El dólar volador

Redacción

Por Redacción

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner quisiera que por lo menos un miembro de su “equipo” económico encontrara la forma de inmovilizar, aunque sólo fuera por un rato, el dólar blue, pero ya se habrá dado cuenta de que ninguno está en condiciones de ayudarla. Según el exministro de Economía y actual vicepresidente Amado Boudou, el gobierno busca “soluciones heterodoxas”, o sea, mágicas, que le permitirían superar la crisis cambiaria sin tener que pagar los temidos “costos políticos” pero, como debería entender muy bien, sólo se trata de una expresión de deseos. Para impedir que el dólar blue siga subiendo sería necesario restaurar la confianza de todos en el manejo oficial de la economía, pero para lograrlo la presidenta tendría que echar a Guillermo Moreno, Axel Kicillof, Mercedes Marcó del Pont y Hernán Lorenzino, reemplazarlos por personas un tanto mejor preparadas y reconocer que el modelo que dice haber armado no puede funcionar en el mundo real. En vista de que no hay indicios de que Cristina esté dispuesta a admitir que, de resultas de las deficiencias de su propia gestión, el país está por hundirse en un pantano económico del cual le será sumamente difícil salir, es de prever que procurará “profundizar” o “radicalizar” el modelo, rezando para que no estalle todo en sus manos antes de celebrarse las elecciones legislativas en octubre. Mientras tanto, el dólar blue continuará alejándose del oficial, los empresarios se limitarán a mantenerse a flote, los inversores extranjeros huirán, el desempleo aumentará y el poder adquisitivo de los asalariados se reducirá día tras día. Como advirtió el jefe de la CGT oficialista, el metalúrgico Antonio Caló, están acercándose “tiempos difíciles”. Aunque exhortó a sus compañeros a “defender el modelo”, no puede sino entender que el esquema así calificado ha fracasado irremediablemente y que cualquier intento de perpetuarlo tendría consecuencias negativas para la mayoría de los habitantes del país, comenzando con los trabajadores. No se equivocan Boudou y otros que señalan que, merced al cepo, el mercado cambiario es pequeño, pero cometerían un error muy grave si creyeran que por tal motivo las vicisitudes del dólar blue carecen de importancia. La voluntad de quienes operan en las “cuevas” financieras de comprar dólares a diez pesos o más por unidad es síntoma de la incertidumbre que sienten virtualmente todos, incluyendo desde luego a los miembros del gobierno kirchnerista. De tratarse de un asunto insignificante, como pretenden los voceros oficiales, les sería fácil arreglárselas para que el dólar blue se tranquilizara, pero es evidente que no tienen la menor idea de cómo hacerlo. Si bien sería legítimo argüir que en la primera semana de mayo el valor real del peso fue muy superior a diez centavos estadounidenses, los tentados por el “dólar Messi” prevén que podría valer mucho menos en los próximos meses y que por lo tanto les convendría pagar un precio exagerado a fin de asegurarse contra futuras sorpresas desagradables. Detrás de la incertidumbre, para no hablar de la angustia, que ya es casi universal, está la resistencia del gobierno kirchnerista a hacer frente a la inflación. Cristina y sus dependientes no quieren arriesgarse tomando medidas “ortodoxas” que, por desgracia, siempre son antipáticas, pero hasta ahora los pensadores “heterodoxos” locales que les aportan ideas y consignas no han conseguido suministrarles los remedios indoloros que según ellos deberían aplicarse, acaso porque sólo existen en su propia imaginación. Ocurre que es maravillosamente fácil denunciar por crueles y, en el corto plazo, poco eficaces las medidas “ortodoxas” que emplean los dirigentes poco imaginativos de otros países para combatir la inflación, pero no lo es en absoluto formular, para entonces instrumentar, alternativas que no perjudiquen a nadie con la excepción de algunos especuladores. Parecería que Cristina se ha comprometido tanto con los planteos de polemistas contestatarios expertos en desacreditar las ideas ajenas, sin preocuparse por lo que sucedería en el caso de que les tocara intentar poner en práctica las suyas, que ya no podrá abandonar la fantasía “heterodoxa” estudiantil que adoptó hace casi cuarenta años aun cuando se haya dado cuenta de que su gestión está llevando el país a un nuevo desastre.


