El paso a paso del rescate del fósil de ballena más completo de la Patagonia

Se trata de los restos fósiles de un animal que vivió hace 10 millones de años. Investigadores del Centro Nacional Patagónico del Conicet contaron en línea  cómo fue el hallazgo y el rescate




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 "El fósil  tuvo que ser extraído y cargado en lanchas que ingresaron al sitio con la marea alta, para luego ser transportados por agua hacía la playa más cercana donde pudieron acceder las camionetas del equipo"

"El fósil tuvo que ser extraído y cargado en lanchas que ingresaron al sitio con la marea alta, para luego ser transportados por agua hacía la playa más cercana donde pudieron acceder las camionetas del equipo"

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" El rescate del fósil de ballena fue realizado por un equipo integrado por científicas y científicos especialistas en paleontología y geología, técnicos en paleontología, personal técnico con experiencia en náutica y campañas científicas, estudiantes y guardafaunas"

" El rescate del fósil de ballena fue realizado por un equipo integrado por científicas y científicos especialistas en paleontología y geología, técnicos en paleontología, personal técnico con experiencia en náutica y campañas científicas, estudiantes y guardafaunas"

Cinematográfico. Así fue el rescate del fósil de ballena que se produjo en la Península Valdés, Chubut. Ese hallazgo cobró importancia mundial porque es el primero de estos animales que se encontró con su esqueleto completo, como cuando estaba en vida. Es el fósil de un cetáceo más antiguo en la Patagonia.

Por la antigüedad, se puso especial énfasis en recuperarlo intacto. “Era vital que la recuperación fuera perfecta porque generalmente se encuentran huesos aislados, o el cráneo sólo, y tenemos que evaluar cómo sería el resto. Con este ejemplar no será necesario. Es la primera ballena completa y articulada que se encuentra a nivel mundial” contó, con orgullo, la paleontóloga Mónica Buono.

El operativo para trasladar los 1.200 kilos de historia desde la playa hasta la sede del Centro Nacional Patagónico (Cenpat) requirió de la pericia de investigadores y técnicos. Incluso, como en el cine, para que todo fuera perfecto hubo que elegir el día y horario ideales para la escena clave, que fue la del traslado de los huesos removidos, que se llevaron a tierra por mar a través de dos embarcaciones.

“Parecía una película. Después, festejamos todos. Buscamos un día en que la marea estuviera alta cerca del mediodía, para que hubiera mucha luz. Y que no hubiera viento”, recordó Ricardo “Bebote” Vera, un buzo que integró el equipo. Es que todos los que participaron contaron la experiencia en un conversatorio que se transmitió en vivo por la página de Facebook de la entidad, que depende del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

Todo empezó cuando un guardaparque informó acerca de la posible existencia del animal. “Estábamos en las playas de Punta Buenos Aires, el accidente geográfico que marca el límite, en la Península Valdés, entre el Golfo San José (Chubut) y el Golfo San Matías (Río Negro). Realizamos un trabajo allí y tras ese dato lo constatamos”, dijo Buono.

Tiempo después, comenzaron las tareas en el lugar, que permitieron revelar la importancia del hallazgo. El geólogo José Cuitiño informó que “la columna sedimentaria donde se encontró la ballena es una ventana para mirar al pasado. Data de hace 10 millones de años cuando la actual Patagonia emergida estaba ocupada por el mar. Esto permite interpretar las condiciones ambientales que existían por entonces”.

Cuando los investigadores comenzaron a excavar se realizó un mapa del sitio para ver cómo estaban ordenados y dispuestos los huesos. Los restos se contornearon y se realizó una grilla con estacas y sogas, que después permitió determinar en cuántas partes convenía realizar la extracción. Allí se reveló el dato más significativo del hallazgo: el esqueleto estaba completo.

Lo que siguió fue un trabajo minucioso. Cada hueso extraído se cubrió con papel higiénico levemente húmedo, para que después pudiera ser recuperado sin problemas. Ocurre que, dividido en dos partes, con el fósil se formaron “bochones”, que son grandes envoltorios de vendas cubiertas de yeso que crean una capa protectora para que los restos no se rompan durante el traslado. En el laboratorio, cada bochón se rompe, y el tratamiento con papel permite que cada pieza se desprenda intacta.

Al concluir estos pasos todos se miraron: tenían, en dos bochones de 600 kg cada uno, un total de 1200 kilos de un patrimonio único. ¿Cómo llevar, ahora, ese material al Cenpat? “Por agua” decidieron. Y comenzó otra instancia crucial. “Tuvimos que elegir el tipo de naves adecuadas. Optamos por botes, pero antes hubo que asegurarse de que no fueran a dañarse por algunos salientes de los envoltorios, y que toleraran el peso”, rememoró Vera.

Un trípode gigante se utilizó para levantar los bochones y acercarlos hasta la orilla. Ahora los restos fósiles se encuentran en el centro de investigación en Puerto Madryn, y su estudio permitirá conocer muchos aspectos del pasado de las ballenas. “Ya sabemos que es del grupo de los balénidos, al que pertenecen las ballenas francas, que son las que con más frecuencia avistamos en esta zona. Eso se determina mediante el análisis de su cráneo y oído”, apuntó la doctora Buono.

Además, en breve estudiarán en qué rangos de audición podían escuchar, reconstruir estructuras blandas en base a las marcas de sus huesos e indagar cómo se alimentaban hace 10 millones de años, para seguir descubriendo cómo fue su evolución. “Las ballenas pasaron del ambiente terrestre al acuático. Es larga su historia”, aseguró la experta. El destino final del fósil será, seguramente, su exhibición en algún museo o institución pública. “Esa decisión no depende de nuestro laboratorio. Pero, por la relevancia que tiene, seguramente se lo exhibirá”.


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