“El monumento, testigo de la historia neuquina”
Un 12 de septiembre de 1954 se inauguraba en Neuquén el monumento al “padre de la patria”, el general José de San Martín. Sabido es –aunque siempre es bueno recordarlo– que la construcción del monumento estuvo a cargo de la empresa italiana Falcone, cuyo desembarco en 1950 se debió a la construcción del edificio del Comando, sito en la avenida Argentina. Con Falcone arribó, entre otros, el ingeniero Luis Alonso, artífice del monumento al prócer. La efigie, realizada en bronce, fue traída en ferrocarril desde Buenos Aires. “Su cola es maciza para equilibrar el peso en la altura”, nos relató don Camilo Raffy, quien luchó desde siempre por la preservación de su estado. La estatua fue depositada en la Casa de Gobierno, en la carpintería que otrora ocupaba la esquina de Belgrano y Jujuy. Cuando llegó el momento de cargarla en el carro para trasladarla a su lugar de emplazamiento, tuvieron que sacar el dintel del portón donde estaba guardada, ya que no pasaba por el marco. En el lugar destinado, frente al Palacio Municipal, se hallaba la pirámide fundacional, razón por la cual debieron trasladarla unos metros hacia el norte. En aquel entonces, el monumento era circundado por calles de tierra que hacían más altiva la figura del libertador de América. Todo lo narrado hasta aquí es historia; hoy, felizmente inauguramos la iluminación y los detalles de agua para su protección. Tengo las esperanzas –que supongo compartir con todos los neuquinos– de que la flamante obra sea cuidada y preservada, que la exaltación de las pasiones políticas o futbolísticas no nos haga perder la cordura. Pensemos que allí está la representación de un prohombre que, sin medir distancias ni clases sociales ni nacionalidad, lo arriesgó todo en pos de ideales tan nobles como perpetuos. En tal sentido, recordémoslo con la siguiente frase de su autoría: “Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave”. Beatriz Carolina Chávez DNI 6.251.256 Neuquén
Un 12 de septiembre de 1954 se inauguraba en Neuquén el monumento al “padre de la patria”, el general José de San Martín. Sabido es –aunque siempre es bueno recordarlo– que la construcción del monumento estuvo a cargo de la empresa italiana Falcone, cuyo desembarco en 1950 se debió a la construcción del edificio del Comando, sito en la avenida Argentina. Con Falcone arribó, entre otros, el ingeniero Luis Alonso, artífice del monumento al prócer. La efigie, realizada en bronce, fue traída en ferrocarril desde Buenos Aires. “Su cola es maciza para equilibrar el peso en la altura”, nos relató don Camilo Raffy, quien luchó desde siempre por la preservación de su estado. La estatua fue depositada en la Casa de Gobierno, en la carpintería que otrora ocupaba la esquina de Belgrano y Jujuy. Cuando llegó el momento de cargarla en el carro para trasladarla a su lugar de emplazamiento, tuvieron que sacar el dintel del portón donde estaba guardada, ya que no pasaba por el marco. En el lugar destinado, frente al Palacio Municipal, se hallaba la pirámide fundacional, razón por la cual debieron trasladarla unos metros hacia el norte. En aquel entonces, el monumento era circundado por calles de tierra que hacían más altiva la figura del libertador de América. Todo lo narrado hasta aquí es historia; hoy, felizmente inauguramos la iluminación y los detalles de agua para su protección. Tengo las esperanzas –que supongo compartir con todos los neuquinos– de que la flamante obra sea cuidada y preservada, que la exaltación de las pasiones políticas o futbolísticas no nos haga perder la cordura. Pensemos que allí está la representación de un prohombre que, sin medir distancias ni clases sociales ni nacionalidad, lo arriesgó todo en pos de ideales tan nobles como perpetuos. En tal sentido, recordémoslo con la siguiente frase de su autoría: “Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave”. Beatriz Carolina Chávez DNI 6.251.256 Neuquén
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