El maestro ha vuelto

Por Redacción

Le preguntan a Piglia qué imagen tiene de sí como escritor. Ninguna, responde, reacio. El periodista repregunta: ¿Cómo ninguna? Entonces Piglia dice que hay que escapar del “museo de cera al que son conducidos los escritores”, que la literatura permite zafar de esos lugares, que “siempre se puede escribir otro libro”.

En este mes está llegando el tercer y último tomo de “Los diarios de Emilio Renzi”. Tiene por título “Un día en la vida” y es la culminación de una serie admirable de escritos pretextados como diarios en los que alterna ficción, comentarios de la cotidianeidad y profundas reflexiones sobre escribir, leer y crear. El maestro está de vuelta; gloria eterna a la literatura.

Cómo empezaron a ser escritos estos diarios es ya leyenda. Como una huida, un refugio, una lucha contra el vacío. Era 1957. Ricardo Piglia tenía 16 años y la familia abandonaba Adrogué por razones de peronismo paterno y dictadura y se radicaba en Mar del Plata. En cuadernos marca Triunfo y otros de tapa negra marca Congreso, y “en medio de la desbandada”, comienza un registro minucioso de cincuenta años que constituirá la obra más personal y, por eso, más política de Piglia (bastaría elaborar un índice onomástico de personas, lugares, libros y películas que menciona para reconstruir la atmósfera que incubó ese talento).

Entre Emilio Renzi y Ricardo Piglia, entre la crónica y el ensayo y la memorabilia, temprano el escritor de esos diarios ya sabe que quiere ser escritor. Escribir será su forma de vida, hasta el último aliento, literalmente. Piglia va a escribir pero también va a interrogar y a pensar la literatura.

Qué cosa es eso que se llama literatura. En “Conversación en Princeton”, la universidad de la que se jubiló como profesor Emérito, bromea sobre la muerte de la literatura. “Esta sociedad, dice, no inventaría la literatura si no la hubiera encontrado hecha. No se le hubiera ocurrido a la sociedad capitalista inventar una práctica tan privada, tan improductiva desde el punto de vista social, tan difícil de valorar desde el punto de vista económico”. Y habla de alguien que desde su casa, con un bloc de papel y un lápiz realiza una práctica casi invisible que puede sin embargo enloquecer a la gente. Si no, que lo digan Alonso Quijano y Emma Bovary…

Piglia, lúcido lector, ha fijado imágenes inolvidables de lectores reales como Borges y Kafka, e imaginarios como Anna Karenina y Hamlet, pero además ha podido rastrear, como buen detective que era, las lecturas del Che Guevara, de quien nos deja “una foto extraordinaria”. Es en Bolivia, Guevara está “subido a un árbol, leyendo, en medio de la desolación y la experiencia terrible de la guerrilla perseguida”. La lectura y las condiciones materiales en que se lee.

Atrapado en su propio cuerpo por la enfermedad, dicen que escribía “con los ojos”, una proeza sólo digna de él, un tipo amable y vital, que se tomó con humor los estragos que sufría –“ando un poco embromado”, decía– y que dejó en manos de tres mujeres la publicación de varias obras que supervisó hasta el final. Luisa Fernández y Patricia Somoza, junto a Beba Eguía, “la lectora de mi vida”, su mujer, son las responsables de la edición del tercer tomo de “Los diarios de Emilio Renzi” y “Por un relato futuro. Conversaciones con Juan José Saer”, que aparecerán este año. También de publicaciones próximas como “Los casos del comisario Croce” y de un volumen que reunirá todos sus cuentos.

El Piglia profesor que se popularizó con el ciclo dedicado a Borges en la televisión pública estará con sus clases emitidas por ese canal en 2012 en el libro “Escenas de la novela argentina”, con comentarios del autor. Quedan en espera otros títulos: viajes, prólogos, ensayos. Queda un cúmulo colosal de material inédito, archivos, fichas, documentos y cuadernos que sus lectores seguiremos esperando con el entusiasmo inagotable que él nos enseñó.

Quedan, entre páginas y páginas que no ha dejado de escribir ni aun ausente, estas líneas: “Todas las historias del mundo se tejen con la trama de nuestra propia vida. Lejanas, oscuras, son mundos paralelos, vidas posibles, laboratorios donde se experimenta con las pasiones personales. Los relatos nos enfrentan con la incomprensión y con el carácter inexorable del fin pero también con la felicidad y con la luz pura de la forma” (Formas Breves, 1999).

Entre Emilio Renzi y Ricardo Piglia,

entre la crónica y el ensayo y la memorabilia, temprano el escritor de esos diarios ya sabe que quiere ser escritor.

Datos

Entre Emilio Renzi y Ricardo Piglia,
entre la crónica y el ensayo y la memorabilia, temprano el escritor de esos diarios ya sabe que quiere ser escritor.

Exit mobile version