El caos étnico obliga al presidente chino a volver

Hu Jintao dejó la cumbre del G8 por crisis en el norte. El toque de queda no frena violencia entre han y uigures.

Por Redacción

PEKIN/ URUMQI, China (AFP/ AP).- El gobierno chino se vio a tal punto desbordado por el caos en el noroeste del país que su presidente, Hu Jintao, canceló la asistencia a la cumbre del G8 en Italia, mientras las fuerzas de seguridad imponían el toque de queda para poner fin a la violencia en Urumqi, la capital de la región de Xinjiang, donde los enfrentamientos entre han y uigures dejaron ya 156 muertos.

Hu Jintao decidió volver a su país para intentar frenar una ola de violencia étnica que continuó ayer, con una gigantesca manifestación de la etnia han que buscó vengarse de la Uigur por los destrozos a comercios y agresiones personales ocurridas el lunes.

Tang Heng, primer consejero político de la embajada china ante el gobierno italiano, precisó que Hu partió desde Pisa en vuelo directo a Pekín. Agregó que «los asuntos internos y la situación en Xinjiang anticiparon la partida del presidente».

En China, en tanto, las autoridades ordenaron un toque de queda en Urumqi, donde viven dos millones de personas, y miles de policías fueron desplegados.

A pesar de las drásticas medidas de seguridad, una multitud de chinos han -la etnia mayoritaria en China pero minoritaria en esta zona- estimada en al menos 10.000 personas, marchó portando armas improvisadas, como palos, cadenas y machetes para vengarse de los uigures, etnia musulmana y de la familia de lengua turca.

Los chinos han buscaban vengarse por los ataques del domingo y lunes que dejaron 156 muertos y más de 1.000 heridos, por las que fueron detenidas 1.434 personas acusadas por las autoridades chinas de asesinato, agresión y saqueos.

«Los uigures vinieron a nuestro sector para romper cosas y ahora nosotros vamos a golpearlos a ellos», dijo un manifestante han con un caño en la mano.

Por su parte, miembros de la etnia uigur, también atacaron a gente cerca de la estación ferroviaria mientras mujeres con la cabeza envuelta en pañuelos protestaban por el arresto de sus esposos y hermanos en otra parte de la ciudad.

La comunidad internacional llamó a la moderación. «Pido a los líderes civiles uigures y han, así como a las autoridades chinas a todos los niveles, una gran moderación para evitar más violencia y pérdida de vidas humanas», afirmó la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay.

La Unión Europea también expresó «su gran inquietud» por la situación y «llamó a la moderación de todas las partes» para «resolver la situación de forma pacífica».

Intensificando las medidas para intentar controlar los disturbios, las autoridades chinas cortaron el acceso a internet. Pero no pudieron evitar la difusión de imágenes y videos de los incidentes publicados en sitios como Twitter, YouTube o Flickr.

Un vocero del Congreso Mundial Uigur, en el exilio, culpó a las autoridades chinas por las violencias del domingo y afirman que las protestas eran pacíficas hasta que las fuerzas de seguridad dispararon indiscriminadamente a la multitud.

Las autoridades afirman que sólo hacen frente en Xinjiang a una «amenaza terrorista y separatista respaldada desde el extranjero».

Muchos de los casi 8,3 millones de uigures, musulmanes de la familia de lenguas turcas afirman sufrir una persecución política, cultural y religiosa.


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