El día que Oscar Alemán brilló para una familia roquense

El músico estuvo un par de días en la ciudad en 1965 junto a su esposa Maritere. Luego de actuar en el boliche Mogambo aceptó la invitación a cenar que le hizo un mozo del lugar y allí en la vivienda desplegó su arte. Recuerdos de una noche inolvidable con el considerado por muchos el mejor guitarrista de jazz de la historia.





-¿Cómo se llama la nena?, pregunta el interlocutor.
-Cecilia Liliana, le responden.
-¿Y la señora?
-Berta Luna… de Totti
-¡Bueno, para las dos mujeres entonces!.. dice el artista, y la magia de un tango comienza a fluir de la guitarra en exquisitas notas musicales que quedan registradas a duras penas con la tecnología de grabación del momento, un casete de color negro.

El músico que participa de la secuencia es Oscar Alemán, el escenario es un comedor pequeño de una vivienda en General Roca y el público que vivió esa noche especial estaba integrado por las dos mujeres mencionadas (madre e hija), Héctor y Raúl Totti (padre e hijo), Marta Delgado, Diego Dicón, José Delgado, Clorinda Bellegia y María Teresa Benito Barranco (Maritere), esposa de Alemán.

El breve diálogo y la interpretación musical que le siguió ocurrieron a mediados de la década del 60 en una casa que aún sigue en pie en la esquina de Maipú y Moreno en la ciudad.

Fue un encuentro casual, corto, pero la historia sumó condimentos que la alimentaron durante algún tiempo. Además de la grabación del tango interpretado por Alemán quedó de recuerdo una carta de puño y letra firmada por el artista y un par de fotos dedicadas y autografiadas que aún hoy son atesoradas por participantes de aquella jornada.

Uno de los obsequios que el músico envió a Roca, con una dedicatoria especial.

La misiva escrita por Alemán y fechada el 1 de septiembre de 1965 dice en su primera parte: “Querido o más bien dicho queridos amigos Totti y todos los familiares que nos alegraron esas pocas horitas que pasamos juntos en esa casa que no se puede olvidar porque tampoco nosotros estamos acostumbrados a tratar ni a encontrar gente tan gente, tan cariñosa, amable, educada, alegre, creanmé todo lo que se diga o escriba es poco…”

La llegada de Oscar Alemán a Roca se dio durante un tramo de su prolífica carrera artística en la que experimentó la falta de reconocimiento a su talento a nivel local. Fue en 1965 que el músico viajo a la ciudad valletana junto a su esposa Maritere para hacer un par de presentaciones nocturnas en Mogambo, una boite ubicada en calle 25 de Mayo casi Maipú, cerca de la estación del ferrocarril.

Otra foto dedicada del artista para la familia roquense.

En la primera noche de actuación de Alemán , Diego Dicón que oficiaba de mozo en Mogambo lo invitó a cenar junto a su familia y el músico y su mujer aceptaron el convite. Fue la oportunidad perfecta para escuchar desde un palco privilegiado -el living de la casa- a quien fue y es considerado por muchos el mejor guitarrista de jazz de la Argentina y del mundo.

A pesar del tiempo transcurrido desde aquella jornada, Berta Luna recuerda: “esa noche nos contó dónde había actuado, en qué países, nos habló de muchos lugares y después de cenar agarró la guitarra y nos tocó un tango y otros temas más”.

Una de las cartas que envió Oscar Alemán a la familia.

Uno de esos temas era El Perrito de Oscar, mientras que el tango interpretado por Alemán no se alcanza a distinguir en la grabación que quedó del momento cuál es su nombre.

“También tocó con la guitarra en la espalda, un espectáculo”, recordó Berta Luna. Ese rasgo de tocar con la guitarra en la espalda era muy característico de Alemán y formaba parte de su show arriba del escenario.

El casete que quedó de recuerdo de aquella noche del 65 fue motivo de charla en las distintas cartas que cruzó la familia con el músico. Escribe Alemán: “Me alegro muchísimo que gastara la cinta de tanto tocarla y también que estudie los acordes del malambo y las escalas, me parece bien, tiene que estudiar mucho para cuando nos encontremos, Dios quiera sea pronto en Gral. Roca o en Bs. As.”.

Finalmente el reencuentro nunca ocurrió, pero siguió habiendo durante un tiempo intercambio de misivas y obsequios, como surge de la carta de Alemán donde hace gala de su humor siempre presente: “Me olvidaba de agradecerle el magnífico cajón de vino, recién llegó esta mañana es maravilloso lo probé sin querer antes de escribir, perdón…”

Y hubo regalos que nunca llegaron a destino. Cuenta Berta Luna: “Maritere le prometió una muñeca a Cecilia y se la envió, pero nunca puso que era General Roca, Río Negro, y con el tiempo nos enteramos que el paquete fue a parar a General Roca en Córdoba, nunca la pudimos recuperar”.

Un músico que pasó de no saber tocar a brillar en escenarios de Europa

Para muchos no hay necesidad de presentar a Oscar Alemán, pero en este caso vale un pequeño resumen de su vida.

Oscar Alemán nació el 20 de febrero de 1909 en Resistencia, Chaco, en una vivienda muy pobre donde atravesó una dura infancia. El destino lo llevó a quedar abandonado a muy corta edad en Santos, Brasil.

Para sobrevivir vendió diarios y lustró zapatos y durante meses se alimentó de un pedazo de pan y una banana que un alma caritativa le entregaba a diario. Aprendió a tocar un cavaquinho que compró con sus ahorros y luego la guitarra con gran virtuosismo lo que lo llevó a integrar un dúo con el músico brasileño Bueno Lobo.

Luego vino el salto a Europa donde formó parte de varias orquestas, entre ellas la del trompetista belga Robert De Kers y la de la reconocida artista Josephine Baker, una gran diva de la época, que le abrió las puertas de París.

Expulsado por los alemanes regresó a Argentina donde durante varios años brilló por su habilidad musical inigualable y por su destreza en el escenario que le permitió cautivar al público y a reconocidos intérpretes de jazz a nivel mundial como Louis Armstrong y Duke Ellington.

Tras varios años de éxitos en Latinoamérica, Oscar Alemán termina olvidado por el mercado. Por un hecho fortuito recupera trascendencia y un fuerte protagonismo a partir de 1970. Finalmente fallece el 14 de octubre de 1980 en Buenos Aires, pero su legado se recuerda aún hoy.


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