El libro que revela a Murakami

Se editó en el país “El elefante desaparece”.

Por Redacción

Literatura

En su nuevo libro, “El elefante desaparece”, el escritor japonés Haruki Murakami ofrece un puñado de relatos misteriosos, melancólicos y fantásticos -una marca ya registrada de su profusa bibliografía-, con personajes y elementos que prefiguran y permiten adivinar la génesis de algunas de sus novelas más reconocidas.

Es que los lectores de habla hispana fanáticos del escritor -cuya imaginería en nada se asocia con elementos tradicionales del Japón, como kimonos, tofu o Kabuki- saben perfectamente que fueron recibiendo las ediciones de los libros de Murakami en un orden cronológico exactamente inverso a cómo se publicaron en Tokio.

Por eso es que recién ahora, con el desembarco en librerías argentinas de ”El elefante desaparece” (Tusquets), el lector se encontrará por ejemplo con el bello y melancólico relato “El pájaro que da cuerda y las mujeres del martes”, donde un gato perdido, un hombre desempleado, un jardín con un pájaro de piedra y una misteriosa chica dan volumen al cuento de enrarecida atmósfera.

El autor de “Sputnik, mi amor” (2002), “Tokio blues (Norwegian Wood)” (2005) y “Kafka en la orilla”, en 2006, entre otros títulos, permite adivinar -en este conjunto de cuentos- los bosquejos, los bocetos, que luego tomarían protagonismo en sus novelas, siempre en un marco de extrañamiento, anclados en una difusa línea entre realidad y ficción

Murakami (Kioto, 1949), con su gran pericia narrativa, enhebra una secuencia de situaciones casi siempre a punto de caer en el abismo de lo inverosímil, pero también contenidas en el contexto de la realidad, como un hombre obsesionado con la desaparición de un elefante en un zoológico, un enano que baila o un pirómano confeso.

En nuevo ataque a la panadería, un hombre casado confiesa a su mujer que de joven, con un amigo, entraron a robar una panadería y a mitad del asalto, el dueño que era un melónamo, prometió regalarles todo el pan que quisieran a cambio de escuchar, de principio a fin, un disco completo de Wagner. Aquel hecho, percibido como una maldición, provoca que a mitad de la noche, el matrimonio decida asaltar un McDonald’s a mitad de la noche.

El autor se vuelve experimental y propone estructuras lúdicas en “El comunicado del canguro”, mientras que apela a un guiño poético y se pone algo emotivo en “Sobre el encuentro con una chica cien por cien perfecta en una soleada mañana del mes de abril”.

“Lederhosen”, unos pantalones cortos de cuero, típicos de la zona de los Alpes, adquieren un protagonismo inusitado en el cuento homónimo, mientras que en “El pequeño monstruo verde” Murakami se zambulle de lleno en la fantasía para retratar a un personaje monstruoso y verde, tal como indica su título, que sabe leer los pensamientos y que pretende cortejar a una mujer casada que se encuentra sola en su casa.

“Para mí escribir novelas es un reto y escribir cuentos es un placer”, dijo alguna vez este escritor que antes de ganarse la vida con la literatura regenteó un club de jazz durante varios años.

Poco amigo de brindar entrevistas y de dejarse fotografiar, Murakami llegó a decir alguna vez públicamente: “Soy demasiado japonés para estimar desde fuera cuán japonés soy. Me encanta el tofu, la música de Radiohead, mi chaqueta de Comme des Garcons, leo a García Márquez y, al mismo tiempo, soy un escritor japonés. Auténtico o no, eso ya no lo sé. Pero escribo seria y sinceramente”.

Mercedes ezquiaga

Télam


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