de la ciudad. Entonces, en invierno cuando la trucha sube a desovar, resulta sencilla sacarla del agua. “Cuatro décadas atrás, se empezó a pensar en una estrategia para que esta población de peces no desaparezca y en la desembocadura del arroyo se hizo una trampa de peces”, precisó Llorens.

Temporada invernal

700 reproductores
se desovaron, con la obtención de cerca de 1.500.000 ovas. Se sembraron 500.000 juveniles entre el Alto Valle y Valle Medio del río Negro en los meses de noviembre, diciembre y enero
15.000
juveniles de trucha Arco Iris se sembraron en la laguna Ñe-Luan en las cercanías de Maquinchao y 60.000 juveniles de trucha Marrón en el río Negro en la zona de Villa Regina.

Esta trampa de peces sivestres en el arroyo Ñireco es la más grande de Sudamérica, con 3.000 a 5.000 reproducciones anuales.

Entre junio y septiembre, en ese lugar se capturan las truchas que remontan el arroyo Ñireco para ser desovadas. Sus ovas son incubadas en las pisciculturas en las inmediaciones de Villa Regina y Piedra del Águila. Una vez que nacen, se siembras en distintos puntos de la provincia.

Llorens recalcó que “la trucha desova todos los años en el mismo arroyo donde nació. Vuelven siempre al mismo lugar. Durante dos meses, cada 15 días, estamos desovando. La trucha desovada se libera al lago”.

Remarcó que se realizan dos muestreos anuales en la provincia para estudiar los resultados y evaluar a dónde conviene sembrar. “El primer fin de la trampa del Ñireco es que no se termine la población porque hay mucho pescador deportivo y muchos extranjeros que vienen a pescar a la Patagonia. El fin secundario es repoblar”, señaló Llorens.


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