El cinismo en la política

Por Redacción

Roberto Fermín Bertossi *

Si de cinismo político se trata, claramente no hay miramientos en términos de humillación, despersonalización, exposición y sometimiento ciudadano cuando determinantes actores políticos, subestimando altísimos riesgos sanitarios, pretenden simultánea y contradictoriamente unos “avanzar” y otros “no hacerlo” respecto de la realización de las mismas primarias vernáculas en pleno invierno, con más que probable pico de casos de covid.

Ante el falso dilema sobre las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), corresponde señalar la profunda crisis ética y normativa que prolongadamente impregna con toda mezquindad nuestro sistema político y electoral conocido.

Esta carísima y disfrazada encuesta o consulta es un insulto a la ciudadanía, fraguado por los mismos especuladores políticos del mercado electoral que promulgaron leyes como esta.

¿Debemos seguir haciéndoles el juego a interesados y cambiantes caprichos políticos que intergeneracionalmente viven de esto y para esto, con todo nepotismo, aporía y desparpajo; singularmente cuando nuestro país retrocede aceleradamente en términos de legitimidad, calidad de vida, ciudadanía, credibilidad y cultura democrático-republicana?

La descarada manipulación del sistema electoral proviene de aquellos que olvidaron que no somos esclavos de ellos cuando nos gobiernan, sino que ellos son nuestros provisorios empleados, al menos en un cabal sistema democrático y republicano, con alternancia y sin enroques.

Ojalá pudiéramos disfrutar de los beneficios de un sistema tal, porque entonces no se podría soslayar el artículo 38 de nuestra Constitución nacional por parte de alianzas puramente electorales, agrupaciones, coaliciones y/o amontonamientos políticos que habitualmente participan de simulacros o caricaturas de contiendas cívicas; supuestas opciones que suelen exhibir y proponer un catálogo de candidatos -en no pocos casos- con sujetos éticamente reprochables, procesados judicialmente, testimoniales, etc.; los que, no pocas veces, solo pretenden (y lo logran) inmunidad parlamentaria.

En su momento, el propio presidente Mauricio Macri sostuvo: “Es una falta de respeto dilapidar recursos” en las elecciones PASO agregando entonces que le daba “mucha bronca” que el Estado financie “una elección que solamente se hace en la Argentina”. “Yo vivo para ahorrar de a 100.000 pesos y [con las PASO] estamos dilapidando 2.500 millones”, subrayó; también en tal sentido y razonablemente se habló de un gasto inútil.

Demasiado descaro y desparpajo, cuando quienes otrora querían suspenderlas. Hoy en plena pandemia y sin más pretenden su realización, en tanto la dirigencia política del gobierno nacional actual que antes se oponía a su suspensión hoy opina todo lo contrario.

Temerariamente ¿no se advierte que estas mañosas prácticas electorales resultan la mejor manera de cultivar apatía, fastidio, desencanto, hartazgo, desconfianza y anarquía ciudadana respecto de un sistema democrático que de tal manera tolera resignadamente campañas electorales y elecciones cuasi permanentes, haciendo el ‘caldo gordo’ a viejos y nuevos populismos, exactamente esos que cómoda y holgazanamente habitan por décadas un país en cuasi permanente campaña electoral?

¿Cómo salir de esta profunda crisis ético-política, concediendo nuevas plataformas a los responsables de tantos desafueros?

* Docente e investigador universitario


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