“El Padre Nuestro y la deuda externa”
Nací en diciembre de 1961, cuando los argentinos teníamos un presidente democrático, el Dr. Arturo Frondizi, Argentina hacía 5 años que había ingresado al Fondo Monetario Internacional y la deuda externa era de 1.700 millones de dólares. Cuando cumplí cuatro años inicié mi educación formal en la religión católica y la primera oración que aprendí fue “El Padre Nuestro”, que en su texto original según el Evangelio de Mateo –capítulo 6– expresaba: “…y perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (texto del “Misal Diario para América”, VII edición, año 1961, pág. 446. Editorial Guadalupe, Buenos Aires). En 1964 la deuda externa era de 600 millones de dólares. El perdón cristiano al deudor se deduce del mandamiento fundamental de “amar al prójimo”, que Jesús predicó contra el derecho romano vigente de la época que le permitía al acreedor cobrarse la deuda con el cuerpo del deudor. Para Jesús la integridad de la persona era un valor superior a cualquier deuda material. La religión cristiana educa mediante mandatos imperativos de conciencia: no pecarás, amarás al prójimo, perdonarás a tus deudores, entre otras. Éstos se constituyeron a lo largo de la historia en valores morales universales para millones de personas. En la década del 70 el FMI impulsó su política financiera para endeudar a los países en vías de desarrollo, la Argentina entre ellos, mediante préstamos provenientes de los petrodólares. En 1975 la deuda externa era de 7.800 millones de dólares. Hacia principios de 1980 la deuda externa era de 35.700 millones de dólares y se tornaba impagable para la economía nacional. El pago de los intereses significó ajustes, desocupación, someter a la miseria a millones de habitantes, mayoritariamente cristianos, violando los valores cristianos de respetar al prójimo y perdonar al deudor. El mandamiento cristiano del Padre Nuestro se transformó para el FMI en una proclama subversiva. Resultaba escandaloso que en la Iglesia donde participaban dictadores/funcionarios del país deudor, autoridades del FMI y ciudadanos pobres y/o marginados, todos juntos rezaran el Padre Nuestro y dijeran “…perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores…” Este dilema de conciencia fue resuelto por la cúpula de la Iglesia Católica a favor de los intereses del FMI y para ello reemplazó la palabra “deuda” por “ofensa” y la antigua oración del Padre Nuestro se transformó en “…perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. Primero en la versión de la oración en la República Argentina y luego en la versión de la oración para toda Latinoamérica. Para no dejar márgenes de dudas, el “Catecismo de la Iglesia Católica” (Conferencia Episcopal Argentina Ed. Edidea, Madrid, 1993) en la página 559, números 2.240, 2.265, explica lo siguiente: “La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente al pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto, la defensa del país: ‘Dad a cada cual lo que se le debe, al que impuestos, impuestos, a quien tributo, tributo, a quien respeto, respeto, a quien honor, honor’”. El cristianismo mantiene relaciones con el capitalismo desde su nacimiento, pero en el caso de nuestros países esta convivencia ha resultado trágica y patética. Los cristianos, no cristianos y ateos debemos lograr cambiar la historia para hacer valer el derecho humano universal de amor al prójimo y no permitir que el pago de los intereses usureros de la deuda externa condene a millones de hombres, mujeres y niños. Debemos terminar con esta innoble situación prerromana de permitir que una deuda mal contraída se pague con el cuerpo de sus víctimas. Edgardo Roberto Arca, DNI 12.820.329 Cinco Saltos
Edgardo Roberto Arca, DNI 12.820.329 Cinco Saltos
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