El autoritarismo pandémico
Carlos Gadano*
La presidenta debería asesorarse con sus pares, escuchar a sus colaboradores y prestarles oídos a los operadores judiciales para contar con un abanico de alternativas.
El intercambio epistolar que existió entre el presidente del Colegio de Abogados de General Roca, Gastón Lauriente, y la presidente del Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Río Negro, Liliana Piccinini, me mueve a efectuar algunas consideraciones vinculadas al requerimiento del doctor Lauriente de “(…) urgente convocatoria de un comité de emergencia integrado por el Superior Tribunal de Justicia, el Ministerio Público, el Sindicato Judicial y los cuatro Colegios de Abogados de la Provincia…” y la respuesta elusiva o directamente negativa brindada por la doctora Piccinini.
Pasando por alto la chicana (impropia, para la severidad de los días que estamos atravesando) que significa negar la representatividad de quien firma la solicitud, por no estar acompañada de la rúbrica de otros miembros de la Comisión Directiva, me preocupa sobremanera la afirmación de la señora presidente del Superior Tribunal, cuando sostiene que el máximo tribunal judicial de nuestra provincia no comparte el gobierno “(…) con colegio o asociación alguna…”.
Más allá de sostener que dicho ejercicio compartido no le fue solicitado, por razones obvias, la respuesta remeda expresiones como las que sostenían “(…) el poder es mío…” o “(…) el Estado soy yo…”, propias de épocas nefastas que se terminaron a fines del siglo XVIII, con la Revolución Francesa.
Lo único que se requirió fue la formación de un “comité de emergencia” integrado por los actores de la actividad judicial de la provincia, herramienta que hemos visto aplicar a lo largo y ancho del país en los últimos días, con el objeto de optimizar las medidas tendientes a morigerar los efectos de la crisis inédita por la que atraviesa el mundo en general y nuestro país en particular.
La etapa por la que estamos atravesando requiere, de todos los sectores, tener el “corazón caliente” (para no caer en la insensibilidad y la falta de solidaridad con los más afectados) y la “cabeza fría” (para ser inteligente e imaginativo en la adopción de las medidas más apropiadas para “disimular”, en parte, los efectos nocivos de la pandemia). Es un lugar común escuchar, desde que lo sostuvo por primera vez el presidente de la Nación, que “este problema lo solucionamos entre todos o no lo soluciona nadie” y “nos salvamos todos o no se salva nadie”.
Este imperativo de la hora, dirigido a la necesidad de compartir esfuerzos y desprenderse de egoísmos, me permite sugerirle a la doctora Piccinini la necesidad de democratizar y horizontalizar el ejercicio del poder, propiciando el encuentro de los actores de la vida judicial de la Provincia, con la intención de rescatar, del intercambio de ideas imaginativas e inteligentes, las mejores herramientas tendientes a optimizar los resultados que se pretenden.
Pareciera que la señora presidente no participa de esta alternativa de esfuerzos y soluciones conjuntas, atrincherándose en su despacho individual ubicado en la “campana de cristal”, desde la que pareciera ejercer sus funciones. No comparto, en estos días aciagos, el camino adoptado por la máxima autoridad judicial de la provincia, porque si el “colectivo judicial” que nos transporta a todos (magistrados, funcionarios, empleados, abogados y justiciables) se maneja desde la “omnipotencia” los riesgos serán mayores y las consecuencias pueden ser impredecibles.
La presidente debería asesorarse con sus pares (magistrados y funcionarios), escuchar a sus colaboradores (los empleados del Poder Judicial) y prestarles oídos a los operadores judiciales (los abogados), para contar con un abanico de alternativas intermedias, que nos permitan superar la encerrona que significa creer que la solución hay que buscarla solo en dos direcciones: la cesación del aislamiento o el mantenimiento de la cuarentena.
Esta consulta imprescindible y el consenso consecuente para nada erosionarán la autoridad de la doctora Piccinini (si fuera ese el temor) que, por el contrario, saldrá fortalecida para el ejercicio del poder que le otorga la Constitución. Escuchar otras voces, imbuirse de otros conceptos, valorar propuestas no imaginadas, constituyen decisiones propias de espíritus participativos, que descreen del autoritarismo y del ejercicio del poder de manera vertical, a título de imposición irreversible.
Para que no quede ninguna duda: participo fervientemente de la idea del presidente de la Nación, en el sentido de que no existe dilema alguno que nos permita apartarnos de la decisión de priorizar la salud, por sobre cualquier otro valor que se intente poner a la par. Pero negarse a la búsqueda de soluciones intermedias y a la consulta con los sectores interesados constituye un claro ejercicio autocrático del poder, que justifica el título de este artículo.
Ojalá la señora presidente del Superior Tribunal de Justicia esté a la altura de las circunstancias y se convenza de la necesidad de democratizar el ejercicio de su autoridad. El “colectivo judicial” se lo agradecerá expresamente.
*Abogado, expresidente del Colegio de Abogados de Roca
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