El lenguaje y el caos



Alejandro A. Bevaqua *


Un hecho no es verdadero o falso, simplemente es real (v.g.: la pandemia que nos azota) o imaginario (por ej.: La guerra de los mundos, inolvidable obra de H. G. Wells).

Lo verdadero o falso es qué y cómo se dice lo que se expresa sobre el evento y, a partir de allí, cómo se lo interpreta y cómo se reacciona ante el mismo; de este razonamiento se desprende la capital importancia del lenguaje, que puede contribuir a la comprensión de los eventos o a generar un status caótico.

Una forma de expresión ajustada, precisa, acorde al lenguaje científico y no sujeta a libres interpretaciones contribuye a minimizar el caos imperante, por ejemplo, durante una pandemia. El lenguaje hace entonces, sin duda, al buen periodismo oral o escrito, pero mucho más a este último por el tiempo de reflexión y revisión de lo plasmado en el papel que necesariamente ha de acompañarlo.

Una forma de expresión ajustada, precisa, acorde al lenguaje científico y no sujeta a libres interpretaciones contribuye a minimizar el caos imperante

Así, cuando se menciona en los medios de comunicación el número de personas afectadas por Covid-19 que registra, por ejemplo, la República Argentina, se hace referencia a casos detectados y no a total de casos, ya que este dato se ignora toda vez que hay personas asintomáticas que no concurren al sistema de salud para su asistencia, precisamente por no presentar trastornos, y otros pacientes sintomáticos, posible o probablemente infectados por el Covid-19, cuya condición se ignora por falta de testeo bioquímico; así, solo puede precisarse el número de pacientes que, sospechosos de infección por Covid-19, son sometidos a testeo bioquímico y éste resulta positivo.

Cuando se hace referencia a x número de fallecidos por infección por coronavirus, la información resulta no solo incompleta sino, además, sujeta a interpretación variada; nuevamente, una forma de expresión que contribuye al caos.

Una persona fallece por diversas causas; no podemos aseverar, en todos los casos, que la muerte de un individuo -aun efectivamente afectado en el marco de la pandemia- haya sido por efecto de la infección por coronavirus. El óbito puede producirse por complicaciones desencadenadas por una infección -sea por Covid-19 o por un neumococo que generó una complicación respiratoria- en un paciente con comorbilidades previas; en suma, puede una persona fallecer a causa de infección por coronavirus o con una infección por coronavirus, sin que esta sea la causa final del deceso. La certeza absoluta solo la brindará la autopsia, procedimiento científico al que debiera someterse toda persona fallecida en el marco de esta pandemia si resultara sospechosa de haber sido infectada por el coronavirus, estando corroborada esa infección o no por el laboratorio.

La ciencia, su método, es la única forma de avance real contra los azotes que agobian a la humanidad. La difusión de sus resultados, así como la información general brindada a la población, no pueden escapar a la lógica del lenguaje estricto, sin ambigüedades; lo contrario solo contribuye a generar más caos.

* Médico, especialista jerarquizado en Medicina Legal, MP: 220167


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