El camino de la política
Weretilneck y Pichetto se juntaron y Soria está aislado.
Río Negro
Adrián Pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar
La escena era bien previsible. La exótica Guayana sirvió al reencuentro de Weretilneck y Miguel Pichetto. Viajaron junto con la comitiva nacional que presenció el lanzamiento del satélite Arsat-2. No hubo profundización, pero se retomó el diálogo. La línea quedó abierta y, saldada la lucha por el gobierno rionegrino, ambos retomarán, poco a poco, sus coincidencias. Comparten la candidatura presidencial de Daniel Scioli. Pichetto tiene un histórico espacio en el mundo del candidato. La asociación de los gobernadores es más reciente y tiene un alto componente de conveniencia. El mandatario rionegrino se embarcó en esa alianza, con exageradas muestras de pertenencia. Y esa estrategia tiene, otra vez, su exclusiva autoría. Algunos –entre ellos el vicegobernador Pedro Pesatti– entendían apresurada esa jugada. ¿Por qué lo hizo igual? ¿Resguardos de la administración provincial? Hay pocas garantías de un trato preferencial, entre una veintena de gobernadores K. La raíz de la unión anida en móviles políticos. Su regreso al kirchnerismo debilita al PJ rionegrino, pues Scioli hoy tiene dos delegaciones en Río Negro. La sociedad justicialista, con sus vertientes, y Weretilneck, quien monopoliza la representación de Juntos. ¿O alguien conoce a otro partícipe en esa relación? No lo hay. Ni sus aliados peronistas –como Pesatti– logran participación en esa conexión con el círculo del bonaerense. Y el mandatario recurre –sin nexos– al corazón del sciolismo: el jefe de Gabinete, Alberto Pérez, y el hermano del candidato, José “Pepe” Scioli. Zurcidos los lazos con Pichetto, Weretilneck expone que la táctica de apartamiento del justicialismo tiene un claro destinatario: el intendente Martín Soria, mandamás del PJ. La proyección del roquense es innegable –siempre ligada a su actitud y construcción– y, además, no hay hoy otra aversión política tan fuerte en Río Negro como la que convive entre ellos. Y Soria prepara lo suyo. La resistencia al gobernador podrá generarse a partir de la bancada de 17 legisladores del FpV. El roquense prevé imponer su impronta en la práctica parlamentaria aunque disponga de sólo dos legisladores: Anahí Tappatá y Marta Bizzotto. Proyecta un tercero, el exsecretario legal y técnico Nicolás Rochas, por corrimiento si Silvia Horne es elegida diputada nacional dentro de tres semanas. La influencia de Soria en la Legislatura estaría asegurada con la continuidad de Alejandro Marinao en la presidencia del bloque. Sus charlas se intensificaron. El ultrapichettista Ariel Rivero desistió. “No voy a ser presidente si Soria conduce el PJ”, habría dicho. Evidentemente, el exjefe de la Legislatura sigue pensando en Pichetto u otro conductor. También Javier Iud esperará otro tiempo. Así, el FpV expondrá –rápidamente– disidencias de estrategias. Weretilneck monitorea el armado parlamentario. Pero su expectativa está en sus vínculos personales políticos. Tiene una fuerte conexión con la peronista María Maldonado, que llega a la Legislatura por el FpV después de cinco mandatos –20 años– en Pomona y la sucede su marido, Miguel Jara. Otra vigorosa línea se generó entre Martín Doñate y el gobernador, consolidada cuando el legislador se constituyó en el nexo rionegrino en la reclusión que Nación impuso a Río Negro. Hoy todo se simplificó con la pertenencia al mismo espacio nacional. Y Doñate, candidato al Congreso, dejará en el Parlamento a un incondicional: Elvin Williams. La diáspora peronista será inevitable. Weretilneck quiere cosechar en ese campo. Vaciar al justicialismo en favor de su futuro partido integra su pensamiento. “Lo dejará en menos de un 15%. Ya lo hizo con la UCR, que la dejó en un 5%”, transmiten en su círculo. Cualquier desintegración partidaria aporta a su construcción, pero hay daños colaterales. La bancada radical, que mayoritariamente siguió sus pasos, quedó reducida