La presidenta Cristina Fernández de Kirchner quisiera que por lo menos un miembro de su “equipo” económico encontrara la forma de inmovilizar, aunque sólo fuera por un rato, el dólar blue, pero ya se habrá dado cuenta de que ninguno está en condiciones de ayudarla. Según el exministro de Economía y actual vicepresidente Amado Boudou, el gobierno busca “soluciones heterodoxas”, o sea, mágicas, que le permitirían superar la crisis cambiaria sin tener que pagar los temidos “costos políticos” pero, como debería entender muy bien, sólo se trata de una expresión de deseos. Para impedir que el dólar blue siga subiendo sería necesario restaurar la confianza de todos en el manejo oficial de la economía, pero para lograrlo la presidenta tendría que echar a Guillermo Moreno, Axel Kicillof, Mercedes Marcó del Pont y Hernán Lorenzino, reemplazarlos por personas un tanto mejor preparadas y reconocer que el modelo que dice haber armado no puede funcionar en el mundo real. En vista de que no hay indicios de que Cristina esté dispuesta a admitir que, de resultas de las deficiencias de su propia gestión, el país está por hundirse en un pantano económico del cual le será sumamente difícil salir, es de prever que procurará “profundizar” o “radicalizar” el modelo, rezando para que no estalle todo en sus manos antes de celebrarse las elecciones legislativas en octubre. Mientras tanto, el dólar blue continuará alejándose del oficial, los empresarios se limitarán a mantenerse a flote, los inversores extranjeros huirán, el desempleo aumentará y el poder adquisitivo de los asalariados se reducirá día tras día. Como advirtió el jefe de la CGT oficialista, el metalúrgico Antonio Caló, están acercándose “tiempos difíciles”. Aunque exhortó a sus compañeros a “defender el modelo”, no puede sino entender que el esquema así calificado ha fracasado irremediablemente y que cualquier intento de perpetuarlo tendría consecuencias negativas para la mayoría de los habitantes del país, comenzando con los trabajadores. No se equivocan Boudou y otros que señalan que, merced al cepo, el mercado cambiario es pequeño, pero cometerían un error muy grave si creyeran que por tal motivo las vicisitudes del dólar blue carecen de importancia. La voluntad de quienes operan en las “cuevas” financieras de comprar dólares a diez pesos o más por unidad es síntoma de la incertidumbre que sienten virtualmente todos, incluyendo desde luego a los miembros del gobierno kirchnerista. De tratarse de un asunto insignificante, como pretenden los voceros oficiales, les sería fácil arreglárselas para que el dólar blue se tranquilizara, pero es evidente que no tienen la menor idea de cómo hacerlo. Si bien sería legítimo argüir que en la primera semana de mayo el valor real del peso fue muy superior a diez centavos estadounidenses, los tentados por el “dólar Messi” prevén que podría valer mucho menos en los próximos meses y que por lo tanto les convendría pagar un precio exagerado a fin de asegurarse contra futuras sorpresas desagradables. Detrás de la incertidumbre, para no hablar de la angustia, que ya es casi universal, está la resistencia del gobierno kirchnerista a hacer frente a la inflación. Cristina y sus dependientes no quieren arriesgarse tomando medidas “ortodoxas” que, por desgracia, siempre son antipáticas, pero hasta ahora los pensadores “heterodoxos” locales que les aportan ideas y consignas no han conseguido suministrarles los remedios indoloros que según ellos deberían aplicarse, acaso porque sólo existen en su propia imaginación. Ocurre que es maravillosamente fácil denunciar por crueles y, en el corto plazo, poco eficaces las medidas “ortodoxas” que emplean los dirigentes poco imaginativos de otros países para combatir la inflación, pero no lo es en absoluto formular, para entonces instrumentar, alternativas que no perjudiquen a nadie con la excepción de algunos especuladores. Parecería que Cristina se ha comprometido tanto con los planteos de polemistas contestatarios expertos en desacreditar las ideas ajenas, sin preocuparse por lo que sucedería en el caso de que les tocara intentar poner en práctica las suyas, que ya no podrá abandonar la fantasía “heterodoxa” estudiantil que adoptó hace casi cuarenta años aun cuando se haya dado cuenta de que su gestión está llevando el país a un nuevo desastre.

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