El desprecio por la ley



Según la Constitución catamarqueña, para aspirar a ser gobernador de la provincia es necesario haber residido continuamente en ella por cuatro años previos a la elección. Sobre esta particularidad, la ley es sencilla y no admite ambigüedades de ninguna clase. Sin embargo, aunque el sindicalista Luis Barrionuevo se sabía legalmente impedido por no haber cumplido dicho requisito, optó por pasar por alto el pequeño detalle de la residencia con la esperanza de que a nadie se le ocurriera intentar impugnar su candidatura. En efecto, de no haber sido por la voluntad de hacerlo de un par de socios menores del Frente Cívico y Social actualmente gobernante, Barrionuevo, que ya había triunfado en la interna peronista, se hubiera salido con la suya, mostrando así, una vez más, que cuando de la política se trata en nuestro país la legalidad suele ser lo de menos. Además, a pesar de ser plenamente consciente de que su propia posición es jurídicamente insostenible y que, para colmo, la Justicia Federal de Catamarca seguida pronto por el Tribunal Electoral le han fallado en contra, Barrionuevo cree que la Corte Suprema de la Nación lo ayudará a mofarse de las reglas que, por malas o injustas que le parezcan, son las vigentes.

Que Barrionuevo, un trasgresor serial notorio por haber afirmado que podría ser conveniente dejar de robar por un par de años, haya querido pisotear las normas catamarqueñas de manera tan burda no sorprendió a nadie. Lo sorprendente es que durante tantos meses muchos otros tanto en Catamarca como en el resto del país hayan consentido sus pretensiones, sin duda por entender que, por ser a lo sumo decorativas, las leyes siempre deberían subordinarse a los intereses de los poderosos. Esta actitud está tan difundida, que pocos se han sentido escandalizados por los intentos de Barrionuevo de hacer pensar que si una proporción significante de los catamarqueños está dispuesta a respaldarlo en las urnas, le corresponde a la Justicia ratificar la subordinación de las leyes a la voluntad popular así manifestada. Tampoco se han oído muchas quejas por la candidatura presidencial de Carlos Menem que, de resultar exitosa, conllevaría la violación del artículo 90 de la Constitución de la Nación Argentina conforme al cual no podrá ser reelegido "sino con el intervalo de un período" de cuatro años.

Según parece, buena parte de la ciudadanía supone que en medio de una crisis tan grave como la que estamos viviendo el país no se puede dar el lujo de preocuparse demasiado por los pormenores jurídicos o constitucionales. Asimismo, la costumbre de ciertos abogados y jueces de interpretar las leyes a través de prismas partidarios o ideológicos ha contribuido mucho a promover la idea de que en última instancia la Justicia es sólo un arma en manos de los políticos y que por lo tanto es lícito respetarla o repudiarla según las circunstancias, celebrando con júbilo los fallos que sirven a los intereses de corrientes determinadas e indignándose por aquellos que los perjudican. Es de prever, pues, que los adversarios del gremialista gastronómico reivindicarán la actitud de los jueces catamarqueños, mientras que sus amigos la atribuirán a sus hipotéticos vínculos con el Frente Cívico y Social o con la familia Saadi. Sin embargo, en vista de que la ilegalidad de la candidatura de Barrionuevo es tan patente, debería haber sido inconcebible que le permitieran postularse.

De todos modos, puesto que el desprecio por las leyes, normas, contratos, reglas de todo tipo y, de más está decirlo, compromisos políticos solemnes, está en la raíz del colapso del país, su futura recuperación seguirá siendo imposible mientras no rija el Estado de derecho. Si bien algunas leyes son malas, anacrónicas o netamente inaplicables, la solución no puede consistir en desconocerlas sino en cambiarlas. Podría argüirse que a esta altura es poco razonable exigirles a los candidatos a las gobernaciones provinciales el haber residido continuamente en el distrito por un lapso determinado, pero hasta que las constituciones en tal sentido se reformen, será forzoso acatar tales cláusulas al pie de la letra por mucho que les moleste a aquellos políticos que creen que toda dificultad de esta clase tiene arreglo con tal que cuenten con el apoyo de suficientes personajes poderosos.


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