a una legisladora para el nuevo período: Soraya Yauhar. Igual será un voto sumamente importante cuando el oficialismo deba alcanzar la mayoría especial de los dos tercios. La bancada de Juntos suma 26 legisladores y, para eso, requerirá otros cinco. ¿En qué piensa el oficialismo cuando calcula ese respaldo? Piensa en la reforma constitucional. Esa idea aún asoma solapadamente. En junio, tras su triunfo, Weretilneck ordenó callar y evitar cualquier referencia reformista, sin importar qué la motivaba. La mudez llegó cuando Pesatti aludió en una entrevista con este medio a la necesidad de esa modificación para permitir cambios estructurales en el Estado. No había hablado de otra cosa. Pero el silencio pretende tapar lo obvio. La fuerza motivadora de la reforma estará en permitir un próximo mandato. Es cierto. Falta mucho para el 2019, pero el mando se licúa y el proceso de una convencional no es sencillo y, menos, rápido. Sigiloso, el gobierno generó consultas políticas y jurídicas. Weretilneck inició la instalación de otros motivos para la reforma. Justificó, la última semana, la iniciativa con un tema de actualidad: la incompatibilidad de los legisladores con cargos gremiales. Sobrevoló otra razón que se escuchará más reiteradamente, como la transformación de los mecanismos de elección y la lógica incorporación de evaluación de los jueces. Esta Justicia ofrece frecuentes testimonios de la necesidad de rediscutir controvertidos dogmas que ofrecen esos eternos cargos. Sobran puntos para un examen constitucional. En la Legislatura está el proyecto que el exgobernador Miguel Saiz presentó en junio del 2010 con una treintena de temas y, obviamente, figura la duración de los mandatos (artículos 125º y 175º). El radical no pudo. La discusión llegó tarde y no gozaba del poder suficiente, erosionado por la interna. Todo será sinuoso porque un inicial atajo quedó diluido por la Corte Suprema. Se trata de la apertura a la re-reelección con la interpretación de que el gobernador cumple su primer mandato con la jura de una nueva Constitución. Esa posibilidad ahora tiene un antecedente negativo: la Corte desbarató ese razonamiento con el cual Gerardo Zamora pretendió un tercer gobierno en Santiago del Estero, avalado por fallos judiciales de su provincia. El máximo tribunal dijo que la historia argentina “es trágicamente pródiga en experimentos” que “intentaron forzar los principios republicanos”. “Ese pasado –concluye– debería desalentar ensayos que persiguen el único objetivo de otorgar otro mandato”. Un repaso de la frustrada reforma de Saiz y los escenarios por venir se colaron en una cena entre Weretilneck, acompañado por Facundo López, l presidente del bloque radical Darío Berardi y el exministro y persistente operador Daniel Sartor. También asistió el legislador Alejandro Betelú. Se juntaron para revisar compromisos, acordados el año pasado cuando esas partes confluyeron en la defensa del liderazgo del gobernador. Ahora se plantearon nuevos planes. El mandatario estudia formas y plazos para su reforma. Lo hace sin distraerse de la cotidiana edificación. Llegó al encuentro con un listado de recientes cambios de domicilios de radicales viedmenses a Guardia Mitre. Eran más de 60 casos. Ya bien advertía que esos votos darían –como ocurrió– el triunfo al radical Ángel “Cholo” Zingoni frente al candidato de Juntos, el histórico intendente Miguel Demasi. Ese éxodo electoral era evidente, pero los comensales radicales poco podían hacer. Tampoco Weretilneck los culpaba. En todo caso, el descuido estuvo en Gobierno –Registro Civil– que no detectó ese masivo traspaso. Weretilneck trastorna la política, pero no llega a todo. Y esa capacidad suya no altera otras escenas y conflictos, como el rutinario andar de la administración pública o de la abatida economía regional, hoy sintetizada con la continúa protesta frutícola. Esos hechos que, oportunamente, quebrantará su humanidad política.
Río Negro
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora