El Gran Gatsby

Baz Luhrmann asume un enorme riesgo. Trasladar al cine el clásico de F. Scott Fitzgerald. ¿Una misión imposible?

Por Redacción

No hay empresa más difícil y frustrante que trasladar al cine aquello que es inmejorable en papel. Excepto por las casi calcadas versiones de los tres tomos de “El señor de los anillos”, que supo traducir con obsesión, enorme presupuesto y talento Peter Jackson, basándose en los libros de J. R. R. Tolkien, el cine no siempre es el mejor amigo de la literatura clásica. O más bien, lo es sólo en contadas ocasiones. Ahí está la lograda “Desayuno en Tiffany’s”, inspirada en el maravilloso libro de Truman Capote. Audrey Hepburn se volvió inolvidable en el papel de Holly Golightly. Pero no. Nada tiene que ver la elegante Hepburn con la texana malarriada que describe Capote en su pequeña novela. Y ahí está también “Expiación”. El libro es quizás la mejor novela que haya escrito el inglés Ian McEwan en su prolífica carrera. Y su versión cinematográfica es bastante fiel al texto. Pero tampoco alcanza. Casi siempre ocurre lo mismo: aquello que fue pensado para ser leído entre las páginas de un libro pierde su poesía, echa por tierra la imaginación del lector y lo traduce, salvo honrosas excepciones, a una versión simplificada y prelavada para la pantalla grande. O en algo completamente distinto a lo que el autor escribió. Hay una vieja regla que dice que “de un mal libro sale una buena película y viceversa”. ¿Se cumplirá otra vez? El desafío de romper con esta premisa lo tomó el australiano Baz Luhrmann que mostrará al mundo su propia lectura de “El gran Gatsby”, “la” novela de Francis Scott Fitzgerald, la que describió como pocos la decadencia moral de los Estados Unidos de los años 20; la prosperidad arrogante de los nuevos ricos; el vacío existencial en el que se movían esos personajes llevados de las narices por el ansia de aparentar; la hipocresía infinita. Baz Luhrmann intentará romper con el maleficio a lo grande. Aunque el filme no ha recibido las mejores críticas de aquellos que la vieron antes del estreno mundial , parece ser una película con el sello del director australiano: desmesurada, colorida, en 3 D y, tal como lo hizo ya en “Moulin Rouge” , con música anacrónica para los filmes de época: los invitados de Gatsby bailan al ritmo de Jay Z, Florence+The Machine, Fergie o Nero. “He escrito la mejor novela de los Estados Unidos de América”, le dijo F. Scott Fitzgerald a su editor en 1925, cuando terminó la novela. Y por arrogante que parezca, no se equivocó. Su creación fue celebrada en aquel momento por autores como T. S. Eliot, Edith Wharton o Gertrude Stein. Y mucho después, Harold Bloom la elogió: “El gran Gatsby tiene pocos rivales como la gran novela americana del siglo XX. Al volver a leerla, una vez más, mi inicial y primera reacción es de renovado placer”. ¿Qué tiene Gatsby para que cuatro directores de cine hayan puesto los ojos en este libro (ver aparte) y uno se haya animado a fracasar a los grande en tevé? Tiene casi todo. En sus pocas páginas y en sus escasos diálogos, hay un mundo narrado. Todo un mundo que parece querer alzarse hasta la cúspide del sueño americano, pero que termina trágicamente derrumbado en la realidad. Y lo que parece una ligera crónica sobre el desenfado y la frivolidad de los años 20 se convierte en una amarga historia de deseos convertidos en polvo. Sus personajes buscan aparentar lo que no son; quieren pertenecer al privilegiado mundo de los ricos, son traidores traicionados. Y es en ese retrato donde se ve la agudeza del escritor que supo no sólo contar lo que ocurría en su época sino también rascar el decorado para descubrir el cartón pintado que había detrás. “Creo que todo el mundo, de cierta manera, se reconoce en Gatsby”, dijo Leonardo Di Caprio, el actor elegido para el papel principal, en la presentación que se realizó la semana pasada. “Es un personaje que se construye a sí mismo con su imaginación y sus sueños, se extrae de su propia juventud miserable en el Medio Oeste para crear esta imagen del gran Gatsby. En cierto sentido, es una historia profundamente estadounidense”, agregó. Lurhmann empezó a soñar con este proyecto en 2008. Y parece que la devoción por Fitzgerald era tal que hasta se mudó a Nueva York para poder adaptarse a la ciudad en la que está ambientada la novela de 1925. Pero al final, desistió de la empresa y filmó la película en su Australia natal. Di Caprio fue el elegido para el papel principal, un traje que le calza a medida. Para componer a Daisy, fue elegida la bella Carey Mulligan (“Una enseñanza”). En un principio, la elegida había sido Scarlett Johansson, pero su compromiso con Cameron Crowe para rodar “We Bought a Zoo” terminó por apartarla del proyecto. Mulligan, entonces, interpreta a la mujer de Tom Buchanan (Joel Edgerton) y prima de Nick Carraway, el personaje del ex “Hombre araña”, Tobey Maguire. La trama es conocida. El desafío no. Esta será la cuarta vez que una de las mejores novelas de todos los tiempos llegue a la pantalla grande. Será la chance de Lurhmann de convertir su película en la excepción a la vieja y remanida regla.

Verónica Bonacchi vbonacchi@rionegro.com.ar


Exit mobile version