El complejo arte de dirigir
Dirigir orquestas o coros requiere, además de la formación pertinente, un largo y paciente proceso de aprendizaje sobre liderazgo e interrelaciones de grupos humanos… “Aprendí, en tantos años en la música, que lo más importante –más que los gestos y todo– es escucharse. Si los músicos se oyeran, casi no sería necesario tener un director en ciertas ocasiones. Desde el punto de vista relacional, no sé cómo describirlo… Por un lado es bastante complicado y por otro, muy lindo, porque hay que dirigir no sólo musicalmente, sino tratando que cada uno encuentre el lugar que le corresponde en la formación, sin que esté celoso de otro. La orquesta es como un laboratorio humano, claro que sin muros. Estamos todos juntos y ahí siempre hay rivalidades. El director, en ese contexto, debe mantener una cierta calma para que –primero– todo funcione y que podamos trabajar en armonía. Y, a partir de allí, sí aportar lo mío en lo musical y dar una dirección para que vayamos hacia el mismo lado. –Además, crecen en cantidad y complejidad las obras a interpretar, en requerimiento de nuevos instrumentos, de otras formaciones. –Allí también fui aprendiendo. Todos esos aspectos se desarrollaron haciendo. Lo que se estudia en la universidad es otra cosa, lo más complicado se adquiere en la marcha misma. Con ensayo, error, equivocándome, viendo qué funciona y qué no. Hoy por hoy, voy en el buen camino. Humanamente los músicos van cambiando. –Un tercer aspecto es la evolución, en claridad, de la gestualidad al dirigir. –Eso también es prueba y error. Pruebo un gesto con los músicos y veo si es claro o no. Lo charlo con ellos, cosa que hago siempre. Ahora menos, porque voy mejorando. Les pregunto si sirve, porque puedo hacer un gesto muy lindo que no es útil. Trato de dirigir de un modo eficaz, que sea claro para el instrumentista y para mí. Y que funcione. En ese aspecto, sí aprendí mucho y creo que –en los últimos años– he mejorado la gestualidad y la claridad expresiva. Además soy violonchelista, toco con orquestas profesionales y profundizo mucho observando a los grandes directores, y ahí también veo qué cosas sirven y cuáles no son útiles. Es algo dinámico y distinto, hay que adaptar el gesto a cada partitura. El aprendizaje es constante. Cuando termino un concierto, me quedo pensado sobre lo funcional en determinado lugar. Siempre estoy atento a la reacción de los músicos y disponible a sus comentarios. De cualquier manera, soy el que lleva la voz.
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