El padre de Sofía confesó todo y recibiría perpetua

Hasta su defensor estuvo de acuerdo con que reciba la pena máxima. A puertas cerradas admitió haber violado y matado a su propia hija, de 3 años.

Por Redacción

ROCA (AR).- La investigación del horrendo crimen de Sofía Juárez, la chiquita de 3 años que fue violada y asesinada en Chimpay en mayo del año pasado, llegó a su fin. Ayer, en la Cámara Criminal Nº 2 de Roca, se desarrolló la audiencia del juicio oral contra Carlos Antonio Juárez, el padre de la víctima, confeso autor de los hechos.

A puertas cerradas, el hombre admitió ante el tribunal que sometió sexualmente y luego degolló a su propia hija en la madrugada del 21 de mayo, horas después de sacar a la nena de su casa supuestamente con la intención de salir a pasear, como lo hacían habitualmente. Su confesión bastó para desistir de casi todos los testigos citados para la jornada y para perfilar el caso hacia una condena segura a la pena de prisión perpetua para Juárez.

«Es algo que debo pagar, me tengo que hacer cargo», dijo él.

Los resultados de las pericias, las testimoniales y la prueba documental quedaron incorporadas al debate por lectura y sólo se oyó el relato de la mamá de Sofía, Ana Lía Palazzolo. La joven mujer, quien tras el crimen regresó a vivir a Tucumán, de donde es oriunda, pidió la condena máxima para Juárez y relató pausadamente la sucesión de hechos de aquellas dramáticas jornadas. «Él venía a Río Negro para trabajar en la temporada y en marzo de 2008 dijo que iba a hacerse cargo de mí y de Sofía. Creí en su promesa de formar una familia y nos vinimos a Chimpay», relató. Ya instalados en la localidad comenzaron los episodios de violencia por parte de Juárez. «Me tenía encerrada bajo llave y decía que no podía salir porque sino lo iba a denunciar por el maltrato verbal y físico. Varias veces me pegó, pero a la nena nunca la tocó. Pero ese día (cuando Juárez salió con su hijita) no me pegó ni me trató mal; al contrario, ese día por primera vez me dijo que si me quería separar de él lo iba a aceptar», declaró la joven.

«Él se fue de la casa con Sofía a las 19:15. No me pareció nada anormal, porque siempre la llevaba a la plaza o a los videos y nunca demoraban más de una hora. Sofía se fue contenta y él aparentemente estaba tranquilo, de buen humor. Pero cuando volvió, a las 3:40 de la madrugada, estaba vestido distinto, estaba raro y tenía olor a marihuana», describió Palazzolo. «Dijo que venía de Belisle, que había estado en la casa de un amigo, que la había dejado a Sofía durmiendo ahí porque llovía y hacía mucho frío -continuó relatando- y después dijo que a la vuelta se había encontrado con la policía, que se escondió en el monte y que las espinas le habían roto la ropa».

Después de ese diálogo, según el testimonio de Palazzolo, llegó el desconcierto absoluto: Juárez se encerró en la casa, dejó una foto de Sofía con una nota contando lo que había hecho con su hija e intentó suicidarse clavándose un cuchillo en el cuello.

Pastillas, pegamento y marihuana eran las sustancias que Juárez consumía a menudo. De hecho él mismo confesó ante los jueces que la noche que violó y mató a su hija estaba bajo los efectos de una mezcla de alcohol y estupefacientes. Su infancia como «chico de la calle», sus «trastornos de personalidad» y «una vida entera de drogadicción» fueron, para el fiscal Edgardo Rodríguez Trejo, los elementos que completaron el perfil psicológico de Juárez.

Los forenses determinaron que Sofía fue violada antes de morir, por lo que tanto el fiscal como el propio defensor acordaron encuadrar la acusación en el artículo 124 del Código Penal: violación seguida de muerte. El delito se agrava por el vínculo filial entre Juárez y su hija, llevando la pena a la máxima legal, la prisión perpetua.

«La existencia material de los hechos está probada, igual que la autoría de Juárez. Vista su confesión lisa y llama, es más que suficiente para una condena». Las palabras pertenecen al defensor Gastón Martín, quien por pedido de Juárez no intentó atenuar las imputaciones. «No veo que la defensa tenga ninguna otra opción posible más que coincidir con la figura penal indicada por el fiscal y aceptar la prisión perpetua», finalizó.


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