El día después

NEUQUÉN

Por Redacción





HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar

Estadísticamente, quien gana las internas del MPN es el próximo gobernador de la provincia. Es un dato casi infalible porque hasta ahora siempre fue así. Eso no quiere decir que tal situación no vaya a cambiar. Más aún, lo deseable sería que lo hiciera: la alternancia es un aspecto esencial de la democracia que en Neuquén no se verifica. Pero ese antecedente estadístico tiene un peso muy grande en la conciencia de todos los habitantes de la provincia, oficialistas y opositores. Por eso, porque esa interna involucra el futuro de muchos, independientemente de sus preferencias políticas, es importante indagar sobre el escenario del día después. Si gana Sobisch, Sapag no podrá ni siquiera retomar su gobierno. El 21 de febrero, fatalmente, habrá concluido en los hechos su mandato y quedará a merced de los dictados del candidato como una hoja en la tormenta. Se producirá un fuerte vacío de poder y el domicilio del gobierno pasará del despacho de la calle Roca al de Olascoaga al 1000 donde, dicen, ya se ha montado una escenografía que remeda la de la Casa de Gobierno. Tal es la sed de poder que anima al retador de la interna y tal el centrifugado de poder que puede provocar una derrota oficial en un partido de intereses donde ideología y política han sido reemplazadas por la conveniencia. Así, y contrariamente a lo que postulan algunos observadores que quieren ver un horizonte más propicio para la oposición con un candidato que reúne una fuerte repulsa colectiva como Sobisch, lo más probable es que de ganar este último el alineamiento partidario sea igualmente inmediato y sin fisuras. En realidad aquella forma de pensar está emparentada con el “cuanto peor mejor”. Pero los hechos demuestran que nunca peor es mejor. También, que los matices existen y pesan y que la tentación de reducir todo a lo mismo suele estrellarse contra la realidad. Es decir, puede ser que en el fondo Sapag y Sobisch sean “socios” como muchos postulan, y es una alegoría tentadora señalar que el proyecto de uno es “igual al del otro aunque con buenos modales”. Pero en los hechos esos aspectos son parte de la contradicción existente entre ambos: los dos expresan al MPN y en eso están de acuerdo, pero pujan entre sí, se contienen y se rechazan, se necesitan pero hay lucha de poder entre ellos. En suma: ninguno de los extremos de la contradicción explica de manera excluyente lo que ocurre. Por lo pronto, el escenario del enfrentamiento que se dilucidará hoy es el resultado de la necesidad compulsiva de apostar al poder que anima a Sobisch y también fruto de la indecisión y las vacilaciones de Sapag, que no ha sabido o no ha querido poner un corte definitivo a las dilatadas aspiraciones de su antiguo socio. El gobernador nunca enfrentó seriamente a Sobisch y si hubiera jugado sus cartas de otra manera –sobre todo en la interna por las autoridades partidarias– el enfrentamiento estelar de hoy no estaría ocurriendo. Pero también es cierto que en esta interna –que Sapag no eligió y que impuso Sobisch– el primero parece haberse convencido de que la apuesta es a todo o nada. Por eso, si gana Sapag, lo más probable es que esta vez el gobernador intente quedarse con todo. Eso incluye a los legisladores provinciales, los intendentes y los diputados nacionales. Lo primero, porque Sapag, que no juega fuerte pero se precia de ser cerebral, eligió quedarse con la Convención del MPN que, como esperaba, les dio la razón en los entredichos que se suscitaron con su adversario, sobre todo en el más importante de ellos: el de la lista única de candidatos a diputados. Probablemente Sobisch tenía un “plan B” consistente en que, en caso de perder, debía conservar una cantidad de diputados, lo que le permitiría hacer un minibloque opositor en el seno del oficialismo y, de la misma manera que ocurrió con Felipe Sapag en su momento, hacerle la vida imposible al gobernador. Todo, mientras acumulaba masa crítica para intentarlo nuevamente en el 2015. Pero ese plan abortó cuando la Justicia le dio la razón a la Convención sapagista. Por eso, ahora en el entorno de Sapag se escucha decir: “el que gana se queda con todo”. Esta última posibilidad se vería potenciada en el caso de que el actual gobernador ganara por amplio margen (diez puntos o más). En ese escenario, lo más probable sería que Sapag intentara, inclusive, inventar un candidato a intendente de la capital. Sapag no confía en Brillo porque considera que ha navegado a dos aguas y es probable que opte por ungir a un hombre de confianza. De hecho, el escándalo que barrió con el subsecretario de Gobierno se llevó a uno de los expectables para ese objetivo. De paso, y a propósito de este affaire, conviene tomar nota de dos mecanismos hijos de la década del 90: impunidad y vendetta. El primero responde a la pregunta ‘Además de mal gusto, ¿qué tiene en la cabeza un funcionario que despliega en su despacho un sex-show?’. El segundo es simplemente un mensaje mafioso: ‘Sabemos todo de todos, y a los que se pasan de bando les sacamos el prontuario’. En el MPN cada uno sabe por qué cierra el pico. Algo más sobre la hipótesis del triunfo de Sapag: en ese sector están tan seguros de que si la gente va a votar gana, que sólo conciben una derrota en caso de fraude. Los últimos discursos de Sapag buscaron agitar ese fantasma. Hasta aquí algunas perspectivas de lo que puede pasar en el oficialismo según triunfe uno u otro candidato. Veamos ahora qué alternativas se podrían presentar para la oposición. En el frente que lidera Farizano han pasado de acariciar el triunfo de Sobisch como un escenario más propicio para ellos a bajar el discurso de que el MPN “es uno solo”, gane quien ganare la interna, y que para producir un cambio de fondo los partidos que están en el llano tienen que dejar de ser funcionales al modelo que ha estancado a la provincia. “Ser funcional” quiere decir “no especular con carguitos” y “estar dispuestos a construir una alternativa de poder en serio”. Estos asertos no son nuevos y en esta oportunidad llevan una velada crítica al pejota. Se afirma por lo bajo que el candidato del gobierno nacional es en realidad Sapag y que el peronismo le ha hecho perder a la coalición un tiempo irrecuperable en la carrera contra el MPN. Piensan que sólo si ganara Sobisch el encolumnamiento detrás de Farizano sería firme. En el caso contrario, si ganara el actual gobernador, sólo aspiran a que el cristinismo tenga un trato ecuánime con ambos candidatos, Farizano y Sapag. En esa hipótesis, ¿es posible que el pejota vaya con su propio candidato? Es muy probable (¿Nanci Parrilli, acaso?). Pero en el farizanismo dicen que su jefe mantendrá firme su consigna de unidad y pluralismo, la misma que –alegan– le ha permitido llegar hasta acá sin perder aliados en el gobierno municipal. Explican que ése es el “mayor capital político” de su jefe y que él está dispuesto a sostenerlo hasta las últimas consecuencias. ¿Y si aun así perdiera? En el cuartel general del intendente piensan que, de mínima, la oposición debe dejar sentada una basa de cara al 2015, “cuando Sobisch sea definitivamente el pasado y Sapag se tenga que retirar”.

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